Viaje a las tinieblas del pasado ecuatoriano [300113]


Título 'Viaje a las tinieblas del pasado ecuatoriano'
Imagina que quieres explicar tu vida pasada con alguien y, para reconstruirla, sólo cuentas con un puñado de recuerdos, una colección de fotos y un vídeo antiguo como vivencias imperecederas que conservarás hasta el final de tus días.
“Un 8 de enero de 1988, cuando tenía 10 años de edad, mis padres decidieron irse de vacaciones y dejarme al cuidado de mis hermanos Santiago de 17 años y Andrés de 14. Ese día yo tenía una fiesta infantil y ellos debían buscarme por la tarde. Llegó la noche y el resto del amanecer estuve parada en una ventana, esperando. Nunca llegaron. Luego de un año de desconocimiento y angustia descubrimos que ese día mis hermanos fueron secuestrados, torturados, asesinados y desaparecidos por la policía ecuatoriana, sin razón alguna”.
La directora del documental Con mi corazón en Yambo reconstruye uno de los más sonados casos contra los derechos humanos ocurridos en Ecuador, junto al asesinato de la profesora Consuelo Benavides en diciembre de 1985, ambos ocurridos bajo la presidencia de León Febres Cordero (1984 – 1988), con la aplicación de la Ley de Seguridad Nacional, de contenido anticomunista emulando la Doctrina de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, para reprimir las huelgas y manifestaciones estudiantiles y ciudadanas que se producían contra las leyes económicas promulgadas por dicho gobierno, que aumentaban los precios de los productos de primera necesidad así como el combustible y, por ende, el transporte público; huelgas, además, que llegaban a paralizar el país. Ya entonces se produjeron varios muertos, centenares de detenidos y decenas de desaparecidos (enero de 1985).
Apenas recuerdo el documental así que he tenido que rehacer una percepción del mismo con los pocos tuits que publiqué en su día, las críticas de la película y lecturas del contexto social de la época para estimular la memoria. En cierto modo emulando al documental, realizado con recuerdos de los protagonistas, recortes de prensa y grabaciones audiovisuales.
Al finalizar el documental me quedé con la sensación de que no esclarecía todos los hechos centrándose en la memoria de una familia acomodada trastocada por la desaparición de dos de los suyos: los hermanos de la propia directora.
afiche CONSUELO BENAVIDES

Casi todo lo que se sabe del caso Restrepo se basa en las declaraciones de un ex-policía del SIC-10 (Servicio de Investigación Criminal): Hugo España. El SIC-10 se creó en 1975 y empezó a operar en 1984, como unidad antiterrorista clandestina (un equivalente a los GAL españoles), para luchar contra el movimiento urbano insurgente, y armado, Alfaro Vive Carajo (AVC), activo entre los años 1983 y 1988 cuyos integrantes eran, mayormente, universitarios mezcla de personas pudientes y clase media concienciada, preocupados por la situación social y democrática de Ecuador. Nunca pretendieron atentar contra las personas con bombas o cometer delitos de sangre como la criminal ETA en España; sí hubo robos bancarios para financiarse y secuestros con la misma idea. Querían “presionar” a los gobiernos ecuatorianos en favor de las clases desfavorecidas; cambiar sus políticas económicas. Firmaron un acuerdo de paz en 1991 y pasaron por la historia sin pena ni gloria, con la imagen de “terroristas” en los medios de comunicación, ante una sociedad atemorizada, con razón, por la policía.
“Usad las armas. Ya saldrán las cotorras nuevamente a clamar por los derechos humanos. Pero por los derechos humanos de los asesinos, de los delincuentes, de los terroristas, de los violadores, y de los secuestradores, que también tienen derechos humanos y que los vamos a respetar, pero a nosotros nos preocupa más los derechos humanos de esa ciudadanía que está aquí [mira a su alrededor toda una zona de casas pobres de ladrillo] inerte, inerme ante la acción de la delincuencia y de quien está detrás de los verdaderos franquis… ten [no se entiende qué dice en el vídeo], y de quien está detrás de esa delincuencia.
Porque si una mínima porción, infíma porción, la porción podrida de la ciudadanía, tiene que caer abatida tendrá que caer abatida, y, repito, esto no es orden de tirar a matar, esto es orden de tirar a vivir. Porque con ese abatimiento van a vivir los niños, las niñas, las mujeres y los hombres humildes de esta ciudad”.
Discurso del gobernador del Guayas, Jaime Nebot, en 1985, con la creación de los “escuadrones volantes”, un grupo especializado de la policía en temas subversivos que, en la practica, detenía a cualquiera que le pareciera sospechoso (joven con mochila y greñas era candidato idóneo); solía aplicar la tortura.

 Escuadrones volantes 1985 (fotograma)Fotograma del vídeo https://www.youtube.com/watch?v=lGkBUKOOlxE


El SIC-10, junto a los famosos Escuadrones Volantes (creados en mayo de 1985) y miembros de la Armada o Fuerza Naval participaron en torturas, asesinatos y desapariciones. La Comisión de la Verdad, creada en 2008 para investigar las denuncias de violaciones de los derechos humanos en Ecuador entre 1984 y 2008, estableció un total de 456 víctimas, 118 de lesa humanidad; más de la mitad de ellos cometidos en el gobierno de Febres Cordero (1984 – 1988) y, en el 50% de los casos, por miembros de la policía nacional ecuatoriana. Hubo un año demencial, 1987, donde hubo 167 víctimas, el 37% del total [1984 – 2008].
El informe final de la Comisión se tituló: “Sin verdad no hay justicia”. Ese es el eje inicial del documental que persigue la estela de la señora Luz Elena Arismendi, madre de los hermanos Restrepo: “Buscamos dos cosas, la verdad y que no haya ni un desaparecido más”. Su imagen, difundida en prensa y televisión, por las calles de Quito preguntando por el paradero de sus hijos caló en la opinión pública de la época. Murió en accidente de coche en 1994.

Informe Comisión de la Verdad - Ecuador 2010 (yumpu.com_es_document_view_23999976_cdv10-relato-casos-tomo4-13)


 

El documental se explaya, entonces, en un panegírico a los progénitores en su incansable lucha semanal, desde marzo de 1989, en la plaza de la Independencia, frente al palacio de Carondelet, sede del gobierno ecuatoriano, por exigir justicia una vez deducen la infame verdad; se revuelve de asco al descubrir que la subteniente de policía Doris Morán, que ofreció apoyo moral a la familia y fue refugio de sus cuitas, en realidad, elaboró un retorcido informe sobre los hermanos Restrepo acusándolos de drogadictos, alcohólicos; al mayor de insurgente de izquierdas al tiempo que mantenía las esperanzas de los familiares señalando que sus hijos estaban vivos en un repugnante engaño que duró 9 meses. Se trataba de que no armaran escándalo público. No sólo vieron sus mentiras, sino también la clase de alimañas que trabajaban en el estamento policial: “En julio de 1988 se encontró un zapato de tipo mocasín […] marca Bossi. El zapato pertenecía a Carlos Santiago, pero presentaba desgastes en la suela y el taco, lo cual llamó la atención de su madre y de la empleada de la casa quienes reconocieron la prenda porque el 8 de enero era la primera vez que se los ponía. A partir de este hecho, se resolvió no enseñar ninguna evidencia a la familia”.
La familia,  con el padre, la hija y una prima periodista, si no recuerdo mal, a la cabeza, toma la decisión de grabar todas las conversaciones telefónicas que mantengan con la policía e informantes anónimos. Solicitan una investigación profunda, y sólo consiguen más mentiras al concluir la policía nacional ecuatoriana que los jóvenes murieron en accidente de tráfico en junio de 1990, en una laguna llamada Yambo, a dos horas de la capital.
Protesta familia Restrepo Arismendi (El Universo)Imagen de los padres de los adolescentes Restrepo exigiendo justicia y verdad con la desaparición de sus hijos

La madre, Luz Elena Arismendi, se entrevistó con toda la jerarquía eclesíastica del Ecuador para obtener su apoyo frente a lo que consideraban un crimen de estado. Sólo el entonces arzobispo de Cuenca, Luís Alberto Luna Tovar se manifestó públicamente a favor de la tesis defendida por la familia Restrepo Arismendi. Quien haya visto el documental Alfaro Vive ¡Carajo! Del caos al sueño (2007) comprenderá por qué.
Todos los miércoles se emplaza la familia reclamando encontrar los cuerpos y quiénes fueron los asesinos; se toparon con la inacción del poder ejecutivo y con un Estado impertérrito. Nada más elocuente, de verguenza ajena, que la entrevista al expresidente Sixto Durán Ballén (1992 – 1996) el cual mantiene un rígido silencio a las preguntas directas de la directora Maria Fernanda Restrepo mientras suenan, de fondo, composiciones de música clásica, estilo artístico predilecto del vejestorio mandatario. Dejé de mirar a la pantalla para no ver aquel rostro pétreo que observaba a la cámara como si no existiese el mundo.
En 1998 el estado ecuatoriano reconoce su culpabilidad en la desaparición de los hermanos Restrepo así como de la profesora Consuelo Benavides. No será hasta 2008 cuando reciban ayuda estatal al ordenar el presidente Rafael Correa la investigación en la laguna de Yambo y la desclasificación de documentos secretos policiales. La familia Restrepo Arismendi entiende que la lucha por exigir justicia ha llegado a su fin y honran dicho reconocimiento a Rafael Correa tal como expone el señor Pedro Restrepo, padre de los adolescentes desaparecidos. 20 años luchando enarbolando un sencillo cartel de protesta, “Con mi corazón en Yambo“, pero un aguijón en el ojo de los gobiernos ecuatorianos que no podían quitárselo de la vista: recordatorio viviente de su abyecto comportamiento.

En el aire queda la pregunta final: ¿Por qué los asesinaron?. Se establece la identificación de muchos implicados excepto uno apodado “el chocolate”. Hoy día prosigue la investigación acerca de quienes fueron los autores materiales e intelectuales.
El documental no incide tanto en la crítica social, no trata de ser análisis histórico ni tampoco el hilo principal es mostrarnos una investigación exhaustiva: es un postrer recordatorio de la volatilidad de la memoria humana y su visible ausencia. Al final somos recuerdos en las vivencias de los otros. Ese es el presente que no hay que olvidar.
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