El cafetín de los prejuicios (6)


Nada más sentarme, sin tiempo ni a echar el azúcar en el café, Santi se abalanzó a cuchichearme supuestos trapos sucios y corruptelas del gobierno correísta (leídas en la prensa escrita). Ay, madre. Pero, ¿dónde estaban todos los demás? Se escabulleron a las mesas opuestas poniendo distancia de por medio. TODOS. Murmuré, con sorna e intención de que me oyeran, “cobardes”. No me hicieron ni caso. Aquello era una encerrona, pero más evidente fue que nadie deseaba estar en una discusión donde Santi era la voz cantante.

Santi, pegado a la oreja, trataba de convencerme de las maldades del ejecutivo ecuatoriano. Yo asentía en silencio mientras meditaba sobre este acto de cobardía. Estaba solo. En todo el coloquio anterior Santi se impuso a fuerza de gritos y aspavientos y una sucesión inacabable de palabrerío. Los demás ya lo conocían y le dejaban actuar, pero yo era un novato y respondía.

No era la primera vez que me quedaba solo en una debate polémico; tampoco me arredraba la situación. Por otro lado, yo no era un gringo desconocedor de la situación social, política y económica del Ecuador; no tengo la misma cultura que un ecuatoriano pero me defiendo bien; no pensaba dejar que Santi afirmara sandeces. No quería discutir, ni mucho menos, nunca tuve esa intención cuando me presenté ante ellos. No estaba preparado para un enfrentamiento verbal. Sólo quería escuchar el pensamiento que tenían, respecto de estos últimos años en su país, una serie de personas con un estatus económico alto, y Santi estuvo a punto de tirar todo por la borda dejando una impresión equivocada a un extranjero.

Escuchaba sin convencimiento alguno, ni ganas de replicar; me tomé el café tranquilamente; me fumé un cigarrillo en silencio; me acomodé varias veces en el asiento buscando mantener una distancia mínima con mi interlocutor, aunque Santi no se daba por aludido, ya que se acercaba él si me alejaba. Al menos redujo el volumen de su voz; hablaba con calma y por lo bajini, con los dientes rechinando, de la llegada de Correa al poder en 2007 y la aprobación de la Asamblea Constituyente en 2008.

– Se cargó una Constitución democrática [en referencia a la Carta Magna de 1998].

– ¿De qué Constitución hablamos? Elaborada por unos partidos corruptos al servicio, mayormente, de un poder financiero y bancario. ¿Qué era este país antes? – continué – Una república bananera.

– Ese maricón no respeta la democracia [refiriéndose a Correa]. Cualquiera que se le oponga desaparece. Mira lo que le pasó Alberto Acosta que fue presidente de la Asamblea y era de su misma cuerda. Ha conseguido imponer una constitución a su estilo comunista; se salió con la suya al aprobarse la Asamblea Constituyente saltándose las leyes y el Congreso – concluyó Santi.

Así que el gran problema de Ecuador era su moderna Constitución de 2008. Respondí con furia sosegada. Conocía bien ese período por haber tenido que analizar, estudiar y escribir para un blog, una compilación orientada, en principio, a lectores no ecuatorianos.

Desmonté, punto por punto, sus argumentos recapitulando los hechos ocurridos; al fin y al cabo ambos bebíamos de las mismas fuentes: medios de comunicación escritos. Esta vez era yo quien no le permitía hablar. Estaba desbocado.

– Espere un ratito, viejo – decía Santi acompañando sus palabras con un gesto de camaradería tocando mi hombro.

Me había sulfurado tanta tergiversación de la realidad que, incontenible, enumeré los avances estructurales y coyunturales (la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair con la que Ecuador generará tanta energia eléctrica que podrá exportarla a Perú y Colombia); las ventajas de un sistema impositivo justo y proporcional, un partido honrado en el poder, igual que su gobierno sin excluir la corrupción de funcionarios medios y altos, pero que contaba con leyes transparentes y el control social del ciudadano sobre estos altos cargos. Un nuevo sistema judicial eficaz y rápido y una redistribución de la riqueza.

– Pero no, hermano, usted es izquierdista.

– ¡No! Yo soy anarquista.

– Peooor. Ya tienes prejuicios.

– ¿Y tú no?

Santi utilizó la segunda persona del singular. Hasta entonces nos movíamos en una estrategia formal combinando modos verbales, personales e impersonales, plurales. No quería contestarle en singular por respeto a una persona mayor; por educación. Sé que el uso del usted es corriente en Guayaquil . En España suele pasar la contrario, si se establece una charla informal con personas en la senectud eres un maleducado si no te diriges en segunda persona de singular: piensan que pones distancia respecto a ellos y, además, se sienten más viejos de lo que ya son.

Santi, como otros guayaquileños, sí emplean el singular según las circunstancias, como pueda ser conversar con los amigos. Este salto de etiqueta les distingue de la mayoría de la sociedad guayaca donde el usted está arraigado para todos, familiares incluidos. El propio gobierno, en sus spots televisivos, emplea el singular o el plural dependiendo del mensaje a transmitir. Es un aire y un ambiente modernizador en el país, que está en una fase de transición interclasista con una clase media en crecimiento. Santi, a su pesar, no era inmune a los cambios existentes en la sociedad ecuatoriana. Los que estaban allí eran amigos y el tratamiento formal del usted desapareció hace tiempo. Les daba a todos un aire cosmopolita.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s