¿Es usted macho o gringo? (7): visita sanidad pública


Al querer comprar el periódico El Telégrafo, en un kiosko, me di cuenta de que había olvidado mi cartera en casa de Adriana. Llevaba ya una hora y media andando por los sectores Febres Cordero y Urdaneta en dirección al Malecón 2000.

22 - Guayaquil está en marcha (C. Tungurahua, 10 SO)

Guayaquil está en marcha, cartel promocional de la alcaldía (calle Tungurahua, 10 SO).

23 - Ya tenemos presidente (C. Tungurahua)

Cartel “Ya tenemos presidente” (calle Tungurahua; límite al oeste del centro de Guayaquil). Si en las primeras elecciones (2006) se jugó con el apellido, esta vez se publicitaba el nombre. Las estadísticas eran favorables al actual presidente, Rafael Correa, y el mensaje era un modo de demostrar la cercanía al pueblo.

24 - Central Alianza PAIS distrito 3 (C. Esmeraldas y Goméz Rendón)Central Alianza PAIS distrito 3 (C. Esmeraldas y Gómez Rendón)

Con prisas regresé a la casa por si no había nadie. Fastidiado, por el tiempo perdido, bajé la escalera de madera que conduce al piso superior con rapidez y resbalé como los dibujos animados; evité caerme al suelo pero no que mi cuarto dedo izquierdo se doblara en su falange media quedando en forma de escalón.

No me quedó más remedio que usar mi teléfono móvil para llamar a IATI, la compañía de mi seguro de viajes (100€ me costó la contratación web). Me dijeron que en una hora contactarían conmigo al teléfono fijo de casa que dejamos de contacto. ¿Una hora? ¿Una hora con la visión del dedo mortificado? En Barcelona ya estaría en el hospital de urgencias; o, en su defecto, algún ambulatorio con atención traumatológica.

Adriana me vio compungido y se apiadó de mí. Dijo que conocía a un médico en una Jefatura de Área cercana al barrio: “Podríamos ir y pedir una opinión rápida sin atención médica”. Me pareció razonable aunque expresé dudas respecto a las probables colas de pacientes que habrían sin olvidar que se nota que soy un extranjero cuyo país, España, no tiene convenio bilateral sanitario con Ecuador, pero un vistazo no perjudicaría a nadie.

Una Jefatura de Área no pasa de ser un centro de salud de atención primaria en lo que yo vi, con dos plantas en vez de una sola como los ambulatorios, sólo que atiende una demarcación territorial amplia; hay unas 12 en total en Guayaquil, según Bolivia, para una población de 2,5 millones de habitantes: son poquísimas para tanta población. En cuanto a la distancia a la casa tardamos 10′ en taxi, 3$. Negociamos rápido el precio de la carrera como es costumbre todavía en la ciudad; los taxímetros no son bien vistos por los pasajeros, mejor dicho, la desconfianza hacia el taxista pervive porque la ciudadanía percibe escaso control institucional sobre ellos, ya sea del gobierno o del cabildo. Nadie quiere pagar un trayecto cuyo precio puede variar según el tiempo y la distancia: una cifra verbal, negociada de antemano, sigue siendo un pacto respetado por ambas partes.

La carrera podía haber salido por 2,5$. No merecía la pena para mí, un turista con una urgencia, pero un nacional sí discute por conseguir una rebaja de medio dólar. En Guayaquil la vida es cara.

Al llegar a la Junta de Área subimos unas escaleras, que daban a la primera planta, mientras unos médicos, vestidos con sus reglamentarias batas blancas, descendían para recoger carpetas, guardadas en la ventanilla de entrada, donde consta el historial del paciente. Un portero tenía la ocupación de preguntar el nombre de la persona, antes de que esta subiera a la sala de espera, agrupaba las carpetas en listas, según doctor y paciente, preparadas para ser recogidas por los médicos.

Inauguración de las nuevas instalaciones del Subcentro de Salud de los Vergeles Área 8 (310109)Inauguración del subcentro de salud Los Vergeles nª 8 (Guayaquil, enero 2009). Cuando no se tiene nada cualquier edificio de salud es bienvenido, y más uno con las siguientes especialidades: pediatría, ginecología, enfermería, medicina general, salas de parto y un servicio adicional de oftalmología. Capacidad para 30.000 personas en una zona de Guayaquil olvidada por las administraciones durante décadas. El gran problema actual (2014) es la falta de médicos para atender a tantos pacientes; se ha tenido que contratar profesionales cubanos para suplir las carencias de personal.

Arriba permanecimos esperando Adriana, su hija de cuatro años, Valeria, y yo en la sala de espera. Hacía un tremendo calor que no lo ahuyentaba ninguno de los dos grandes ventiladores en aspa colgados del techo metálico en forma de uve invertida, además, habían aberturas en las esquinas por donde entraba el aire del exterior y no vi ningún aparato de aire acondicionado, conocidos por splits, así que el bochorno era atosigante desde el primer momento. Sin embargo, los médicos y las enfermeras iban con sus batas puestas, señal de que en algún sitio de esta Jefatura de Área existía el aire fresco. En el exterior la temperatura estaría alrededor de los 30º C, en el interior del edificio era más sano no preguntárselo.

La sala estaba plagada de mujeres de todas las edades; esperaban con ardor a ser atendidas pero aguantaban el tipo en aquella sauna en una inmovilidad sedente. Pocas permanecían de pie como nosotros.

Habían dos puertas que daban acceso a una galería donde se ubicaban las consultas; de tarde en tarde, alguna enfermera acalorada nombraba una paciente una o dos veces. Ese era todo su esfuerzo pues trataba de permanecer el menor tiempo posible en la antesala; las señoras allí presentes no dejaban pasar ni una, alzaban la mano y esperaban que la enfermera se acercase para comprobar su identificación. Pocas se esmeraban en gastar movimiento, la agilidad se reducía a cabecear y decir un sí. Me recordaron a los quelonios.

Tuve claro, desde el principio, que no cederían ni un minuto a nadie por delante de ellas; Adriana, sin embargo, confiaba en que alguna enfermera conocida pudiese hacernos el favor de acceder a una consulta rápida de 2 minutos.

Mientras Valeria se ganaba rápido la confianza de las mujeres mayores, tal que iguanas vigilaban, con leves agitaciones oculares, nuestra posición, resistiendo, junto a una de las dos puertas que permitían el acceso al paraíso; cada uno a su manera, Adriana adoptando la misma quietud que el resto del personal, yo encogiéndome el cuerpo, contemplando mi dañado dedo y mirando en derredor.

Aquel clima opresor no ofrecía ninguna posibilidad y así se lo comuniqué, por lo bajini, a Adriana, pero me hizo un ademán de aguardar y tener paciencia. Llevábamos ya media hora larga junto a la puerta y no se había abierto ni una sola vez. ¡Snafu!

25 - Grabado de rata de alcantarilla (1972)

Rata mutante de alcantarilla (1972).

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