LA CHICA DOBLE DEL MERCADO CARAGUAY [260113] (2/2)


Menuda sorpresa me llevé al enterarme que el presidente Correa estaba en Guayaquil. Si Raúl no hubiese mencionado nada en quince minutos estaría camino de Huaquillas y todo lo que cuento no habría sucedido. Es verdad que nada de lo que escribo es importante para el devenir de los lectores aunque me acojo a su benevolencia y su imaginación: nunca sabes cuándo va a empezar una aventura; tampoco si puedes elegir participar.

Pensar que leí, meses antes en la prensa, que Correa haría campaña todos los sábados en la urbe porteña. Preguntamos a uno de los manifestantes a qué hora sería el mitin. A las cuatro.

Era una oportunidad única de ver al presidente en su salsa, es decir, en su país, sin aditivos ni colorantes ni composturas. Ya lo había visto en Barcelona, pero intuía que no sería lo mismo. No tenía tiempo para meditar el riesgo de un gringo solo por el Guasmo.

Decidí cambiar de planes y asistir; presupuse que la visita del presidente iría acompañada de fuerzas de seguridad y simpatizantes, que ofrecerían un cobijo en caso de percance con posibles ladrones o vete a saber qué. Además, estaba la circunstancia de que el barrio Cuba se ubicaba en el extremo norte del Guasmo, quizá menos peligroso.

Pedí a Raúl que me dejase por el centro de Guayaquil pues ya sabía en que hotel pernoctaría. La falta de intimidad en su casa impelía que ambas partes estuviéramos de acuerdo, tácitamente, en la idea.

04 - Librería Cervantes (Guayaquil, 2013)

Librería Cervantes (centro de Guayaquil)

Me despedí de ellos sabiendo que no nos veríamos hasta mi regreso el mismo domingo 17 de febrero. Me fui directo al hostal Murcia; me inscribí y, en el momento del alojamiento, pude comprobar la seguridad del hostal con cámaras en los pasillos y, también, a la entrada de la habitación. Un tanto exagerado pero no hice observación alguna.

Descansé y puse la tele un poco; me enteré que esa noche emitían, por el canal público ECTV, un documental dramatizado sobre Eloy Alfaro. Tenía tiempo de sobra para estar de vuelta a la hora programada de las diez de la noche.

Cogí un taxi sobre las tres y media cerca de la zona de Bahía, por la avenida José Joaquín de Olmedo y me dirigí a la plaza Caraguay. Iba con aprehensión, pero había que arriesgarse. Merecía la pena estar en aquel mitin.

El taxista me informó que me dejaba frente al mercado Caraguay; no entraba hasta la plaza. Dijo que era mejor, por mi propia seguridad, no alejarme del mercado municipal, y añadió que preguntase a los policías, que estaban en una caseta de vigilancia junto al mercado, si era seguro ir hasta la zona de reunión entre los candidatos políticos y la gente. Estos me indicaron que mejor aguardara antes de encaminarme hasta la plaza Caraguay, y que volviera a preguntar dentro de media hora.

No tenía ni idea de dónde estaba; qué edificios y calles rodearían el mitin, qué gente me encontraría andando y cómo regresaría luego al hostal. Tenía claro que no pasaba desapercibido; mi confianza estribaba en aprovechar el evento. Supuse que habrían patrulleros por todas las calles adyacentes con la misión de organizar la protección del presidente; el tráfico rodado y el gentío que se presumía vendría. Esa era mi esperanza.

05 - Comercio en el interior del mercado Caraguay (Guayaquil, 2013)

06 - Interior mercado Caraguaya - Protéicos, genéricos

07 - Ají (mercado Caraguay, Guayaquil 2013)El picante ají

El mercado Caraguay estaba prácticamente vacío; la mayoría de los tenderos habían echado sus toldos; una minoría recogía sus pertenencias. Eran las cuatro de la tarde y la iluminación artificial daba paso a la solar, la cual era suficiente para guiarse por aquel entramado de pasillos. Qué gusto daba poder fotografiar sin que nadie lo impidiese ni le importase. Caminaba ligero entre las pocas gentes que permanecían en sus puestos buscando alguna imagen interesante.

Tras unos cuantos giros vi un puesto de frutería donde dos adolescentes se inclinaban sobre una bandeja de frutas. Me maravilló la ordenada colocación piramidal de todo aquel innumerable manjar. Las fotografié buscando un plano general que describiera la ubicación y el trabajo de las comerciantes.

08 - Las chicas de la frutería del mercado Caraguay (la doble)

Alzaron, entonces, sus caras hacia mí y una de ellas atrajo, ipso facto, mi atención. No pude evitarlo, me quedé anonadado por el extraordinario parecido de su semblante con mi fantástica amiga YV. Era igual que ella cuando la conocí adolescente, por primera vez, en un Salón del Cómic en Barcelona hace 15 años. Rondé por la parada preguntando el nombre de los frutos; remoloneaba a ver si conseguía fotografiarla en un acto natural. No quería una pose, pero ella no dejaba de seguirme con la mirada. La amiga, sonriente y curiosa, me preguntó por el motivo de mi visita al mercado. Expuse, sin explayarme, las razones. No tenían una opinión formada de Correa o su política en general; debían ser niñas cuando llegó al poder. No obstante aprobaron con agrado mis explicaciones y mi viaje por Ecuador.

09 - Puesto de frutería con la mitad de la chica dobleLa mitad de la chica doble

Me moría de ganas de fotografiar a aquella joven desconocida; deseaba tener una prueba para enseñársela a YV; aunque ha sido y es creyente de muchas fes es tan escéptica como el que más. Para apagar tensiones les pregunté si era segura la zona donde estábamos. Dudaban en responder mientras cruzaban opiniones y burlas: que sí que no; podían robarme o no. Entonces hice la pregunta directa a ella. Se me quedó mirando, pensativa, tal como lo hubiera hecho YV ante una cuestión que requiriese una verdad. Contemplé su rostro sin más voz que mi vista. No titubeó: “Es mejor que no salgas del mercado. No es seguro para ti. Espera a que lo diga la policía”. Me convencí que esa era la misma respuesta sincera que YV hubiese dicho. Respetaría su consejo. Me despedí de las chicas con unos gestos particulares de cabeza y mano.

10 - Puesto de pescadería en el mercado Caraguay

11 - Adivina adivinanza (mercado Caraguay)Adivina adivinanza, ¿qué sostiene en la mano este señor?

Seguí el recorrido charlando brevemente con algún comerciante más; al rato salí fuera de la estructura metálica para contemplar el río Guayas; continué por el pasillo exterior acercándome a la caseta policial. Todavía no se podía acceder al mitin. Di media vuelta y observé un Seat 124 rojo, aparcado al lado de la base hormigonada que sostenía la estructura metálica del mercado Caraguay. Su dueño conversaba con un minorista. Pensé que el tipo debió ser del partido Partido Roldosista Ecuatoriano por el color del coche. ¿Quién sabe? Me acerqué a ellos para hablar de las políticas de Correa; en fin, el objetivo del viaje era comprobar el pensamiento ciudadano de cara a las elecciones.

13 - Atunes (2) Mercado CaraguayAdemás de atún, también se vendía “Dorado fresco” (0,90$), Dorado (0,65$) y Guaju (1,05$)

“Ah, bueno, bueno”. Risas y alguna contestación seria; al igual que las chicas el hombre comprobó que no era un gringo cualquiera. Hablamos más en serio e indagué en sus motivos para votar a un candidato respecto a otro. Reconocía los progresos económicos del país; apuntó quejas y dirimimos una cuestión en particular: ¿a quién votaría en las elecciones? “Eso es secreto”, y se rió. Pero yo estaba dispuesto a sonsacar una respuesta; tenía edad sobrada para haber conocido todos los gobiernos ecuatorianos desde la vuelta de la democracia en 1979. En su opinión Correa se convertía en un candidato idóneo por el bien que había hecho en el país. Ningún otro lo superaba. ¿Y qué me dice de Guayaquil? Ah, el hombre se dividía. Nebot ejercía el mando con autoridad, pero también era quién había regenerado la ciudad. Le gustaba que se partiera los cuernos por Guayaquil e hilvanó un breve discurso sobre el nacionalismo guayaquileño. Me recordó a una señora barcelonesa que dividía su voto entre las elecciones al gobierno central y las autonómicas (regionales) de Cataluña.

Sin aminorar mi empuje inquisitivo intenté averiguar las razones que le llevaban a preferir a Jaime Nebot para la alcaldía de Guayaquil y votar en las presidenciales y legislativas a Rafael Correa. Se estableció un toma y daca porque el señor no se avenía a razonar su elección a pesar de mostrarme prudente en el diálogo. Si tenía razón, en que aquel hombre había sido votante del PRE, debía haber un razonamiento más profundo para votar a Nebot, en las elecciones municipales, a pesar de reconocer que Correa, y su movimiento social, habían beneficiado al Ecuador como ningún otro político antes que él. Algo se me escapaba.

14 - Exteriores del mercado Caraguay (Barrio Cuba, Guayaquil)Exterior del mercado Caraguay frente al río Guayas

Un policía vino hasta nosotros y me dijo que ya podía ir sin ningún problema: el camino estaba despejado. Lástima del momento. El señor del PRE sintió cierto alivio; me deseó que tuviera buen viaje y exclamó sonriente: “Ecuador es lindo hasta para un gringo”. El joven uniformado no sonrió; me acompañó hasta la salida; allí su jefe me indicó que fuese recto por la calle General Francisco Robles. Eran pasadas las cinco de la tarde y pensaba que el mitin ya habría comenzado. Iluso de mí.

– – –

Una lengua de vaca. ¿Una sonrisa?

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