La cobradora calcula con su cerebro (5)[220113]


26 - Decoración restaurante de barrio (2$) con deco retro; la vieja es la cobradora (y ágil)No recuerdo el nombre del restaurante de barrio: está en la calle Urdaneta, a dos manzanas de la calle Escobedo; no se me ocurrió fotografiar su fachada, nada llamativa. Desde allí se podía ver el Malecón.

Me decanté por aquel local por una simple conexión de ideas, pues menú y precios eran casi idénticos al Jhoncito: reconocí la bandera blanquiazulada de los bombillos, club de fútbol al que son aficionados tanto Raúl como el presidente Rafael Correa; era inusual en una ciudad inclinada por su otro equipo: el Barcelona Sporting Club de Guayaquil.

Cuando entré, hacia las dos, el noticiario de Teleamazonas daba paso a los deportes; habían dos clientes: una abuela y su nieta adolescente que se fueron al cuarto de hora; poco antes entraron dos hombres y ahí se acabó la clientela. Durante la comida no se sirve pan, en todo caso el arroz suple esa función. El jugo, que se incluye en el menú, estaba aguado: es un producto devaluado por la elevación anual de los precios, a inicios de año, en los mercados alimentarios. Si antes era de naranja o avena, ahora podían ser de mora o limón, y sin apenas sabor. Imbebible. Son las frutas y legumbres lo que más sube: si antes de fin de año los mercados municipales ofrecían 16 limones por un dólar, ahora eran 8.

El camarero, que platicaba conmigo y con los otros comensales, señaló que los precios de los menús han subido pero la fuerte competencia obliga a no pasar de los 2$. Ya puestos aproveché para hablar un poco de política y le pregunté qué candidato pensaba que podría ganar las elecciones presidenciales. “Qué más da. Yo voy a venir mañana igual a trabajar”. Aquí se acabó el tema.

27 - Decoración restaurante de barrio (2$) con deco retro;la vieja es la cobradora (y ágil) pF4 v1_cropCuando pedí la cuenta me dijeron que me acercara a la “señora”, una vieja de edad indefinida y piel juvenil. Miré incrédulo a la encargada del mesón. “Es la más rápida de todos”. Me fui al fondo torciendo el gesto por lo que suponía un retardo innecesario. ¿Por qué no tienen una caja registradora?, pregunté.

Nos saludamos con sequedad; digo los platos, bebidas y extras mientras aquella esfinge viviente fija la mirada en un punto. Me puse a calcular mentalmente la suma para no perder tiempo y asegurarme, sin embargo, aquella vetusta calculadora humana termino 3 ó 4 segundos antes que yo. Me maravillé. Reconocí la práctica diario del cálculo en su trabajo por lo que alabé su agilidad mental; el personal del bar no le daba importancia, acostumbrados como estaban a sus demostraciones, y a las dudas de los clientes: se evidenciaba en sus medias sonrisas. ¿Para la “señora”? Una satisfacción demostrar su valía a todo aquel niñato, menor de 75 años, cuestionando su exactitud mental de cobradora. En la aritmética la operación matemática no es lo más importante, sino recordar los números.

Esta era la cuenta: 1,80$ + 0,85 + 0,45 + 1,10. Si superas el segundo y medio estás tardando más que ella.

La quise inmortalizar pidiendo permiso para fotografiar el local con su ecléctica decoración. No sabía que me esperaba otra sorpresa.

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