¿AMÉRICA O THE AMERICAS? (II) – HACER LAS AMÉRICAS


El historiador del arte, Ernst H. Gombrich, resume la mentalidad europea a finales del siglo XVII: “pegar a los niños; que las muchachas deben casarse casi niñas con hombres a quienes prácticamente no conocen; que los campesinos están en el mundo sólo para el trabajo y no les está permitido rechistar; que los mendigos y vagabundos tienen que ser azotados en público para, luego, encadenarlos y someterlos al escarnio en la plaza mayor; que los ladrones deben ser ahorcados y los asesinos troceados públicamente; […] que se ha de perseguir, desterrar o arrojar a una oscura mazmorra a quienes pertenecen a otra fe; que el señor Fulano, un amigo inglés, lleva mucho tiempo haciendo magníficos negocios con la venta en América de negros traídos de África como esclavos, lo cual es una buena ocurrencia del honorable señor, pues los indios cautivos no valen para trabajar”. (1) Estas opiniones se escuchaban en boca de las “personas más razonables y hasta piadosas de cualquier condición y país”. (2)

Las guerras de religión estaban destrozando y arruinando Europa en el siglo XVII, por muerte o emigración, dada la intolerancia a las opiniones ajenas. Esta situación empezó a cambiar al iniciarse el siglo XVIII. La primera idea más importante en la que muchos europeos empezaron a ponerse de acuerdo fue la idea de tolerancia; la segunda fue la razón, “el sentido común como se decía entonces” (3), porque era “lo que puede y debe unir a todos los seres humanos”. Usando la razón “se puede combatir con argumentos para convencer al otro”, pues a todos los seres humanos les era otorgada por igual. En esta nueva era no había lugar para la religión, al estar alejada de cualquier lógica.

Todas estas ideas difundidas a partir de 1700, ante todo en Inglaterra y, luego, en Francia, se llaman ‘Ilustración’, porque pretendía luchar contra la superstición mediante la claridad de la razón”. (4)

La Ilustración se componía de tres conceptos fundamentales: tolerancia, razón y “sentimiento de humanidad”, hoy diríamos empatía. Naturalmente, para defender estas ideas, y salvaguardar a las personas, se propugnó la división independiente del poder político: ejecutivo (rey), legislativo (parlamento) y judicial (jueces). Una influencia notable en Europa sería el libro de Montesquieu, “El espíritu de las leyes (1748)”.

En este nuevo siglo muchos europeos vivían ya en América; aunque las cifras de que se disponen son “muy hipotéticas”, según el demógrafo Massimo Livi Bacci, sí se puede afirmar que a finales del siglo XVIII, “América del Norte estaba poblada por unos 4,5 millones de habitantes de origen europeo, y que en Iberoamérica la cifra – 4 millones – sólo era ligeramente inferior”. (5)

Esta emigración era básicamente “británica e ibérica, con aportaciones menores de holandeses, alemanes y franceses. Representaban un tercio de la población del continente [americano] y aproximadamente el 6% de la población europea, exceptuando Rusia”. (6)

Los orígenes de esta emigración europea, libre o forzada, a América, son:

España y Portugal: más de un millón de emigrantes entre 1500 y 1800.

Inglaterra, Escocia e Irlanda (islas británicas): 1,5 millones entre 1541 y 1800.

Holanda: 25.000 emigrantes entre 1600 y 1800.

Alemania: 150.000 a 200.000 emigrantes entre 1650 y 1800.

Francia: 27.000 a 30.000 personas, entre 1600 y 1730.(7)

Estos europeos arribaron a una América despoblada por las enfermedades dos décadas después del inicio del descubrimiento por los europeos. Los cálculos de población americana, en la fecha del descubrimiento, bailan de continuo sin acuerdo entre los especialistas (de 40 a 90 millones de americanos), pero una cifra mínima sería “a mediados del siglo XVI unos 12 millones de indígenas mientras que los nuevos pobladores no pasan de 100.000 hasta 1550”. (8)

Estos datos de emigración europea aumentarán con el tiempo, hasta el punto de que en el siglo XIX, en España e Hispanoamérica, será corriente una expresión: “Hacer las Américas”, que los diccionarios definen como “establecerse en América para hacer fortuna”. Si en los siglos XVI y XVII la emigración española procedía del centro y sur de España, en el ultimo tercio del siglo XVIII, provino del norte cantábrico, y se alargó a toda la mitad norte del país tras la independencia de las colonias hispanoamericanas en la segunda década del siglo XIX. La idea era probar fortuna desde abajo.

basurde.blogia.com_2012_012303-libros-vivir-y-morir-en-mexico.-vida-cotidiana-en-el-epistolario-de-los-espanolehttp://basurde.blogia.com/2012/012303-libros-vivir-y-morir-en-mexico.-vida-cotidiana-en-el-epistolario-de-los-espanole.php

Criados, aprendices o mozos eran algunos de los oficios que ejercían a la espera de poder cumplir su sueño: convertirse en comerciantes y, con un poco de suerte, ser dueños de una gran fortuna. La gran mayoría no lo consiguieron”. (9) A los que volvieron enriquecidos a España se les conoció como indianos por Las Indias americanas y fueron una minoría poderosa. Aunque es una expresión en desuso, todavía se conoce y se emplea tanto en Latinoamérica como en España. (10)

es.calameo.com_books_001933963107c29fc8881http://patrimoni.gencat.cat/es/patrimoni/monografics/89_indians/

Hacer las Américas (Alianza ed.)Hacer las Américas (1992, Alianza editorial)Hacer las Américas equivalía a recorrer y elegir para establecerse uno de los países americanos, sobre todo aquellos de habla española, y, principalmente, Cuba y Puerto Rico. Otros países serían Argentina, Méjico, Venezuela o Brasil. Claro está que no eran los únicos europeos que emigraban a probar fortuna.

Durante el siglo XIX, pero sobre todo a partir de 1840, la emigración europea adquiere un carácter de fenómeno masivo. Se calcula que entre 1840 y 1932 partieron con destinos transoceánicos citando sólo los puntos de partida más importantes: (11)

18 millones de personas desde Gran Bretaña e Irlanda.

11,1 millones desde Italia.

6,5 millones desde España y Portugal.

5,2 millones desde Austria – Hungría (el imperio austro-húngaro).

4,9 millones desde Alemania.

2,9 millones desde Polonia y Rusia.

2,1 millones desde Suecia y Noruega.

Destino de esta emigración europea citando sólo los más importantes:

34,2 millones de emigrantes se dirigen a Estados Unidos.

7,1 millones, Argentina y Uruguay.

5,2 millones, Canadá.

4,4 millones, Brasil.

3,5 millones, Australia y Nueva Zelanda.

0,9 millones, Cuba

¿Con que mentalidad viajaban estos europeos a América; qué mentalidad tenían los europeos ya establecidos hacía décadas? La ilustración morirá alumbrando en el siglo XIX, en estos europeos emigrados a toda América y en todo el mundo, una colonización de guerra y exterminio a quien no fuera europeo o se sometiera a un europeo, imbuidos de una supremacía racial demostrada por la Ciencia.

 – – –

(1) GOMBRICH, E. H., Breve historia del mundo, Barcelona, Ediciones Península, 2000. p. 240

(2) Ibídem

(3) Ibídem

(4) GOMBRICH, E. H., Breve historia del mundo, Barcelona, Ediciones Península, 2000. p. 242

(5) Livi Bacci, Massimo. Historia de la población europea. Barcelona, Editorial Crítica, 1999. pp 124-125

(6) Ibídem

(7) Ibídem

(8) ATLAS HISTÓRICO MUNDIAL, Hermann Kinder, Werner Hilgemann, Manfred Hergt. Madrid, Ediciones Akal, 2007. p. 239

(9) Breve resumen de los indianos catalanes: http://patrimoni.gencat.cat/es/patrimoni/monografics/89_indians/

(10) Entrevista al escritor mejicano Gonzalo Celorio: http://www.elcultural.com/noticias/letras/Gonzalo-Celorio-Una-novela-es-un-conflicto-del-escritor-que-pasa-al-pecho-del-lector/7439  [20/02/2015]

(11) Livi Bacci, Massimo. Historia de la población europea. Barcelona, Editorial Crítica, 1999. p 161

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