La gallada del barrio Cuba [260113] (2/4)


Una pequeña pelota, con su mitad sobresaliendo del borde de la mesa, no caerá, aunque ese sea su destino, por más que nuestros dedos, animados, se coloquen debajo atrayéndola.

El azar, que tanto nos distrae cuando se presenta, quiso que supiera de la existencia del C. S. D. King en el barrio Cuba. Según la teoría del caos yo tenía una probabilidad de conocer dicha agrupación de veteranos.

El presidente Correa decidió venir todos los sábados a la urbe porteña mientras durase la campaña electoral; Raúl me dijo que Correa estaba en la ciudad el mismo sábado unos minutos antes de mi partida; por mi propia voluntad pospuse el viaje, un día más, asumiendo el riesgo de ir a un barrio de fama desigual.

Verdad es que el presidente pudo haber elegido otro sector de Guayaquil; yo podía haber viajado a Ecuador una semana antes y Raúl no haberme dicho nada. Había, pues, un 50% de probabilidades, pero si añadimos que el plan primigenio del viaje era irme de Guayaquil el jueves o el viernes se entenderá que el destino poco tuviera que ver aunque, efectivamente, estábamos destinados a encontrarnos aquella gallada y yo.

Tras cruzar la avenida Domingo Comín, antes avenida Cuba, me doy de bruces con la esquina de un local que porta un intrigante título colgando encima de sus puertas abiertas: “C. S. D. King”.

Cartel C.S.D. King (1955) barrio Cuba (GYE)

Me planto delante mirando aquel garito sin estar seguro de fotografiarlo. Afuera hay unos muchachos, de respetable edad, sentados, ora paliqueando ora ensimismados; dentro otros cuantos juegan a las cartas. Trato de captar el instante antes de que se fijen en mí. Alguno ya me ha visto cuando alzo la cámara fotográfica; luego veré, en la foto realizada, que otro, con camiseta blaugrana, incluso me saluda.

36 - C.S.D. King (1955), Barrio Cuba (GYE)Julio sentado a la derecha; Beni aparece con la mitad del rostro y el barcelonista se parece a alguien del Cafetín. Si ven la foto algún día espero que les guste un detalle.

Me llama con un gesto de la mano el más contemplativo de los muchachos: se llama Julio. Al igual que pasase con la peña del Cafetín tampoco tengo más nombres. No quería que sucediese de nuevo, pero ese chiquillo alegre que es Beni (inventado), con su camiseta estampada de mangas largas, me invitó a un whisky, me presentó al personal de corrido; me enseñó el interior; los jugadores, “juegan al rume” (un juego de cartas, ¿tendrá que ver con el rummy?); uno de ellos, el barcelonista, se parecía a alguien de la peña del Cafetín; por último Beni me cedió un taburete y a beber un trago sentado al aire libre. Como debe de ser.

Aquello enseguida se desmadró: el líquido espirituoso corrió por unas cuantas bocas y nos animamos. Era sábado por la tarde a media hora de anochecer; autos movilizando a simpatizantes de PAÍS ya llegaban y descargaban gente; empezó a sonar música a todo trapo, desde la tarima, con animadoras bailando y alegrando la vista; finalmente, un extranjero rompiendo la rutina con unos veteranos y la misma predisposición a farrear que ellos.

39 - Asociados del C. S. D. King (Club Social Deportivo King, 1955) posando para una foto (barrio Cuba, GYE 2013)

En ese ambiente fueron acercándose otros convidados. Beni me indicaba quién era quién, y también me exhibía. “Mira, aquí tenemos un español”, le dijo a un señor peruano de rostro andino. “¿Español? Aaah, se va a la huevada”. Carcajadas. Beni era la fiesta personificada: conocía a todo el mundo.

Una mujer negra, en la treintena, que pasaba por allí cerca miró de soslayo a aquel grupo; Beni la reconoció y la llamó. Nos presentan. Tras un breve cruce de palabras suelta a bocajarro Beni: “¿Una mamadita a éste?”. La chica se lo queda mirando con cara de póker. Se giró hacia mi con cara de pocos amigos.

– ¡¡¡¿Qué…?!!! ¡No, no!… Yo no… No he dicho nada. En serio – dije. Estaba tan sorprendido como ella.

Beni se gira hacia mi y se ríe en mi cara; algún otro socio también se descojona. Beni me dice por lo bajini que es una buena vecina que trabaja de puta; la mujer parece oírlo pero no niega su afirmación.

– Lo que este señor y yo tengamos es cosa nuestra –. Se defendía con aplomo ante las risas contenidas. Cuando vio que todo era un choteo abandonó cualquier intención de explicarse.

– ¡Se van a la verga con esa vaina! – dijo ante las risas generalizadas. Qué peña. Como había actuado de comparsa comprendía su amor propio.

Nos lo estábamos pasando bien: alcohol en su grado justo, mucho cachondeo, algo de historia, algo de política. Julio no profesaba aquella religión; para él, desde que gobierna Correa, los ciudadanos ecuatorianos se sienten respetados: jubilaciones más altas acordes con el nivel de vida y conforme los años trabajados; acceso gratuito a la medicina y construcción de ambulatorios cercanos más modernos. El resto de veteranos también reconocían esas labores, sobre todo los aumentos de las pensiones.

40 - Benny y un buen amigo suyo quizás peruano, barrio Cuba - CSD King (1955)

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