La inexistencia en Zapotillo [290113] (3/3)


Un señor, sobre los cincuenta, se acerca a la mesa donde el dueño de la tasca y yo conversábamos; el joven me explicaba algunas implicaciones que tuvo la confrontación bélica entre Ecuador y Perú en 1995, la llamada “guerra del Cenepa”. El señor se sienta a nuestro lado y le pide al joven una pilsener, a continuación se queda allí sentado sin decir ni mu.

Tras un par de minutos en que ambos miramos el parque le pregunto si es de Zapotillo. “Sí”, dijo despejando toda duda y toda conversación. Tras otro par de minutos me pregunta si estoy viajando por Ecuador. Mi contestación es más larga desgranando los beneficios que han supuesto los gobiernos de Rafael Correa. Ni caso, como si hablara al viento. Durante la media hora que estuvo sentado fue un suplicio su presencia la cual se debía exclusivamente a su materia.

Intercambió tres breves preguntas con el joven regresando a la cueva de las palabras escondidas. Me preguntaba qué coño hacía allí sentado, en categórico silencio, si no había venido intrigado de ver a un extranjero en el pueblo.

12 - Una vivienda típica pero con la techumbre metalizada en vez de tejas (considero) - Zapotillo, Ecuador, enero 2013

Pasan los minutos como horas a su lado; probé a intentar conversar de nuevo comparando las situaciones socioeconómicas entre España y Ecuador. Le dije que veía el futuro de España en el pasado de Ecuador: aumento de la pobreza, recorte de sueldos, rescate bancario y leyes prioritarias y favorables a las empresas y a los ricos. Parecía un calco.

– ¿Es usted de España?

– Sí.

– Yo estuve trabajando en la construcción hasta el año pasado que regresé. No había trabajo. Ahora estoy en albañilería, pero los sueldos que se cobran son bastante inferiores.

– ¿Cuánto cobra aquí y cuánto cobraba en España?

– Aquí pagan 360$ al mes, es lo máximo que los constructores dan; en España ganaba el triple al menos y las condiciones de trabajo son más duras en Ecuador. Más horas, las horas extra no se cobran; sin duchas ni lavabos.

Comprendía su punto de vista; estoy en una región plagada de campesinos que siempre ha sido pobre. Los lugareños de la provincia de Loja, esto es, una comunidad autónoma o región, han sido fuente de emigración constante toda su vida. La provincia amazónica de Sucumbíos, fronteriza con Colombia y donde se descubrió petróleo a finales de los sesenta, debe el nombre de su capital, Nueva Loja, a las oleadas de inmigrantes ecuatorianos venidos de la otra punta del país atraídos por las promesas de tierras gratuitas.

Zapotillo, en particular, también disponía de su currículo personal tal como nos cuenta el articulista César Hermida en el diario El Tiempo (07/01/2013) 1:

“Hace poco más de 40 años, Zapotillo, en la frontera con el Perú, estaba muy lejos. De Loja a Celica el viaje tomaba seis horas en bus, de Celica a Zapotillo cuatro si alguien se comedía en llevarle, pues no había servicio regular de transporte. Era un pueblito de unos 1.000 habitantes.

[…] Todas las casas tenían portalitos. El parque con pocas plantas de flores estaba rodeado por una ancha vereda periférica de baldosas. Entre éste y el río se hallaba el convento con una pequeña y vieja iglesia junto a la cual otra, inconclusa, era un lamentable ejemplo de la desidia que sufría la periferia social y geográfica. […] Pueblito abandonado por el Ecuador, en donde la mayoría de personas habían visitado Sullana, Piura e incluso Lima [todas ciudades peruanas], pero pocas conocían Loja, peor Cuenca o Quito. […]

Viajar hasta allí en auto era como una pesadilla llena de angustias por el carro atrapado en el fango, o con daños mecánicos, con frío en las esperas, con caminos que se perdían en las encrucijadas sin nadie que guiara.

Zapotillo es hoy un hermoso, próspero y turístico cantón con 12.312 habitantes, de traficadas calles pavimentadas, a donde se llega por excelentes caminos asfaltados, sea por Celica o Macará desde Loja, o por Arenillas desde Machala.   Es un ejemplo de los innumerables cambios sucedidos en los últimos años”.

El hombre ha terminado con su cerveza, su conversación y su presencia. Se marcha sin decir ni mu. Caray, qué paz mental cuando se fue. Seguro que es un buen tipo, pero qué imagen de sangripesado.

Mi birra se había calentado un tanto con el bochorno y ya no me apetecía tomar el resto. Me levanté para dar una vuelta por el pueblo con la mochila pesando 5 kilos y medio. Parece poco, pero mortificaba su traslado a la espalda bajo aquel tórrido sol.

Busqué la sombra arbórea de la plaza, entré en la iglesia que hay enfrente y, luego, seguí recorriendo unas pocas calles más. Aquello era el infierno de los cristianos, por lo que aproveché un locutorio telefónico para conectarme a internet y enfriar la piel y los huesos. Esperanzas vanas, los ventiladores no equivalen a los climatizadores.

13 - Mototaxis para moverse por el pueblo (Zapotillo, Ecuador, enero 2013)  14 - Iglesia de Zapotillo (Ecuador, enero 2013)

16 -Cristo suspendido en el aire en la iglesia de Zapotillo (Ecuador, enero 2013)

18 - La sede del partido ARE (aliado de PAIS) - Zapotillo, Ecuador, enero 2013

19 - Casa tradicional de Zapotillo (Ecuador, enero 2013)

20 - Almacén Carrita y hotel al fondo (Zapotillo, Ecuador, enero 2013)

Empecé a buscar en google información sobre horarios del documental “Con mi corazón en Yambo” en el cine Ocho y 1/2 de Quito, además de localizar hoteles y hostales. Tenía, ante mí, una tesitura de pésima resolución.

Zapotillo me había encantado y quería quedarme a pasar una noche cenando y descansando no sin antes contemplar el cielo al anochecer, que intuía colorido y estrellado, lejos de cualquier contaminación lumínica, en un clima seco exento de nubes que me permitiría ver el universo galáctico. Estaba seguro que este pueblo me reanimaría, pero, mañana miércoles, tenía que estar en Quito para ver el documental “Con mi corazón en Yambo”, en la sala cinematográfica Ocho y 1/2. Era la último pase en Ecuador donde llevaba año y medio exhibiéndose.

Cuando vine a Ecuador traía un presupuesto de 1.220$ que consideré suficiente para un mes con una media de 40$ por día, pero al abandonar Guayaquil tuve que desprenderme de 200$ mermando alternativas de viaje como era el caso.

La primera opción era pernoctar en Zapotillo y, al día siguiente, ir al aeropuerto de Santa Rosa; el pero estaba en las 5 horas de transporte hasta aquella ciudad y el costo del vuelo. A su favor tenía el enlace directo hasta Quito ahorrándome 10 horas de traslado.

La segunda era coger el autobús que salía a las siete de la noche hacia Guayaquil; allí comprar un boleto de autocar hasta Quito. Estábamos hablando de unas 20/21 horas sumando ambos trayectos, 10 horas hasta Guayaquil con llegada hacia las 5 de la madrugada y 11 hasta Quito llegando sobre las tres y media de la tarde. Otra opción era bus hasta Guayaquil y avión hasta Quito.

Al salir del locutorio tienda, tras cálculos de horarios y dinero, la conclusión era que si que me quedaba en Zapotillo no llegaría a tiempo de ver el documental, incluso trasladándome en avión por el horario de los vuelos sumado al tiempo que tendría para encontrar alojamiento. Por otro lado, esta solución era relativamente cara: suponía unos 120$ (cena y estancia en Zapotillo más vuelo). Debía pensar en las tres semanas que tenía por delante. Tocaba ahorrar en el peor momento. Si llego a tener los 200 dólares seguro que me quedo; no tenía ningunas ganas de viajar.

17 - Árbol de extraño tronco doblado, Zapotillo, Ecuador, enero 2013Árbol junto al río Chira (Zapotillo, Ecuador 2013)

A las cinco de la tarde estaba parado en mitad de la calle, el sol seguía incandescente aunque el calor se había amortiguado. Apesadumbrado por la decisión tomada me fui a refrescar los pensamientos junto al río Chira. Todavía quería quedarme. Zapotillo no se mostró dolida con la elección, por el contrario, me ofreció un recuerdo como magnífico regalo de despedida.

– – –

(1) http://www.eltiempo.com.ec/noticias-opinion/6385-zapotillo/

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