Extranjero eres y en gringo te convertirás [290113]


21 - Cevichería Don Mechas (ceviche_camarón y mero_5$_Zapotillo, Ecuador 2013)

Estaba próxima la hora de la cena en Ecuador, hacia las seis de la tarde, y pensé que no sería mala idea intentar comer algo. Pregunté al dueño del restaurante qué platos tenían, pero estos se limitaban al cebiche de camarón y mero, 5$, aparte la bebida, pilsener o cola solamente. Me apetecía probar; parecía un sitio limpio y con aseo en caso de necesidad, pero no tenía agua. Aquello me desalentó.

La cebichería tenía dos pisos, así que las vistas debían ser magníficas desde la planta superior además de gozar del aire más fresco. Estaba dudando si aceptar el menú propuesto en Don Mechas; finalmente, lo descarté. No podía meterme otra cerveza en el cuerpo ni tampoco una bebida azucarada en las condiciones físicas en las que me hallaba tras 3 días sin probar apenas bocado. ¿Cómo es que no tenían botellines de agua? Lástima. Está escrito que no voy a disfrutar de Zapotillo.

Me despedí en medio de una turba de niños, salidos del interior de la cebichería, atentos a la conversación mantenida por aquel extranjero y sus familiares. Correteaban por la terraza y su algarabía esfumó la quietud del lugar. Al verme marchar formaron una piña y, con expectación incontenible en sus caras, aquella troupe se desplegó en semicírculo. El más adelantado, un renacuajo de 5 o 6 años, me preguntó de dónde era. “Vengo de España”.

Aquella respuesta no satisfizo la curiosidad de aquella decena de niños y muchachas de variopinta edad. Ninguno llegaba a la adolescencia. Explique los motivos del viaje y respondí algunas preguntas. Tras un rato sin apenas interrupciones observé que mantenían un extraño silencio al tiempo que cuchicheaban.

El valiente se alzó y me pidió que hablara en inglés; me desconcertó. Llevaba el tiempo suficiente conversando con ellos como para pensar que se habían dado cuenta que hablaba un español nativo. Protesté razonando que nos entendíamos en la misma lengua, aunque con distinto lenguaje, léxico y sintaxis. Una chica, parecía la más mayor del grupo, se aproximó y me miró directamente con una sonrisa: “Por favor, habla en inglés”. Mi último argumento sonó apagado: “Pero…, pero… si hablo español igual que vosotros”. Sus rostros ansiosos se mantenían alerta; sus experiencias pasadas les empujaron a pensar que aquel extranjero hablaría con una voz que ellos habían conocido tiempo atrás, y sus intuiciones les persuadieron que yo tendría idéntico sonido. Vaya sinestesia emanada de una imagen: estaba atónito. Sí que era verdad lo que me dijo Adriana en Guayaquil: “Se nota de bien lejitos que tienes aspecto de gringo”. Aquellos niños habían encontrado una lampara maravillosa en sus desiertas playas, la frotaron y pidieron al genio un deseo común.

El escritor y viajero Paul Bowles viajó a Ceilán, actual Sri Lanka, en la década de 1930. En su libro de relatos “Cabezas verdes, manos azules” (1957), menciona la reacción que produce entre los cingaleses cuando éste les pregunta en inglés:

Sus facciones se retraen en una expresión de agradable contemplación, como si tu voz fuese un recuerdo agradable pero lejano que le acaba de venir a la memoria y considera que merece la pena saborearlo brevemente”. (*)

Por favor”, repitió la jovencita con medio tono de súplica y otro medio cariñoso acompañada por un coro de máscaras silenciosas con sus miradas atentas. Teatro irresistible para cualquier espectador. “Está bien, pero antes pronunciaré otros idiomas para que notéis que en el mundo no existe sólo el inglés”.

Durante un par de minutos dije frases breves, palabras sueltas en francés, ruso, neerlandés, italiano, sueco, catalán, alemán; concluí con el japonés: “Moshi, moshi” haciendo el gesto de descolgar el teléfono para atender una llamada. Risas breves empero seguían esperando. No soy ningún experto hablando en inglés; me manejo con lenta suficiencia y tengo una buena pronunciación. Elaboré frases sencillas donde resalté la importancia de hablar este idioma para comunicarse con el resto del mundo. Podía haber hecho una presentación interactiva con ellos del estilo: what’s your name?, etc. pero, simplemente, no se me ocurrió.

Tras unos minutos sus caras reflejaban extrañeza. Enseguida caí en la cuenta que mi acento era “brit” y no “american”. Eso iba a ser complicado de imitar, no estoy acostumbrado al habla norteamericana. Además, en Estados Unidos tienen varios acentos preponderantes según la costa este/oeste, el sur, pero algo común que tienen es hablar como si masticaran un chicle y pronunciar la erre. Esta es la diferencia rápida y acusada con la pronunciación británica que distinguiría un no angloparlante, y eso que el escocés también tiene una sonora pronunciación y viven al lado de los británicos. Intenté emular el inglés americano sin ver en sus frentes aquello que ansiaban; por educación sonrieron un poco. Sus caras se alegraron cuando exageré el acento americano. Finalicé excusándome con cara compungida:

I’m so sorry, but I don’t talk american english and I can do nothing right now. Many years learning and listening to British accents. Just this”.

En Ecuador la influencia estadounidense se percibe desde las señales de tráfico, un calco, hasta los diseños arquitectónicos como puedan ser un zoológico. Por ejemplo el Parque Histórico de Guayaquil es casi idéntico a otros existentes en Florida; los desayunos de los hoteles suelen ser tipo estadounidense, y en las zonas turísticas es habitual en hoteles de cualquier categoría; los centros comerciales se construyen con similitud a los de EE.UU. y suelen recibir el nombre de “Mall”; el anglicismo es corriente, se implanta desde la construcción sintáctica de las frases hasta la morfología de los nombres en inglés de sus ciudadanos: suena a extranjero y eufónico, es decir, suena mejor.

Hay muchos más detalles en Ecuador, sobre todo la arquitectura y la urbanización de las ciudades, por los que un norteamericano sentirá más que el europeo que no está lejos de casa, aunque no sea fácil adaptarse tal como explican en el blog www.gringosabroad.com una familia canadiense que ya llevan 5 años viviendo en el Ecuador.

Los estadounidenses son el segundo grupo más numeroso de turistas en Ecuador desde hace años; muchas organizaciones de ayuda y cooperación son de ese país, algunas instaladas desde los años 1950, si bien la presencia estadounidense se remonta al siglo XIX y es primordial en la construcción del ferrocarril entre Guayaquil y Quito (1899 – 1908).

22 - Turismo cifras Ecuador (mayo 2014)

La emigración ecuatoriana es otro factor por donde la cultura y las costumbres estadounidenses han incidido en Ecuador, perceptible, sobre todo, en las modas juveniles, las pandillas callejeras, las prendas de vestir y, claro está, el cine comercial remata la faena.

Estados Unidos tiene un prestigio económico, tecnológico y político en amplias capas de la población ecuatoriana que, por otro lado, carecen de más referentes mundiales otorgando a los estadounidenses la exclusividad del ser extranjero. Es lógico que los chavales pensaran que yo era un estadounidense. A ojos de aquella chiquillería mi aspecto físico era el de un gringo, y los gringos… hablan en inglés. Just this.

(*) “Cabezas verdes, manos azules”, Paul Bowles (1957), Editorial Alfaguara (1991).

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