¿América o The Americas? (IV) – U.S. not America (18)


PLANTACIÓN ANGLICANA EN IRLANDA

Desde mediados del siglo XVI, el trono inglés intentó conquistar Irlanda. Tras sucesivos fracasos, a principios del siglo XVII, implantó otra estrategia: creación de enormes terrenos cercados que habitarían exclusivamente gentes de religión anglicana. A este método lo llamaron “plantation” (plantación). Una plantación consistía en la confiscación de tierras de naciones enemigas, expulsión y segregación de la población local y sustitución por ingleses y escoceses. Es decir, despejar la mala hierba para plantar la buena semilla [Ferguson,N.2005:94]. Las plantaciones anglicanas a gran escala en Irlanda comenzaron a partir de 1610; para 1641, año de un alzamiento irlandés, había ya una población inglesa “nueva” de 22.000 personas y más de 40.000 escoceses en el norte de Irlanda; es el ensayo de lo que ocurrirá en América.

PLANTACIÓN INGLESA EN AMÉRICA: TESTIMONIOS

Los primeros plantadores ingleses en América sólo veían tierras de potenciales riquezas, pero notaron una molestia insidiosa: “redmen” [pieles rojas], llamados así por sus rostros y cuerpos pintados con diseños de colores [Jacquin,P.1990]. El piel roja era la designación de franceses e ingleses para referirse a los habitantes americanos de aquellas tierras, familias lingüísticas algonquinas e iroquesas, cuyos ancestros vivían en América desde hacía unos 20.000 años.

Prácticamente desde el principio, los mandamases ingleses adoptarían la solución irlandesa en América: masacre, expulsión, segregación y, finalmente, exterminio, aunque la secuencia podía variar.

La táctica de los ingleses era fomentar los agravios étnicos entre las poblaciones tribales americanas y lograr que se destruyeran mutuamente. Por otra parte, los plantadores creían ser los hijos predilectos de dios [cristianismo] y tenían la misión de matar a los indios. Floreció una abundante literatura consagrada a las guerras indias donde exaltaban las matanzas de indios (*); el asesinato atroz de mujeres y niños además de aplaudir cuando los quemaban vivos en sus chozas. Nadie pensaba que fuera necesario disculparse o justificarse; al contrario, asistían a la iglesia para agradecer a dios que les hubiera asignado la misión de destruir a los herejes” [Wissler,C.1993:105].

Francis Wyatt, primer gobernador de Inglaterra en la plantación de Virginia, corrobora estas afirmaciones en 1621: “Nuestra primera obra será expulsar a los salvajes para hacernos con todo el país para aumentar el ganado, cerdos, etcétera, que nos servirán mucho más, pues es infinitamente mejor no tener paganos entre nosotros” [Ferguson,N.2005:102].

Francis Wyatt: ‘Our first worke is expulsion of the Savages to gaine the free range of the countrey for encrease of Cattle, swine &c which will more than restore us, for it is infinitely better to have no heathen among us’. [Ferguson,N.2008:?]

Cuando llegaron los peregrinos puritanos del Mayflower en 1621, dieron gracias a su dios monoteísta porque el 90% de los patuxet, una etnia americana, hubiesen desaparecido a causa de una epidemia mortal en la década anterior a su llegada [Ferguson,N.2005:103].

Los ingleses declararon a los nativos americanos “perpetui enimici” o “perpetui enimiá” [enemigos perpetuos] pues entre estos seres diabólicos y los cristianos no puede haber paz [Ferguson,N.2005:103]. Tampoco dudaban los plantadores ingleses en saquear los poblados de los “salvajes, bárbaros e hijos de Satan” para obtener las provisiones de caza y maíz de los algonquinos [Jacquin,P.1990:34].

Cuando los nativos americanos mataban ingleses, la venganza se devolvía multiplicada. Siempre. En 1622, los powhatan mataron 350 ingleses y el odio vengativo inglés llegará hasta la distribución de alcohol envenenado, matanza de mujeres y niños, asesinato de quienes venían a parlamentar; ademas de organizar sangrientas expediciones punitivas [Jacquin,P.1990:34-36]. Al final, los plantadores ingleses se vengaron cobrando las vidas de 4.000 americanos nativos.

A raíz de esta matanza de fanáticos cristianos en Nueva Inglaterra, los ultrareligiosos ingleses adoptarán una medida ya aplicada en la plantación de Irlanda: la construcción de una empalizada de casi 10 km que abarcaba 121.500 hectáreas, unos 173.500 estadios de fútbol. Estas tierras se consideraban libres de derechos de los habitantes americanos.

En estas décadas de guerra no hubo cuartel ni misericordia por parte de los ingleses. William Bradford, primer gobernador inglés (1621-1656) de la plantación Nueva Plymouth, la de los peregrinos puritanos, lo expone con claridad meridiana no exenta de lirismo: “Era un espectáculo tremendo verles abrasarse de aquel modo en el fuego que los torrentes de sangre no conseguían apagar” [Jacquin,P.1990:36].

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Grabado de John Underhill (1638): representa la matanza inglesa de los pequot en su campamento en 1637, con ayuda de otra tribu americana

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Detalle del grabado. Fue un ataque a sangre y fuego: nadie salió vivo. El capitán Underhill lo justificó: “Algunas veces las Escrituras [libros canónicos del cristianismo como, por ejemplo, la biblia] proclamaron que mujeres y niños deben perecer  con sus familiares… Nos iluminaba la palabra de dios en nuestros actos”. Cita de wikipedia

INGLESES, FRANCESES, NEERLANDESES (Holandeses)

Este comportamiento homicida inglés es idéntico en toda América. En las Antillas menores, franceses e ingleses masacrarán a los caribes de San Cristóbal (actual Saint Kitts) donde asesinaron a conciencia a la gran mayoría de los varones por una “maldita hambre de sexo”. En 1635, los franceses exterminarán a los caribes y otros isleños de Guadalupe y Martinica “sin dejar ni uno, excepto algunas de las mujeres mas bellas para satisfacer sus brutales pasiones y convertirlas en sus esclavas”, según el padre Dutertre, dominico francés que narrará estos hechos en un libro publicado en 1654, pero que desaparecerán en posteriores ediciones [Ferro,M.2005:61].

Las escasas pictografías americanas, en piel de bisonte o rollos de corteza, representan a los europeos con barba, sombrero o con un fusil. En general, franceses, neerlandeses e ingleses se negaron a reconocer a los pieles rojas su propiedad del suelo.

En 1646, la confederación powhatan se desangra y firma un tratado por el que abandona parte de sus tierras; a los supervivientes se les agrupará en reservas [Jacquin,P.1990:35]. En 1688, los ingleses expulsaron a las últimas tribus americanas de Manhattan [Wissler,C.1993:110].

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Territorio de los lenni lenape en América. Ambos gráficos de Wikipedia.

El funcionario inglés John Archdale, de filiación cuáquera, gobernador, sucesivamente, de las plantaciones privadas de Carolina del norte y Carolina del sur (1694-1696), imbuido del mesianismo de la sociedad inglesa, anunció su veredicto final acerca de este exterminio americano: “la mano de Dios [cristianismo] se ha visto claramente en el debilitamiento de los indios, para hacer lugar a los ingleses”.

In the words of John Archdale, Governor of Carolina in the 1690s, ‘the Hand of God [has been] eminently seen in thinning the Indians, to make room for the English’. [Ferguson,N.2008(2003):66].

Es el destino de unos, la condenación, y de otros, la salvación; tal como pensaban los anglicanos mas calvinistas como Francis Drake, que tenía por libro de cabecera el “Book of Martirs” (1563) de Foxe, cuyo texto mitifica a los ingleses como “nación elegida por dios [cristianismo] para cumplir su voluntad en la tierra”; mito difundido, sobre todo, por los navegantes y comerciantes ingleses [Carredano,J.B.A.2012:582] interesados en vender la idea de plantaciones inglesas en América y enriquecerse con la importación y exportación de productos.

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Tribus americanas de Florida a las que se unirían los cri o creek (muscogui) hacia 1700, y con quienes conformarían la nación de los seminolas.

DESTINO Y ODIO DE LA NACIÓN INGLESA

Naturalmente, el odio del pueblo inglés no se limitaba sólo a los nativos americanos a quienes consideraban inferiores en todos los sentidos; los católicos franceses eran otra nación odiosa que practicaban el concubinato con las salvajes que tanto neerlandeses como ingleses prefirieron “en mucho menor grado” [Jacquin,P.1990:60]. La descendencia de este mestizaje francoamericano lo denominarán los blancos “Bois-Brûlés”, leños quemados. Son mestizos que se agrupaban en poblados de las praderas canadienses donde predominaba la lengua francesa y la religión católica [Jacquin,P.1990:83]. No obstante, como ya se vio en el capítulo anterior, si había un odio, envidia y desprecio supremo en la nación inglesa, este se dirigía contra los españoles, los papistas del mundo, sus archienemigos en el infierno y la tierra.

La plaza española más próxima a las plantaciones inglesas era el fuerte de San Agustín (provincia de La Florida), a dos días de navegación, lugar al que los esclavos negros escapaban, huyendo de la inhumana esclavitud inglesa y en busca de una oportunidad inigualable: un esclavo podía comprar su libertad en las provincias españolas de América. Inconcebible en las sociedades protestantes anglicana y neerlandesa.

Los primeros afrodescendientes arribaron por primera vez al fuerte San Agustín en 1688. Durante todo el siglo XVIII, los esclavos negros de las Guayanas y de las plantaciones caribeñas de Inglaterra, Francia, Dinamarca, Holanda, huían sabiendo que podían llegar a ser libres en las plazas americanas españolas [Saco,J.A.2009:304-305].

El historiador alemán Stefan Rinke estima nula la curiosidad, en el siglo XVII, entre las plantaciones inglesas y las plazas españolas en América, continente que evocaba “posesiones ibéricas” en la nación inglesa desde su descubrimiento.

FRAY THOMAS GAGE – THE ENGLISH-AMERICAN

En 1648, un inglés de familia católica, educado en colegios jesuitas de Flandes y España; cura durante treinta y ocho años y doce más de estancia en Atlamérica (*), publicará en Inglaterra un libro titulado “The English-American his Travel by Sea and Land”, donde relataba sus andanzas por las actuales Costa Rica, Nicaragua, Honduras y, sobre todo, Guatemala y Méjico. En sus textos describía con odio teológico a los españoles, entre otros motivos, por la permisividad hacia los nativos americanos, aunque ya no quedase casi ninguno, según su juicio:

Sacrificaron [los españoles] tantos millones de indios a los fetiches de su ferocidad bárbara que hoy día muchas islas ricamente pobladas en el pasado y grandes territorios en el continente están casi despoblados” [Rinke,S.2014:28].

No era ninguna novedad, toda vez que estereotipos de “feroces, flojos e hipócritas españoles” ya se habían difundido por la Europa protestante. En cualquier caso, estos infundios, calumnias y propaganda se traspasará a los provincias americanas de España cuando se independicen como una manera de subyugar a los pueblos y culturas hispanoamericanas.

En posteriores ediciones, Gage eliminará del título el termino “América” por asociarse con España y no estar bien visto ese pasado suyo. En todo caso, era información geográfica de primera mano para un gobierno inglés y servirá para elaborar un plan largamente ansiado por Inglaterra desde la era isabelina: arrebatar parte de América a España e implantar la nación inglesa en el continente americano por ser la predestinación del dios de los cristianos. A este plan guerrero lo llamarán “Western Design” [Designio occidental]: conquistar una isla principal de las Antillas [West-Indies], lanzarse sobre Guatemala y, desde allí, hasta el istmo de Panamá arrebatándole a España la mitad septentrional de América.

A mediados del siglo XVII, Inglaterra tenia en América cinco plantaciones en la costa noratlántica y alguna isla de las Antillas menores. La flota inglesa del Western Design, finalmente, la única conquista que logró fue la isla de Jamaica.

Debe tenerse presente siempre que los ingleses se consideraban la nación elegida para imponer la voluntad de dios y, sobre todo, la libertad mercantil: “En un mundo mercantilista en el que se consideraba que la riqueza existente era finita y el beneficio se generaba mediante la transferencia de bienes de un mercado a otro, la clave estaba en el control absoluto y exclusivo del comercio. Y, entonces, el método probado y comprobado para ejercer tal control era derrotar a la competencia en la guerra” [Colás,A.2009:109].

No obstante, no es ni será la costa noratlántica el interés primordial de los gobiernos y emigrantes ingleses sino las llamadas, aún hoy día, West-Indies [el Caribe: Antillas mayores y menores]. En 1773, Jamaica proporcionaba más riquezas que todas las plantaciones británicas continentales de América [Ferguson,N.2005:109]. El azúcar, cultivado por esclavos negros, era el comercio principal como experimentaron portugueses y holandeses en el actual Brasil durante la primera mitad del siglo XVII. El otro gran negocio de los plantadores ingleses de la costa noratlántica americana será la venta y especulación de tierras. Para saldar una deuda, la corona inglesa concedió a William Penn un territorio en América equivalente al tamaño de Irlanda. Allí, este cuáquero fundará la aldea de Filadelfia en 1682 y se dedicará a la venta de terrenos como modo de enriquecerse [Ferguson,N.2005:104/5].

El titulo del libro del antiguo dominico Thomas Gage (1648) debe entenderse y traducirse como “inglés hispanoamericano” o “angloespañol”, por ser América entonces una provincia del Imperio español. Por otro lado, era la primera vez que se empleaba el vocablo “English-American” que tendrá un amplio significado en el siguiente siglo [Santa María,C.S.de.1971:556]. Después de 1700 no volverá a publicarse.

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A principios del siglo XVIII, los ingleses denominan al continente como América, tal como queda claro en libros y mapas publicados. Un ejemplo es el del jurista inglés Cotton Mather y su libro “Magnalia Christi Americana [Las obras gloriosas de Cristo en América]” (1702). Mather propugna en otros textos suyos la apropiación de América a los españoles, mejor dicho sus envidiadas riquezas.

Por otro lado tenemos The Fortunes and Misfortunes of the Famous Moll Flanders (1722), de Daniel Defoe. En esta novela picaresca, más conocida como Moll Flanders, se menciona a América como continente:

I, that, till I wrote this, did not know what the word geographical signified, had only a general knowledge from long conversation with people that came from or went to several places; but this I knew, that Maryland, Pennsylvania, East and West Jersey, New York, and New England lay all north of Virginia, and that they were consequently all colder climates. […] I therefore considered of going to Caroline, which is the only southern colony of the English on the continent of America”.

En cuanto a mí, que, hasta el momento de escribir esto, ni siquiera conocía el significado de la palabra «geografía», poseía tan sólo una somera documentación gracias a las largas conversaciones sostenidas con personas que iban o venían de distintos lugares. Pero sabía que Maryland, Pensilvania, Jersey Occidental y Oriental, Nueva York y Nueva Inglaterra se hallaban todas al norte de Virginia y que, por consiguiente, su clima era más frío […]. Por tanto, pensé en marcharnos a Carolina, única colonia meridional que los ingleses poseen en el continente de América”.

Defoe se refiere a tierra firme sin contar la América insular, donde Inglaterra poseía Jamaica (1655/60) y Barbados (1627).

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Magnalia Christi Americana – Las grandes obras de Cristo en América (1702), Cotton Mather

(*) Atlamérica: Entre las actuales Méjico central y Panamá; atl significa agua en idioma náhuatl)

Bibliografía:

Jacquin, Philippe. El ocaso de los pieles rojas. Madrid: Aguilar, 1990.
Ferguson, Niall. El imperio británico: cómo Gran Bretaña forjó el orden mundial. Barcelona: Debate, 
2005.
Ferguson, Niall. Empire: How Britain Made the Modern World. Maryborough (Australia): Penguin Press, 2008 (2003).
Wissler, Clark. Los indios de los Estados Unidos. Barcelona: Paidós, 1993.
Amores Carredano, J.B (coord.). Historia de América. Barcelona: Ariel, 2012.
Ferro, Marc (dirección). El libro negro del colonialismo: siglos XVI al XXI: del exterminio al arrepentimiento. Madrid: La Esfera de los Libros, 2005.
Saco, José Antonio. Historia de la esclavitud. Sevilla: Espuela de Plata, 2009.
Rinke, Stefan. América Latina y Estados Unidos: una historia entre espacios desde la época colonial hasta hoy. Madrid: Marcial Pons; México: El colegio de México, 2015.
Colás, Alejandro. Imperio. Madrid: Alianza editorial, 2009.
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