QUITO DE NOCHE: JOLGORIO Y MOGOLLÓN DE PEÑA (1/3) [300113]


Tras finalizar el documental Con mi corazón en Yambo, la veintena de espectadores que eramos nos dividimos en dos mitades: unos aplaudieron y otros permanecieron en mayestático silencio.

A la salida del cine 8 y medio los últimos espectadores aguardaban a uno de los dos o tres taxis que esperaban; había quien los estaba llamando por teléfono móvil y quien ya tenía la cita concertada. Es un pena que el bar cafetería del cine cerrara tan pronto sin excusas para unas últimas copas. “No solo de pan vive el hombre, de vez en cuando también necesita un trago”, Woody Allen dixit. De paso si hubiese la oportunidad de conocer a alguien mejor. Preferiblemente chica, por pedir.

Quito no tiene la misma fama de inseguridad que Guayaquil, pero compiten en la misma liga: las portadas de la prensa digital.

En los últimos años el gobierno ecuatoriano se ha esmerado en aumentar la dotación policial, sus salarios e infraestructura con la construcción constante de comisarías llamadas UPC (Unidad de Policía Comunitaria) y siguen en ello; reducir la corrupción policial y judicial (ya no sé cuántos polis y jueces han echado y siguen; dejé de contar hace tiempo cuando alcanzaron las unidades de miles y centenas respectivamente); por último, combatir la delincuencia más violenta y sanguinaria. Por la lectura de los diarios ya se ve que a Quito se la nombra menos que a Guayaquil en temas de homicidios, secuestro exprés, sacapintas, etc., pero bastante más que a Cuenca, Ibarra, Ríobamba, Loja, Ambato, etc. de las que apenas lees contados titulares al año (todas ubicadas en la región sierra). En cambio, la región costa, son más notorias las ciudades en relación con delitos sangrientos, y las tres más nombradas son Esmeraldas, Portoviejo y Manta. Siempre puedes ojear el Extra y hacerte una idea de por dónde ocurren los crímenes.

Pues bien, decidí poner en practica esa percepción de lector de periódicos caminando el trecho que iba desde el 8 y medio hasta el hostal Nassau.

Había venido andando a las siete y media de la noche y quería regresar igual a las diez y media. Una ciudad segura lo es a todas horas, además, confiaba en llegar en poco más de cinco minutos a la avenida 6 de diciembre, donde intuía que quedaría todavía gente caminando; por las calles cercanas a la sala cinematográfica no se veía bípedo ni cuadrúpedo alguno. Son las horas nocturnas, incluido hasta el amanecer (típica hora de asalto a las busetas – autobuses urbanos sin parada fija – cuyos pasajeros van a trabajar o estudiar), propicias para los ladrones debido, seguramente, a la escasez de farolas existentes en la ciudad, si bien mi primera impresión es que Quito estaba más iluminada que Guayaquil.

El problema de la iluminación en los sectores y barrios de las ciudades ecuatorianas se debe a la falta de una energía eléctrica barata, fluida y constante que en estos siete años de revolución ciudadana (2007 – 2014) están intentado suplir con la construcción de centrales hidroeléctricas.

Para los próximos dos a cinco años entrarán en funcionamiento 8 megaproyectos, el más importante de las cuales será la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, que permitirá la independencia energética del país e, incluso, exportar energía y no abastecerse de combustibles caros como el gas y el petróleo. Esto ha sido prioritario en todos los gobiernos de Rafael Correa.

En el país son conscientes, y no poco, de que el turismo, nacional y foráneo, es una fuente de riqueza, y cuanta más tranquilidad y seguridad haya en Ecuador mayor será el flujo de turistas. Tampoco olvidan que América Latina tiene una imagen de región violenta por culpa, principalmente, de la violencia usada por los ladrones que no dudan en emplear armas de fuego en todo tipo de robos. En España, diría que también en el resto de Europa, Canadá, Australia, Japón, no se entiende tanta barbarie criminal en los atracos, tanta injustificada crueldad con las personas, tantos asesinatos, tanto desprecio por la vida humana y, encima, sus gobiernos no hacen nada para impedirlo ni en el presente ni en el futuro; esta es la otra visión de América Latina: la inacción administrativa por el que es conocida la región atribuida a la corrupción policial, judicial y funcionarial. Como ya he dicho el gobierno ecuatoriano no está dejando títere con cabeza en esta cuestión.

La última apuesta en seguridad en Ecuador ha sido integrar el sistema de telefonía de emergencias nacional, ECU 911, con cámaras de videovigilancia en todas las ciudades y pueblos de diez mil habitantes, todo con tal de prevenir un delito.

No en vano a este cambio de mentalidad de garantizar “vivir sin miedo” también lo llaman Revolución Ciudadana. En esto, me parece a mí, que se están diferenciando del resto de América Latina.

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