La fama de inseguridad de Guayaquil (I)


Me había quedado solo afuera y me fijaba en los rótulos de las tiendas; en la tipografía de los carteles anunciadores, un tanto anticuada, posiblemente de la década de los 70; quizás vetusta en su diseño formal pero que acompañaban a textos de ingenio y gracia.

– Manu, ¿no se va a dormir? – me preguntó Juana.

– Termino el cigarrillo y entro.

– Recuerde cerrar bien todas las cerraduras.

Las cerraduras: una ristra de cinco cerrojos que mantenían el interior a salvo de los ladrones; fue de lo primero que me fijé de la casa. Richard me habló del que estaba situado a ras de suelo, el último y más importante: una cuña de acero para dejar clavada en un agujero del suelo. No había que olvidarlo; era el elemento de seguridad en el que más confiaban por experiencia.

La puerta tenía una cancela exterior de una hoja, con decoraciones robustas de hierro fundido y apertura al exterior. Marco, en su casa, tenía la puerta enrejada en el interior; lo prefería así por el calor. Le gustaba dejar abierta la puerta de madera pero con la cancela cerrada con llave evitando, de paso, que pudiera escaparse la mocosa de Enma. Las ventanas que daban a la calle también estaban con su verja, incluidas las de los pisos superiores. Los vecinos de alrededor igual; increíble la cantidad de hierro que protegía las casas.

Marco salió afuera. Le comenté esta observación.

– Aquí no estás en España. Cualquier ladrón va armado. Los hijoeputas asaltan las busetas [autobuses urbanos] con cuchillos de cocina grandes y roban a todos los pasajeros; entran en las casas usando la pistola y son violentos. Tienes que tener mucho cuidado. ¿Dónde tienes el dinero y el pasaporte?

– En la cartera, normalmente en el bolsillo delantero, aunque dejo una parte en la mochila.

– Procura no llevar todo el dinero encima ni tampoco en el mismo sitio. Guarda los billetes grandes de 20 y 50$ debajo de tus pies. Reparte el dinero por todo el cuerpo; a veces te registran esos malnacidos.

– Supongo que lo habitual será el uso de billetes de 5, 10, 20 dólares.

– Sí. También hay de un dólar.

Escuchamos unos ruidos procedentes de un señor que parecía algo bebido; le daba vueltas a una especie de palo, de algo más de medio metro de longitud, con un marco metálico en su cabecera. Se movía entre los coches aparcados y en mitad de la calle. Eran casi las 11 de la noche y no se veía a nadie por las calles apenas iluminadas por algún que otro carro circulando que se alejaba al oeste, pues el sentido de la calle Ayacucho es del río Guayas (centro ciudad) al estero Salado (oeste).

– ¿Qué hace ese tipo, Marco?

– Es un vigilante. Los vecinos le pagan para que vigile los coches aparcados. Si alguien se acerca a robar un carro le atiza fuerte.

– Sin embargo, Goyo deja su 4×4 al lado de la puerta de la casa de Bolivia, encima de la acera. ¿También le paga?

– Sí.

– ¿Cuánto gana un vigilante de estos?

– No sé. 5, 10 dólares al día. Con unas cuadras puede tener suficiente. Da vueltas por unas cuantas calles.

– Y ese taxi amarillo, aparcado enfrente de la puerta que queda al lado de la de Juana, ¿a quién pertenece?

– Es de Nelson, uno de los hermanos de Juana.

– ¿También paga por la protección?

– No. Tiene el taxi averiado. El motor ya no funciona; necesita dinero para repararlo, pero es tan viejo que no merece la pena.

– Diría que no le he visto con los demás.

– No gusta de estar en las reuniones familiares ni sociales. Su mujer sí ha estado.

– Ni idea – dije, con el pensamiento puesto en la actitud de Nelson; me cayó bien-. El vigilante, ¿está toda la noche?

– Sí, al amanecer se va a su casa. Sobre las cinco y media o seis de la mañana.

– ¿Por qué no se encarga la policía? Esto es trabajo de las patrullas.

– Aquí no puedes confiar en ellos; son igual de ladrones. Ni se molestan en venir. Acuden siempre tarde y no se arriesgan cuando hay balaceras.

– ¿Balaceras?

– Tiros.

– Marco, me estás describiendo el viejo oeste.

– Guayaquil es una ciudad sin ley. Hace siete años que falto de aquí, pero su peligrosidad no ha cambiado nada.

Sin duda estaba mejor informado del acontecer diario en la ciudad, y yo tampoco disponía de argumentos para opinar lo contrario

– – –

http://www.elcomercio.com/noticias/inseguridad-volvio-gran-negocio-Guayaquil_0_148185827.html

http://www.eluniverso.com/2007/04/09/0001/10/955A4A0AA2BD4AF9A88E67B6B0B3B297.html

http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/inseguridad-325655.html

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