Playas


Mapa carreteras Guayaquil > Salinas/Playas

Mapa carreteras Guayaquil > Salinas/Playas

Nos vamos a la costa playera por la carretera de dos carriles en cada sentido e-40, vía Chongón; el destino es la población de Playas, oficialmente General Villamil, a unos 96 km. de Guayaquil o, mejor dicho, a dos o tres horas; en el país las distancias se siguen midiendo en horas y no en km. a pesar de las innumerables carreteras nuevas construidas o reconstruidas. A lo largo del blog se verá esta afirmación. Playas tiene 34.500 habitantes pero, en época veraniega (enero-abril), es zona de balneario para una clase media, triplicando su población en fechas festivas.

En uno de los peajes los vendedores de chuches, fritangas y periódicos hacen su agosto: las colas que se forman son propicias para todo tipo de comerciantes informales y legales. Una vez en Playas, que me recuerda tanto a una ciudad como Lloret de Mar o cualquier otra de la costa valenciana, adquiero artículos básicos como toalla, protector solar (llamados aquí “bloqueadores”), etc. Luego nos acercamos a la casa del tío de Adriana, Félix, con quien tenía ganas de charlar, sobre todo tras enterarme de su infarto de corazón hacer un tiempo.

Félix, como muchas miles de guayaquileños, invirtieron en comprar suelo en Playas y tener, con el tiempo, una casa. Se comprende: es una zona tranquila donde, en 10′ caminando, te sitúas en la playa. Además habían planes del gobierno de infraestructuras (alcantarillado/agua potable/colectores/carreteras, etc.) y siempre fue un territorio bien comunicado con Guayaquil, a medio camino hacia la famosa población costera de Salinas, al doble de distancia.

Tras los saludos y conversaciones me queda claro que en la vivienda se respira un aire correísta no exento de críticas. La dureza del gobierno en controlar la administración pública y a sus funcionarios es vista con rigor y falta de tolerancia. El gobierno de Correa ha revisado el país y lo ha sometido a una Constitución aplicando unas medidas socioeconómicas a rajatabla. Lo que sale de la norma no se aplica; y esa intolerancia provoca quejas incluso entre sus partidarios; por lo demás, están bien contentos, por el momento, con lo hecho por el gobierno en obras públicas. El ejemplo más claro es el fatídico infarto que sufrió Félix en su ciudad natal. Acompañado de su hijo y su sobrino Paúl, médico, acudieron a un hospital público. En un primer momento las medicinas que los médicos recetaron no se hallaban en el dispensario del nosocomio así que se fueron volando a una farmacia. Los medicamentos tenían un coste de 600$ cada inyección y ya estaban preparándose para desembolsar esa cantidad cuando una oportuna llamada de un amigo médico les alertó de que aún quedaban existencias del medicamento en el hospital.

En este sentido se puede decir que el gobierno prevé unos gastos e intenta, en la medida de lo posible, que los medicamentos se faciliten gratuitamente desde el propio hospital público. Existen también los llamados hospitales del IESS (Instituto Ecuatoriano de la Seguridad Social), pero a esos sólo tienen derecho los afiliados y su descendencia. Si la pareja quiere acogerse a la tarjeta del afiliado este debe pagar un 5% más de su cotización para integrarla; quizá más dependiendo de su sueldo.

La ley obliga a las empresas a afiliar a sus trabajadores al IESS, pero sigue habiendo un alto porcentaje de ciudadanos sin cobertura sanitaria por ser autónomos o, mejor dicho, subempleados, estimándose en un porcentaje menor de la mitad de la población ecuatoriana, la cual acude, lógicamente, a la sanidad pública. Otro porcentaje gana lo suficiente como para tener un seguro privado de asistencia médica: son profesionales liberales y sobrepasan los 1.000$ mensuales por lo general.

El otro asunto candente fue la reciente ley que obligaba a los medios de comunicación a pagar un sueldo mínimo a sus empleados, sobre todo a los periodistas, a los cuales se les pagaba incluso en especies. El gobierno aprobó una nómina obligatoria de 800$/mes para los periodistas titulados y 650$ en el caso de los que no posean un título universitario, pero eso devino en despidos para enfrentar dicho aumento. Estamos hablando de profesionales que cobraban entre 350 y 500$ de media en el mejor de los casos (“el 47% ganaba menos de 500$” mensuales”), fuera aparte figuras como Emilio Palacio que alcanzaba 10.000$ mensuales como editor jefe de opinión en El Universo.

Si a todo ello añadimos que los periodistas, en general, no estaban afiliados al seguro social, tenemos una clase periodística atemorizada por su futuro laboral.

La medida afectó sobremanera a las radios pequeñas que no podían enfrentar semejantes sueldos obligando a despedir personal o cerrar la emisora; pero también grandes medios nacionales como El Universo estaban aplicando despidos al igual que las cadenas televisivas.

Los medios de comunicación ecuatorianos son absolutos defensores de la libertad de expresión pero del respeto a la libertad de sus trabajadores y sus derechos son moscas que no abren la boca. En este aspecto son iguales que la mayoría de los empresarios ecuatorianos: que hable el neoliberalismo y callen las bocas contrarias. Nada nuevo que decir.

Este domingo no está a rebosar la playa por fortuna; en temporada alta debe ser un imposible encontrar un hueco; y estamos hablando de un lugar que tiene 14 km. de playas. De hecho, a lo lejos se divisa la punta de la península de Salinas.

Es un día tranquilo y soleado; engañoso calor refrigerado por la brisa marina lamiendo la piel. Pese a los amistosos consejos no me puse a tiempo crema protectora ni tampoco en la cantidad adecuada, y viniendo de un país donde el sol hiberna en enero, la imprudencia resultó un error garrafal.

La playa era la típica familiar pero los jóvenes y los grupos de amigos no escaseaban; hay paseos a caballo para los niños y los heladeros andan de arriba a abajo con sus bebidas (poco refrescantes la verdad).

Con mi bañador tipo eslip destacaba entre la prenda típica de los hombres, la pantaloneta (pantalón bermudas), tan cómoda y útil al mismo tiempo, sobre todo para disimular las sobresalientes panzas. Será un problema grave en el futuro del Ecuador; se avecina una gigantesca hecatombe de diabéticos en las próximas décadas si no cambian las conductas nutricionales y el consumo de bebidas azucaradas. Por lo demás, según me contaron, los ojos. y alguna foto por móvil, también se les va a las mujeres que había en la playa; sin diferencias de edad.

En la mente de todos está la hora de tomar unos refrescantes baños cuando se acerca un señor ataviado en un saco rosado; me dicen que son “las viudas”, vendedores de paquetes de chicle. Bromea con nosotros breves minutos; le compramos unos cuantos y entonces entiendo el motivo del nombre; con la guasa por emblema, se baja la parte superior del saco y enseña unas enormes tetas camufladas bajo dicho vestido rosado las cuales te pillan por sorpresa pues no lo espera uno así de sopetón. Buenas risas que justifican su satírico nombre.

Una "viuda" en Playas

Una “viuda” en Playas

Un par de horas más tarde abandonamos la playa dejando tras nosotros una brillante estela marina reflejando los rayos solares; son las cuatro de la tarde y el sol sigue incansable radiando su poder.

Playas (costa sur Ecuador)

Playas (costa sur Ecuador)

Ya, de nuevo, en casa de Félix merendamos platos de pescado y marisco, es decir, cenamos; de nuevo Félix, sin querer, hacía de defensor del gobierno correísta al mencionar las dos casas construidas por el MIDUVI (Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda) para dos familias sin recursos; entregadas “com-ple-ta-men-te gra-tis” remarcó Félix. Son las llamadas “soluciones habitacionales” destinadas a personas que no tenían casa o ésta era de caña y madera sin servicios básicos de agua y electricidad.

El propio gobierno defiende la iniciativa que busca la “autoestima” y la “calidad de vida” de sus habitantes y no son inversiones caras. Por ejemplo, en Santa Elena, provincia colindante con Playas en el mismo litoral, 69 casas costaron 300.000$: “Las viviendas construidas en este sector de la provincia de Santa Elena, son de 36 metros cuadrados, cuentan con 2 dormitorios, sala, comedor, cocina, baño y están dotadas de los servicios básicos respectivos”. [www.habitatyvivienda.gob.ec]

Casa Miduvi

Casa Miduvi

Vino a visitar a Félix un hombre en su treintena, de profesión pescador, que nos contó las dificultades que tenían los pescadores para vender el pescado a buen precio; habían montado una cooperativa entre unos 200 pescadores cuya constitución, elaborada por un abogado, les había costado 20.000$.

El problema que tenían era que el pescado había que venderlo en Playas a las dos únicas empresas que se dedicaban a distribuirlo en Guayaquil; y, claro, los precios de compra los marcaban estos dos grandes mayoristas. Le pregunté por qué no se asociaban con una cooperativa de transportes para vender directamente en Guayaquil. Le pareció interesante la propuesta pero irrealizable; alegó cuestiones monetarias pues el desembolso para crear la cooperativa fue una discusión ardua para ponerse de acuerdo una minoría que sufragara el coste de constitución legal de la misma; si, además, hay que realizar otro gasto para asociarse con una cooperativa de transportes se le antojaba imposible lograr un consenso. Los pescadores no ganan lo suficiente; los sueldos podían estar sobre los 200$ de media al mes, dependiendo de la faena del día. El pescado se vende en Playas, y se lleva a Posorja desde donde se distribuye a las principales ciudades del país. Lo más curioso es mirar un mapa de Ecuador y comprobar que Posorja no tiene carretera directa con Guayaquil y, encima, está situada a 125 km. de Guayaquil que debe pasar, obligatoriamente, por Playas; sin embargo, es un puerto pesquero con amplia capacidad industrial exportadora, nacional e internacional, cuyas instalaciones permiten almacenar miles de toneladas de alimentos frescos. Un ejemplo de ello es la empresa Salica del Ecuador (especializada en el atún), perteneciente a la empresa conservera española Salica Industria Alimentaria, cuyos frigoríficos ya tenían, en 2007, una capacidad máxima de 16.000 Tm.: los más grandes del país (diario Expreso, 13/09/2007).

Magro futuro el de estos pescadores pese a los intentos del gobierno ecuatoriano por conseguir dignificar la vida de sus ciudadanos. Mientras los pescadores no obtengan fuentes de financiación para construir infraestructuras que les permitan competir con los mayoristas en la distribución del pescado, sobre todo, a los mercados centrales de Guayaquil: Caraguay y el Terminal de Transferencia de Víveres, seguirán viviendo con sueldos que les impiden mejorar su nivel de vida.

Tras esta charla me doy un voltio por la zona regresando, al poco, por la casa; subo unas escaleras y me asomo al techo donde Félix, algún día, plata mediante, construirá una terraza; allí recojo mi toalla y otros enseres personales que dejé secándose al sol. Están Fernando, el hermano de Raúl, y el pescador; ambos tomándose unas cervezas Club Premium. Con aquel calor todavía atorrante le pido una a Fernando que me la recomienda; cuesta un dólar con sesenta centavos que pienso pagar ya que han ido a buscarlas a una tienda próxima y, además, está sin trabajo; hablan de chicas y discotecas. Converso un rato con ellos y les menciono el documental “Con mi corazón en el Yambo” que pienso ir a ver en Quito; Fernando me dice que lo vio en un pase en la Universidad de Guayaquil y le impactó; habló muy bien de esa película que narra la desaparición de los hermanos colombianos Restrepo (14 y 17 años), durante la época del mandatario Febres-Cordero (1984-1988); y las vicisitudes de los padres por averiguar la verdad de lo que sucedió y recuperar los cadáveres arrojados, supuestamente, a la laguna de Yambo, a unos 130 km. de la capital, Quito, que fue donde desaparecieron a manos de la policía nacional que los había detenido en un control de carretera. Son años de dureza policial alentada por el gobierno autoritario de Febres-Cordero y acólitos como Jaime Nebot, actual alcalde de Guayaquil, en la que los derechos humanos eran menos importantes que la lucha contra el grupo guerrillero Alfaro Vive Carajo, el cual había secuestrado a un importante banquero que murió en el rescate policial posterior y tenía en vilo a la clase acomodada con sus secuestros y asaltos armados; se vivía el temor de que sucediera lo mismo que en Colombia con las FARC; se dio carta blanca a la policía nacional justificándose detenciones ilegales, espionajes, torturas y muertes en aras de una paz social. Hay vídeos en youtube donde se ve a Nebot, en los años 80, envalentonando a grupos policiales creados ex-profeso mientras critica a las asociaciones de derechos humanos; primero es la seguridad del país venía a decir.

Terminamos la charla con mi último trago de cerveza y se comenta la posibilidad de que se pueda encontrar alguna copia del documental en su Universidad en caso de que no pueda verla en Quito. Me llaman; abajo me esperan para irnos a Guayaquil; me despido de Fernando, su amigo y cuando voy a pagarle la birra me hace un gesto: la conversación es suficiente.

En el camino de vuelta a la ciudad cruzo mis impresiones del documental con Raúl y Adriana al tiempo que Valeria pide atención para sí, un tanto molesta por que apenas le hagamos caso ninguno. Raúl es más de tendencias conservadoras y liberales; es su opinión el país habría empeorado si Febres-Cordero no hubiese actuado con mano dura, es decir, se habría convertido en una segunda Colombia; y nombrarla significa guerrilla, narcotráfico y paramilitares, un país sin paz. Este argumento lo escucharé más de una vez en otros ciudadanos ecuatorianos.

Ciertamente, me alegro que Ecuador no se parezca a Colombia en ese sentido, pero justificar la violencia estatal como único recurso para imponer la paz es esquivar las causas que originan una guerrilla; enfrentamientos civiles y protestas sociales. Por otro lado habría que ver cuánto de paz hay en Colombia y cuánto de inseguridad en Ecuador. Ante todo, libertad de expresión.

Cambiando de tercio Raúl me hace notar cómo los coches nos adelantan por los arcenes; como zigzaguean en los carriles en los adelantamientos; no puedo evitar mi mentalidad europea al habérseme acostumbrado, obligado y multado, a respetar las leyes; pero, por lo mismo, observo airado el nulo civismo de esos conductores que, con tal de llegar unos minutos antes a Guayaquil, circulan peligrosamente por los arcenes o conducen temerariamente en zig zag pudiendo provocar accidentes; me imagino a los cuerpos policiales españoles poniéndose las botas parando carros y multándolos. Menudo festín. Aquí, sin embargo, veías a los patrulleros de la policía de la Comisión del Tránsito de Ecuador (CTE) mirando como si las infracciones circulatorias no fuera con ellos.

Descontrol circulatorio camino de Guayaquil (vía e40)

Descontrol circulatorio camino de Guayaquil (vía e40)

Coches publipolíticos

Coches publipolíticos

Seguimos tocando otros temas relacionados con la cultura cívica del país; más específicamente el arraigo de las coimas entre los funcionarios estatales, sobre todo en cargos directivos, las cuales no han desaparecido en estos 5 años y medio de gobierno correísta. Tanto Adriana como Raúl aducen que, al igual que no se hace caso de la normas circulatorias, es una cuestión que procede de la cultura ciudadana, de unas costumbres aprendidas de los padres, la familia y los amigos; pese a reconocer la lucha contra la corrupción por parte de la administración estatal inciden en su fracaso por eliminarla. De todos modos en la prensa aparecen, cada dos por tres, casos de funcionarios sobornados, de cualquier administración, que han sido detenidos; también de empresarios estafadores. Control hay pero, quizá, no bastante.

Llegamos así de noche a Guayaquil, en este toma y daca acerca de las incoherencias y las limitaciones del gobierno de Rafael Correa. ¿Será capaz su futuro gobierno de educar a unos ciudadanos que tienen asimiladas unas costumbres tan incívicas?

Antes de acostarme me voy a duchar; echo una mirada curiosa y ansiosa al espejo: el típico color gamba de los guiris que visitan España y el dolor que conlleva teniendo en cuenta que, en Playas, la temperatura media en enero, se sitúa en 40ºC; pero más me asustó detectar una mancha marronácea en la punta de la nariz. Ahora es cuando uno aprecía su piel en lo que vale. Antibiótico y esperar que no pase nada. Empiezo bien mi segundo viaje a Ecuador; no imaginaba que iba a padecer un infortunio.

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