Diarios, dineros, canillitas y cambistas [250113]


Aquella mañana del último día en Guayaquil le comenté a Adriana los deseos de ver la redacción de El Telégrafo y saludar a dos de sus colaboradores habituales. Pretendía, además, preguntar si estarían interesados en contratar a un extranjero que diera su visión del país durante estas elecciones presidenciales y legislativas. Adri dijo que estaba bien y me ofreció el teléfono fijo.
Antes de viajar a Ecuador intenté enviar, sin éxito, un mensaje a El Telégrafo mediante su formulario de contacto; entonces no tenían un correo electrónico genérico. Un captcha, para comprobar que era humano, no funcionaba, y no hubo manera de activar el botón de envío. Este era el mensaje original:

Logotipo de El Telégrafo (2014)

“A/a de quien corresponda,

Soy un lector español de su periódico y estaré en Ecuador, por segunda vez en 5 años, para comprobar los cambios sociales y económicos acaecidos desde que Rafael Correa es presidente.
Me encantaría, en la medida de lo posible, visitar la redacción de El Telégrafo y hablar con alguno de ustedes, en particular con el sr. Galarza Zavala y Oswaldo Ávila Figueroa.
Para ameritar mi propuesta sólo tengo un blog donde voy narrando aquel viaje de hace 5 años: kanquigua.wordpress.com
Estaré en Guayaquil el sábado 19 de enero y me quedaré hasta el jueves que iniciaré el recorrido que hice en su momento.
Gracias de antemano por su respuesta.”

La fecha inicial la cambié para el viernes y la idea principal era visitar la redacción, conocer a Jaime Galarza y Oswaldo Ávila (hoy día añadiría también a Guido Calderón), y luego, sondear la posibilidad de una colaboración temporal durante el tiempo que durase mi viaje; por supuesto tenía en cuenta que hoy en día se envían las redacciones por correo electrónico y podían no estar presentes las personas que quería conocer.
De todos modos, realizar una llamada telefónica para contactar con El Telégrafo no entraba en mis planes. A pesar de que Adri alentó esa posibilidad, y casi me convence, no tenía claro que una llamada fuese a abrirme la puerta de una redacción; un rechazo por escrito es más aceptable. Al final consideré que no tenía bastante material publicado en el blog para resultar interesante de cara a unos tipos con sus carreras universitarias a cuestas y curtidos en letras. Con ese pensamiento me fui de casa.
El edificio del Telégrafo lo conocí en mayo de 2007; me informaron que era el más antiguo de Ecuador con más de cien años; días más tarde, supe por la tele o la prensa, quizás la radio, que estaba en bancarrota o a punto de ser subastado. En ese momento pensé que sería una idea genial que el estado ecuatoriano rescatara el centenario periódico y lo pusiera en circulación. Quién mejor que quienes tenían una visión idealista y pragmática de la democracia; que representaban una evolución en la política latinoamericana de dignidad para todos sus ciudadanos. A pesar de mi ignorancia del Ecuador intuía que aquel viejo diario podía y debía ampliar el conocimiento de los ecuatorianos.

Portada El Universo (250314)
El Universo fue el diario que seguí desde 2007 para informarme de Ecuador hasta que me enteré de la salida de El Telégrafo que, con el tiempo, se convirtió en mi diario de referencia por ser más afín a su línea editorial y, también, por sus artículos de cultura sin dejar de leer El Universo; sin embargo, éste último periódico cambió la interfaz habitual por algo que asemejaba un blog hará algo más de un año; me disgustó tanto que empecé a leer otros diarios con apariencia de prensa y Expreso se ha quedado en el intercambio. La radicalidad de todo el diseño de cabecera, artículos, columnas y fotografías de El Universo fue tan brusca que los navegadores no interpretaban bien los esquemas (frames) y yo suelo usar Ubuntu como sistema operativo; la puntilla fue la hemeroteca: antes, en dos clics, se alcanzaba a leer un día cualquiera, mejor acceso que cualquier periódico español; ahora necesitabas tantos clics como años. Ni imaginar consultar 1990 desde 2014, 24 clics, más el mes más el día. No fastidies. Me sublevó tal regresión.

Portada El Telégrafo (250314) bis
Mientras tanto, El Telégrafo iba mejorando en su interfaz visual y funcional poco a poco, aunque también da algunos problemas de navegación cuando se usa Ubuntu, no así con los Windows. En mi opinión es una pena la hemeroteca: le queda todavía mejorar mucho (facilidad de acceso en clics y completar la base de datos).

Portada Expreso (250314)
Tras la conversación con Paco me acerqué al centro desde el San Marino (taxi, 3$), con la intención de ir a la oficina de Iberia en la avenida 9 de octubre, a un paso del malecón 2000, para confirmar que no había problemas de huelga en la fecha de regreso.
Iba por dicha avenida cuando, a tres manzanas del malecón, vi las oficinas de la casa de cambio Delgado-Travel. Entré y me informaron que el cambio actual del euro estaba a 1,01$ [25/01/2013], lo cual era notoriamente desventajoso para el turista europeo. Yo cambié a 1,25$ en el banco BBVA, en Barcelona, mientras que el cambio oficial estaba a 1,34$ a mediados de enero.
Al salir de la agencia de cambio me aproximo a unos canillitas, con sus puestos ambulantes de diarios y revistas, para comprar El Telégrafo. Mientras ojeo el periódico surje una voz, en susurro, que me dice: “Cambio, cambio. Euro a 1,20$”. Eran unos pocos, y uno de ellos repite el mensaje. Me pregunta, en español y chapurreando el inglés, si estoy interesado; habla tan bajo que pensé que estaba camuflando su actividad entre los canillitas. Le dije que no; había venido con todo el dinero en dólares excepto una cantidad en euros reservada para el regreso; por otro lado, no me fiaba de los billetes. Había leído, en la prensa ecuatoriana, que se había detectado un aumento de dólares falsos entre los turistas gringos que compraban en los supermercados.
He de hacer una aseveración: estos cambistas, situados en la avenida 9 de octubre (las tres primeras manzanas desde el malecón 2000), cuentan con el permiso del municipio de Guayaquil para estar en la calle siempre y cuando no pongan sillas en las aceras; en principio, deberían ser legales.

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