LA POLÍTICA SE FUE DE FIESTA (2) by F. Freidenberg


Abdalá twitter - (www.metroecuador.com.ec33029-las-parodias-de-twitter.html)

El momento de la fiesta se acercaba. Las camionetas de los dirigentes locales del partido, identificadas por una gran calcomanía en el vidrio delantero, se movían de un lado a otro, pero con cuidado de no toparse en una de las esquinas con la “Caravana de la 6”, del PSC, que se encontraba recorriendo las calles de la ciudad para luego dirigirse a los municipios más cercanos. Unos días antes, los autos se habían cruzado y había habido tiroteos entre unos y otros. No podía volver a ocurrir. Por eso, García cerraba la campaña en su ciudad natal mientras que el candidato socialcristiano realizaba su acto final en otro cantón de la provincia. La intención era evitar que se encontraran nuevamente, en especial luego de los tragos y la fiesta.

Entre todas las camionetas que circulaban en la ciudad se destacaban dos: la del dos veces alcalde y la de su hermano, el diputado provincial, amigos de García desde la infancia, roldosistas, compadres y, al mismo tiempo, improvisados directores de campaña. Los tres pertenecían a familias de origen libanés que, como la de Bucaram, habían tenido que hacer esfuerzos para progresar y conseguir que algunos de sus hijos se transformaran en profesionales y comerciantes prósperos, según señalan una y otra vez sus colaboradores. Habían ingresado al partido en 1986, tras problemas internos en el Partido Demócrata. Eran ellos (y no el partido nacional) quienes se encargaban del trabajo electoral, así como también de sostener la sede del partido, ubicada en un local de la empresa familiar. Eran ellos quienes pagaban los anuncios y financiaban el transporte de activistas, fichaban a grupos para pintar graffitis, ofrecían comida y música en directo en los mítines, mantenían vivos los certámenes de fútbol y conseguían los premios que se entregaban a los triunfadores. Eran ellos quienes se hacían cargo de todas las actividades del partido en el nivel local y, por lo tanto, los que tomaban las decisiones organizativas en ese distrito.

Ese día no era un día cualquiera. El diputado recordaba a los distraídos transeúntes que a las siete de la tarde iba a comenzar la fiesta. Quizás sin darse cuenta, invitaba directamente al baile y no al cierre de campaña de su amigo, el candidato a prefecto. Daba por sentado que todos entendían el mensaje: esperaba verlos allí, apoyando la lista 10. A cambio, habría helados, funditas [bolsitas], tragos, baile gratis y otros regalos (camisetas, calendarios, calcomanías, gorras, banderas). En tiempos de crisis, esas era cosas que no se despreciaban. Algunos de los caminantes se acercaban a la camioneta a pedir dinero para unos tragos. El diputado accedía a cada uno de los pedidos. No era cuestión de perder votos, justificaba. Pero el diputado también sabía que estas cosas no definían la elección. El PRE y, sobre todo, su hermano desde la alcaldía y él desde la diputación, habían trabajado mucho por esa ciudad en los últimos años. Habían conseguido obras importantes. Y la gente valoraba eso. Y eso se iba a ver en el resultado de la elección.

Entre tanto, frente al edificio municipal, continuaban los preparativos para el gran baile. Un grupo de empleados de la empresa del diputado, que no eran militantes roldosistas regalaba calcomanías. Los estatutos de la organización no tenían criterios muy rígidos (ni claros) para elegir a sus miembros. Es más: el partido ni siquiera contaba con un registro de militantes. Ser miembro del PRE, como en otros tantos partidos populistas, era en buena medida una cuestión de autodeclaración. No sorprende que esos colaboradores estuvieran conectados fundamentalmente al liderazgo del diputado o el alcalde, ya sea por vínculos de familia, de negocio o de deporte. Su trabajo consistía en hacer todo lo que el dirigente (el patrón) les indicara, ya sea en la empresa familiar, en la organización de actividades sociales (como el campeonato de fútbol) o en el partido.

En esos momentos, el candidato a prefecto iniciaba la caravana que finalizaría cerca de las 10:30 de la noche frente a la tarima, donde el conjunto musical local entretenía a los que se habían acercado. Entre los asistentes se mezclaban grupos de seguidores locales con otros recién llegados desde Guayaquil, por gentileza de un dirigente nacional, también en ese momento presidente de un importante club de fútbol. En la caja de la camioneta principal, de pie, saludando a los transeúntes, se veía a mucha gente. Entre ellos se destacaba la dirigencia nacional del partido, que estaba allí para apoyar a García pero también para dejar claro quiénes eran los que controlaban la organización cuando Bucaram estaba fuera del país. Algunos de los guardaespaldas, que además de trabajadores de las empresas de los dirigentes roldosistas, eran asesores con contrato en el Congreso Nacional o en la alcaldía, corrían al lado de la camioneta. Muchos estaban armados, temerosos de que gente “de la 6” (o en nombre de ella) generara incidentes.

La caravana recorrió las calles más importantes de la ciudad. Mientras avanzaba, los ciudadanos salían a reclamar a los candidatos. En las camionetas se iban mencionando los nombres de los que tenían que salir de su casa, a la acera, a manifestar su apoyo. Unos y otros reconocían la importancia de ser vistos. “Estar en la calle” era una inversión a futuro, pues probablemente se necesitara en algún momento la ayuda concreta de los políticos, y era importante que ellos recordaran que el día de la campaña habían estado disponibles, apoyando desde la puerta o en el acto de cierre. En ciudades pequeñas, “ser visto” es un recurso fundamental, sobre todo cuando se solicitan favores para solucionar problemas concretos. Es la manera de demostrar solidaridad y lealtad hacia los políticos cuando el Estado resulta ser fuente ineficiente de resolución de demandas y no hay muchas alternativas para satisfacer las necesidades básicas. En este esquema, los políticos resuelven los problemas o gestionan soluciones con sus contactos en el municipio.

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One thought on “LA POLÍTICA SE FUE DE FIESTA (2) by F. Freidenberg

  1. Ten en cuenta k este relato, k yo transcribo y divido en 3 partes, es de la politóloga Flavia Freidenberg k lo inscribió en un artículo de 17 páginas, publicado originalmente en la revista Nueva Sociedad http://www.nuso.org/revista.php?n=225. No es persona k escriba a la ligera; tiene varios libros escritos sola or en cooperación sobre América Latina; además conoce bien, en particular, el sistema político ecuatoriano. Ha estado en Ecuador varias veces. Sería mejor leer el artículo publicado en NUSO al completo; completo, valga la redudancia, me pareció a mí cuando lo leí . Para leer + artículos, e incluso algún libro sobre Ecuador, escrito por F. Freidenberg puedes saber más en > http://works.bepress.com/flavia_freidenberg/
    Si te refieres a lo k yo he publicado entonces tienes razón: “hay muchos aspectos que no han podido ser tomados en cuenta”.

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