El circo corrupto de los congresistas ecuatorianos


Todo ello fue posible, claro es, fomentado con la connivencia de los políticos que, a cambio de sus votos, favorecían unos tratos y obtenían beneficios para los suyos. El poder se dividía, básicamente, entre Quito y Guayaquil. El resto del país no existía a excepción del movimiento indigenista Pachakutik.

En el Congreso la deliberación parlamentaria para la producción del bien común e intereses colectivos degeneró en negociaciones entre partidos y diputados de intereses particulares, sectoriales o grupales y privados; los procesos y procedimientos legislativos perdieron transparencia pública, propiciando acuerdos ocultos y la corrupción de las decisiones y la venalidad de los diputados; los partidos políticos se fueron vaciando de sus especificidades y diferencias ideológicas, para quedar reducidos a la representación de lobbies e intereses regionales y grupos de poder; el mismo sistema electoral, permitiendo la candidatura de independientes y propiciando la regionalización y localización de votaciones y candidatos, fomentó el clientelismo político […]

Una de las consecuencias más paradójicas es que en el Congreso el número y fuerzas de las minorías es siempre superior al de las mayorías […] Nada simboliza mejor la profunda deslegitimación de las instituciones representativas en el Ecuador como la ausencia de sede del Congreso nacional (parcialmente dañado por un incendio), cuyos diputados desde hacía siete años han tenido que sesionar en distintos locales, y desde hace varios años en las instalaciones del antiguo Banco Central”. (1)

Principios de octubre de 1990: estaba en juego la amnistía en favor de Abdalá Bucaram para poder regresar al Ecuador. Los demócrata populares y el partido conservador [Lista 1] de Dahik [con barba], habían denunciado irregularidades al inicio de la sesión, presidida por Averroes Bucarám (CFP, populista; primo de Abdalá Bucaram); se definían también las comisiones legislativas: un suculento reparto.

El diputado Edison Villamaguano lanzó el cenicero contra el rostro de Alberto Dahik; pero también recibieron Jamil Mahuad (con ojo morado), futuro presidente del Ecuador en 1998 y otros diputados. Fue una tangana en toda regla encabezada por Jacobo Bucaram, hermano de Abdalá Bucaram, con la que el país se mostró socarrón porque motivo de gracia no hay ninguno. La revista de humor La Tuya caricaturizó dicho esperpento.

La Tuya (oct-nov 1990) nº 12 (portada y página 3)

Imágenes de la revista por cortesía de la biblioteca Ignasi Iglésias más conocida por Can Fabra.

Edison Villamagua, con el número 10, es decir, la lista 10 en las elecciones, representa al partido roldosista, el PRE; Alberto Dahik, en 1990 era diputado por el Partido Conservador, la lista 1. Como dijo el presidente Rodrigo Borja (1988 – 1992) y recoge la revista en una sopa de letras: “En el congreso actual hay una gavilla de pandilleros”.

Ven para mearte insecto hijo de puta”, Jaime Nebot (PSC) en 1990 en pleno Congreso. Alucinante.

Los diputados Marcelo Dotti (PSC, derecha socialcristiana), con bigote y cabello zanahoria, y Leonardo Escobar (PRE, populista), futuro ministro de Agricultura en 2004. Se cruzan epítetos cariñosos.

La imagen que se tenía de la clase política del país la representa el siguiente chiste a la perfección: los ministros de energía de Venezuela, México y Ecuador se reúnen unas cuantas veces.

En la primera reunión, mientras cenan en un elegante rancho a las afueras de Caracas, el mandatario venezolano señala a sus colegas una carretera que pasa justo al lado de su finca. ‘¿Ven esa autopista?’, pregunta lleno de orgullo. ‘Hemos presupuestado millones de bolívares para su construcción’. Sus invitados asienten. ‘Diez por ciento’, añade entonces el venezolano con suficiencia, dándose golpecitos en la cartera. ‘Diez por ciento’. Algunos meses más tarde, los tres ministros vuelven a reunirse para disfrutar de un relajado almuerzo de negocios, esta vez en el porche de una mansión al sur de Ciudad de México. ‘¿Se acuerdan del aeropuerto en el que aterrizaron ayer?’, pregunta el mexicano a los otros dos. ‘Acabamos de realizar un plan quinquenal de mejoras en sus instalaciones que va a costar cientos de millones de pesos.’ Los visitantes felicitan a su anfitrión. ‘Veinte por ciento’, responde el mexicano con tono confidencial, acariciándose la cartera. ‘Veinte por ciento’. Los tres ministros vuelven a encontrarse al año siguiente en el patio de una antigua hacienda, al norte de Quito. ‘¿Ven ustedes esa central hidroeléctrica?’, pregunta el ecuatoriano a sus dos amigos, señalando hacia el oeste. ‘Nos ha costado medio billón de sucres’. Por más que se esfuerzan, el venezolano y el mexicano no logran ver la central. ‘Ciento por ciento’, dice muy sonriente el ministro ecuatoriano, dándose palmaditas en la cartera. ‘Ciento por ciento’ “. (2)

Eso era Ecuador.

– – –

(1) Sánchez Parga, José: “Ecuador Contemporáneo”; ed. Ángel Montes del Castillo, Editum (Universidad de Murcia, 2009), p. 81/82.

(2) Miller, Tom: “La ruta de los Panamás”, Ed. Debate (marzo 2003), p. 236/237.

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