QUITO DE NOCHE: JOLGORIO Y MOGOLLÓN DE PEÑA (2/3) [300113]


La imagen de Ecuador en el mundo ha sido la de un país apenas nombrado en delitos violentos como ocurre en México, Colombia, Brasil o Venezuela, Guatemala, El Salvador, es decir, no hay una noticia que de la vuelta al mundo relacionada con un hecho luctuoso como el ocurrido en Venezuela con el caso del asesinato de una famosa modelo y su marido.

Fue deplorable lo ocurrido a la pareja japonesa en Guayaquil a finales de diciembre de 2013, que celebraba su viaje de bodas en dicha urbe, muriendo el marido a manos del típico taxista conchabado con bandas de ladrones asesinos, pero, lo cierto, es que fue un hecho puntual de cara al mundo que alarmó al gobierno hasta tal punto que, pocos meses después, el 1 de abril, lanzaba la campaña turística “All you need is Ecuador” anunciada casi un mes antes en la Feria internacional de Turismo de Berlín, la mayor en su género. Los asesinos fueron cazados en 48 horas y, esta vez, puestos a disposición de jueces competentes y no corruptos que solían dejarlos en libertad provisional. Algunos nacionales percibieron esta celeridad policial con el hecho de que eran turistas extranjeros y deseaban que las autoridades y la policía ojalá actuasen así con cualquier ciudadano ecuatoriano. Mi percepción es que no puedes eliminar un origen estructural de décadas en pocos años, pero los avances en seguridad son notorios a pesar de la desconfianza y la critica que persiste entre un sector de la población.

Está muy bien reclamar y plañir contra la inseguridad y corrupción policial o judicial, pero cuando a un ciudadano ecuatoriano le imponen una multa de tráfico de 60$ lo primero que hace es mirar su bolsillo a ver si tiene unas monedas o un billete de 5$ para el policía; sabe que aceptará: “No pasa nada. Usted puede seguir”. Ambos tienen la misma mentalidad: han recibido la misma educación. Esta anécdota, observada por un español residente 9 meses en Guayaquil cataloga la idiosincrasia del país: el juego entre sabidos. Desafortunadamente esta corruptela se sigue produciendo en la policía metropolitana [policía urbana en Ecuador] y agentes de tráfico; peor aún, existe por la hipocresía de la clase media que acepta que puede saltarse las reglas cuando le conviene.

Poco tiempo después del caso de la pareja japonesa sucedió el robo y muerte de dos personas en Quito. Un padre y su hijo adulto llevaban 25.000 dólares en un maletín para depositarlos en una cooperativa que había exigido el dinero en metálico invalidando métodos modernos como la transferencia bancaria. El asalto se produjo en un autobús de transporte público; fueron vilmente asesinados al oponer resistencia ídem de ídem que la pareja japonesa. La policía hizo otro esfuerzo investigador para cazar a los sacapintas ya que todo empieza cuando esta familia retiró el dinero de una oficina bancaria. También los cogieron en tiempo récord aunque costó lo suyo.

Todo este esfuerzo por parte del gobierno ecuatoriano bien se merece un voto de confianza: las estadísticas le van dando la razón. Si eres un lector extranjero no dejes de venir, y si eres un nacional no dejes de viajar. Ten presente que por las noches todavía hay que tener cuidado según por donde camines; cuidado al sacar dinero del cajero y nunca, nunca, cojas un taxi pirata. Nada más.

A la aventura de andar un poco de noche por Quito le había añadido un plus de seguridad previsto: no llevar el pasaporte ni dinero encima excepto 10$ para tomarme una o dos copas en el bar cafetería del cine 8 y medio. En caso de atraco no supondría ninguna pérdida. En fin, sabía a lo que me exponía caminando de noche pero confiaba bastante en las actuales medidas de seguridad del gobierno ecuatoriano y de la alcaldía quiteña poniéndose las pilas desde el 2011. Tampoco tenía tiempo para esperar un taxi y me moría de sueño tras 24 horas de viaje en autobús desde Zapotillo hasta Quito.

Eso que se dice de “ya tendré tiempo suficiente para dormir cuando esté en la tumba” es una verdad como un templo, pero, mañana, quería patear el centro histórico de Quito todo el día y, francamente, prefería recorrerlo en las mejores condiciones físicas y no perderme nada. Un anhelo largamente esperado.

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