Un Congreso sin quórum


La tarde del 8 de marzo, jueves, el Tribunal Constitucional acepta la demanda presentada por el Congreso contra la consulta. Aunque se tramitó de urgencia, los politólogos consideran que el tribunal necesitará 45 días para estudiarla y resolverla, es decir, el TC no emitirá su dictamen antes del 15 de abril, fecha de la consulta popular, y, por lo tanto, no tendrá efecto.

Todo este lío institucional de lucha de poderes resta credibilidad a la clase política y judicial. No obstante, el presidente Correa está molesto con los medios de comunicación por colocar al Ejecutivo en el mismo saco que el Congreso y el TSE; les recordó, además, lo equivocados que estaban “cuando se hablaba de presuntas negociaciones o pactos políticos entre el gobierno y Sociedad Patriótica para la aprobación de la consulta popular”. (1)

A todo esto el jugador expulsado se niega a marcharse y tiene la intención de sentarse a jugar, la próxima semana, no reconociendo la autoridad del árbitro. El otro contendiente hace piña con el árbitro y no piensa reconocer al jugador expulsado para continuar la partida: sólo jugará si son otros los que están enfrente suyo. La cuestión a resolver entonces era quiénes serían.

Es evidente que un Parlamento sin quórum no ejerce sus funciones; con 57 diputados destituidos se necesitaban, al menos, 21 legisladores a sumar al bloque minoritario pro asambleísta de 30 parlamentarios, para que hubiese quórum y mayorías simples en las votaciones. No se podía contar, como es obvio, con los representantes que le quedaban al bloque opositor (13), ni tampoco nadie aseguraba que estos 21 sustitutos que, por ley, debían ser del mismo partido, fuesen a pensar igual que los cesados.

Mientras tanto, a la espera de lo que dictaminase el TC, los congresistas destituidos intentarán acceder al Congreso, en los próximos días y semanas, por todos los medios, incluso por helicóptero. La policía y los manifestantes pro-gubernamentales impedirán la entrada de estos legisladores.

En este punto me preguntaba si Correa, y su equipo de confianza, habrían previsto esta situación cuando ordenó, el 15 de enero, al TSE, organizar la consulta para establecer una Asamblea Constituyente. Era tal el maremágnum de leyes argüidas por unos y otros que era inextricable para mí imaginar cómo se resolvería esta confrontación. A estas alturas de la partida, en la conversación mantenida con Félix y Raúl, me había hecho una idea de la torticera política ecuatoriana actual, de la que muchos se avergonzaban, pero no lograba comprender el mecanismo de actuación de unos y otros.

No entendía por qué era tan importante que el Congreso sesionara si, total, una vez establecida la Asamblea, iba a ser disuelto.

Me parecía que el objetivo de celebrar la consulta popular se había conseguido y se podía gobernar con decretos ejecutivos. ¿Qué importaba si no habían los suficientes diputados en el Congreso? La razón residía en el Tribunal Constitucional: el Congreso tenía la potestad para destituir a sus vocales.

– – –

(1) http://www.eluniverso.com/2007/03/12/0001/8/40394AD91B7747E1A9840684E34F527A.html

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s