HIPOTÉSIS ALIMENTARIA, ¿INFUNDADA? [310113]


Desde aquel último día de enero de 2013 he dado muchas vueltas a qué pudo provocarme la diarrea aquella tarde por el centro histórico de Quito, y más por la tercera recaída, en Ibarra, en los últimos días del viaje.

La primera vez, en Guayaquil, tengo clarísimo que fue la “carne de coco” [parte interna del coco] vendida por un vendedor callejero informal la causante de la primera gastroenteritis intestinal.

La segunda vez, en Quito, sé que fue el desayuno, compuesto de un café americano, sándwich de jamón cocido (es posible que se incluyera una porción de queso blanco) y un “licuado de frutilla” [batido de fresa/fresón] servido a temperatura ambiente.

La tercera vez, en Ibarra, fue café americano, dos rebanadas tostadas con queso blanco fresco, una variedad típica en Ecuador, y un batido de frutilla (temperatura ambiente) del que sólo tomé tres sorbos.

¿Es posible que tan poca cantidad afectase mi organismo hasta el punto que necesitase asistencia médica después de tres días sin lograr curarme? El médico que me atendió respondió que los foráneos deben aclimatarse a los alimentos naturales del país por su distinta flora intestinal. Tiene lógica pero no es una razón convincente.

No puede ser casualidad que dos de las tres veces que tuve disentería coincidieran con la ingesta de un licuado de frutilla y queso blanco fresco. Uno de los dos alimentos me provocó una reacción adversa en el estómago e intestinos.

Recuerdo haber probado el queso blanco fresco en Barcelona por la añoranza que mis amigos guayaquileños sentían hacia este alimento, de extendido consumo en su país.

El mercado ecuatoriano de quesos es muy dinámico; de acuerdo con las investigaciones de PulsoEcuador, un 84,3% de los hogares urbanos de las principales 15 ciudades consumen regularmente este producto. […]

Indudablemente, el mercado más dinámico es el del queso fresco; su tradición y precio son factores decisivos a la hora de elegirlo: 92,8% de los hogares que compran regularmente queso adquieren ese tipo. […]

El 81,5% del mercado de quesos corresponde a la variedad del fresco, que contempla el queso de mesa, de comida, el amasado, el criollo, entre otros” [explored.com.ec – 2005].

En nuestro caso era la variedad de queso blanco que me invitaron a degustar en las pocas ocasiones que pudieron comprarlo en la ciudad condal. También se le denominaba “queso latino” en los comercios especializados. Nunca tuve problemas intestinales.

Ahora bien, el proceso de fabricación del queso fresco en Ecuador no está tan claro. La industria quesera ecuatoriana “carece de cifras reales por el amplio mercado artesanal e informal de producción de quesos en el país. Según el sector, sólo el 5% de la producción de leche nacional va para el queso industrializado, mientras que el 25% es para producir queso artesanal”. [explored.com.ec – mayo 2007]

¿Será, entonces, la leche el posible origen de estas patologías ya que es componente fundamental del queso y del batido?

La leche recién ordeñada es fundamental en las tierras altas. Con chocolate o con café, o acompañando el batido de frutas, la leche se encuentra en el menú de desayuno de cualquier paradero de esta región” [La Hora, 2014]

Un ingeniero industrial dedicado a evaluar los procesos de calidad en la fabricación alimentaria, ya sea una granja o una fábrica, incide en que la leche puede ser el origen si no se conserva a adecuada temperatura en un frigorífico aunque la industrial puede aguantar unas horas.

¿Y la frutilla? Ya escribí en un post anterior que la frutilla “es un cultivo rentable de venta semanal directa a supermercados y restaurantes” con una producción concentrada en la provincia de Pichincha y, luego, la sierra. ¿Cómo será la manipulación higiénica, transporte y conservación de esta fruta? ¿Y en general?

Dejo las conclusiones de una encuesta realizada a cinco centros sanitarios por estudiantes de turismo (Universidad de Especialidades Turísticas de Quito) que publicaron en el artículo: “Análisis de las tres enfermedades más comunes producidas por la mala manipulación de alimentos en el sector de Cotocollao”, un distrito de la ciudad de Quito.

24 - Análisis de las 3 enfermades más comunes de intoxicación alimentaria en CotocollaoNo, no puede ser casualidad. Ya sólo falta incorporar a la hipótesis, ahora sí, mi probable distinta flora bacteriana poco acostumbrada a la contaminación alimentaria.

En Quito tomé el batido de frutilla en un local familiar de desayunos y bebidas no alcohólicas; se oía el ruido de una licuadora triturando frutilla [fresas] para dos clientes, uno nacional. En Ibarra vi que la cocinera del hotel llevaba un envase de plástico de unos 10 litros de capacidad relleno hasta arriba de licuado de frutilla; era evidente que ese pequeño bidón iba a ser consumido por más personas que los pocos clientes del hotel.

Ahora, agítese la combinación y el resultado no es nada bueno.

Ingerí un fortasec y me fui adormeciendo con estas disquisiciones sin hallar, entonces, una explicación razonable, titiritando de frío en una ciudad con una temperatura de 20/21ºC aquella tarde.

Al día siguiente me esperaba un largo viaje en tren de ocho horas, de Quito a Latacunga ida y vuelta, era uno de los trayectos más largos de todos los recorridos ofertados. No podía permitirme estar malo mañana: no era por el dinero, sino por los paisajes andinos. Me concentré en el tren. Sólo importaba el tren. Nada más.

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