SABATINO DESFILE GUAYACO (12 b)


Supongo que la farmacia Clemente Ballén es consciente de que vende un producto homeopático y no un medicamento; en cuanto a establecimiento farmacéutico tiene pocas similitudes con las apotecas europeas. Por suerte había farmacias, al estilo occidental, en Guayaquil; insuficientes para tan gran población, me las encontraría más adelante en el interior de los grandes centros comerciales. De todos modos es posible que se vendan medicinas en estos establecimientos pero lo ignoro a día de hoy.

No obstante lo dicho, en Guayaquil era normal comprar los medicamentos en unidades sueltas, por pastillas a 1 y 2$, puesto que la caja entera resultaba cara para los pacientes; los propios hospitales públicos tenían ventanillas de venta en el 2007.

Abandonamos la zona del Parque del Seminario; veo muchos turismos “escolar y personal”, amarillos y con capacidad para 9 personas: son furgonetas de una tara de 3.500 kg. Abundan por dos razones: seguridad al volante y frente a los ladrones que asaltan las busetas. Sí. Cuando lo escuché por vez primera me mostré incrédulo, pero es cierto que se da esa práctica: abordar un autobús con un arma de fuego o instrumentos cortantes y desvalijar a todos los pasajeros. En los medios de comunicación son noticia infrecuente hoy día.

Mientras tanto Raúl estaba buscando un lugar donde aparcar e ir caminando hasta una de estas tiendas especializadas en impresiones decorativas de ornamentos para bodas, bautizos, etc. En Guayaquil hay calles enteras plagadas de comercios dedicados a un tema concreto, aunque, por el momento, no hay un mapa municipal que lo indique.

Pasamos otros dos kioskos; menos cómics venden de casi todo sin faltar numerosas publicaciones para público infantil, juvenil y femenino. Justo detrás se sitúa el hotel Doral, de la cadena Best Western, también muy céntrico, con habitaciones sencillas a 50$ (www.hdoral.com).

Raúl sigue las indicaciones que Adriana y Juana conversan; está imposible aparcar y habrá que cambiar de rumbo mientras una guardia de la Comisión del Tránsito para nuestro carril para dejar que avancen los vehículos de la derecha, bastantes de los cuales van sin cinturón de seguridad y los motoristas sin el casco puesto. A día de hoy existen normas de seguridad más estrictas y aparatos de medición y las multas ya inciden, al menos, en la velocidad de los automovilistas; los cascos es una cuestión aún abierta a la competencia de cada policía que quizá siga mostrando cierto relajo al respecto.

Seguimos por la calle Chile hasta poder torcer por alguna menos masificada: imposible. Es sábado y día de compras. Además, se acerca la fecha del día de la madre, el segundo domingo de mayo, de las más celebradas en el país, casi de obligado cumplimiento, y los comerciantes no son tontos.

Fotografío unos almacenes con el lema: “El barata. Vende más barato”, un comercio de tamaño notable, dedicado a la venta de telas y bramante para confección propia, cuyo dueño es Danny Adum Saab.

Cuenta la historia de un viejo turco que llego a la ciudad de bucaramanga a promocionar sus productos. el problema era que no tenia nombre para el negocio y se le ocurrio la idea de colocarle “ALMACENES EL BARATA” y asi monto su negocio. y todo el mundo rego la bola de que habia un negocio llamado el barata y todo el mundo se emociono que eso casi se cae el chuzo. la gente comenzo a notar los precios caros, unos decian: uyyy esto vale tanto donde fulanito y aca mira….me estan cobrando el triple. y sin pensar un man le pregunto al turco: turco porque todo esta tan caro si el negocio se llama el barata.y el turco le responde por eso mismooo el barata.. el del parche en el ojoooo……de ahi que nuestra querida pao admite ser dueña legitima del negocio”. 5

Este comentario, publicado en Facebook, por un guayaco que disiente de ese letrero nos habla de un grupo humano que se asentó en el Ecuador hace más de un siglo y que recibieron esa denominación.

Ante ese comentario negativo el propietario, dueño también del comercio El Batatazo, y presidente de la Comisión Sectorial de Telas y Textiles de la Cámara de Comercio de Guayaquil en 2005, alega que “las industrias locales no tienen reservas disponibles, no entregan el material a tiempo, no cuentan con capacidad de producción y cobran de contado”. 6

Esto es porque “a las compañías les resulta más rentable importar y dedicarse a vender productos traídos desde China, Corea, Colombia o Perú, por ejemplo, y venderlos en Ecuador, que comprarse una maquinaria y producirlos”, sostuvo Isidro Morán, ejecutivo de Samsung Ecuador”. 7

Doble ganancia pero no explica por qué el usuario de Facebook le llamaba turco. No lo entendía, si bien no era la primera vez que tenía referencias de esa denominación en Ecuador.

La primera gran inmigración árabe al Ecuador coincide, aproximadamente, con la I Guerra Mundial. El Líbano, Siria y Palestina, en esa misma época, pertenecían al imperio otomano y padecían una grave crisis económica, social e ideológica con deseos de independencia. El grupo más numeroso de emigrantes fijó su residencia en el Ecuador hacia 1911, asentándose en las grandes ciudades y poblaciones de menor rango dedicándose, mayormente, al ramo textil; otros pocos a la fundación de hoteles y restaurantes.

Por parte de la población local recibieron, al igual que los armenios y los griegos, el apelativo de ‘turcos’, dado que los primeros emigrantes viajaban con pasaporte del Imperio Turco Otomano”. 8

El término es despectivo al sugerir una actitud; lo cierto es que, como emigrantes, no fueron bienvenidos a principios del siglo XX en casi ningún país de centroamérica o sudamérica; es más, les impedían residir o los echaban (como en Argentina y Chile), en su deambular americano hallaron Ecuador, que los dejaba en paz aunque no fueran ni bien vistos ni aceptados, llamando a otros familiares y amigos informándoles que aquí tendrían acogida; lograron prosperar comerciando por el interior de Ecuador a zonas adonde nadie quería ir abriendo nuevos nichos de mercado. Posteriores migraciones procedieron de una clase media burguesa e instruida que establecieron empresas medianas.

La descendencia de esa primera generación se integraría en la sociedad ecuatoriana arraigando sobremanera en el estrato político: Jaime Nebot Saadi – alcalde actual de Guayaquil -; Abdalá Bucaram Ortíz – no necesita presentaciones – ; Jamil Mahuad – fue presidente de Ecuador – o un patriarca de banqueros: Emilio Isaías Abi-Hanna, y otros etcéteras introducidos, sobremanera, en los mundos político y empresarial.

Seguimos dando vueltas; un motorista lleva el casco atado en el sillín. Detengo mis ojos en la librería “Cervantes”. Estamos en la calle Aguirre, 606. Tomo nota mental mediante una foto. La cámara fotográfica era mi libreta de apuntes. Es un establecimiento amplio de dos plantas cuyo escaparate exponía más bien útiles escolares, mochilas, calculadoras, pegamentos, etc. mientras que en el piso superior se exhibían los libros y papeles para Bellas Artes. Me gustó su decorado; tenía buena pinta para que fuera un día sólo.

Nos vamos alejando del centro siguiendo por la misma calle Aguirre. En una esquina dos mujeres serranas venden limones o manzanas en un cubo; a dos pasos otro vende fundas para móviles y un tercero, triangulando el corner, vende algún tipo de telas.

De repente, una buseta Selectivo, amaga con embestirnos por la derecha. Raúl tiene que frenar y dejarle pasar en su carril. En ningún momento ha avisado con el intermitente; no le hace falta: su tamaño es suficiente. Los conductores guayaquileños se quejan, a menudo, de la conducción embravecida de los buseteros, conocidos por sus arriesgadas maniobras al conducir, y sus consecuencias funestas. En las ocasiones en que hay un atropello el busetero suele darse a la fuga. No es que sea una una actitud exclusiva de ellos; en Ecuador es un hecho casi normal que los conductores de los carros se den a la fuga. Un buen ejemplo lo detalla el antropólogo Manuel Delgado en una paseo al Suburbio Oeste (zona barrial pobre) en 2008: “En esa visita pude ser testimonio directo de un espeluznante suceso. Dos mujeres –una joven y su madre– habían sido atropelladas por un vehículo que se salió de la calzada en la Perimetral –la autopista de circunvalación que rodea Guayaquil– y que luego huyó. Los cuerpos permanecieron casi una hora tendidos sin vida a un paso de la parada de bus en que fueron arrollados. El drama que se iba desarrollando en aquel escenario se me antojaba atroz, pero me dijeron que no dejaba de ser habitual, porque accidentes de esa naturaleza eran bastante frecuentes en  aquel punto”. 9 La causa , por lo general, es la falta de seguro del coche y la pena de prisión que suele conllevar ya que la ley no enjuicia estos accidentes bajo el código civil sino el penal.

Buseta embistiendo (2007)

Buseta embistiendo (2007)

Hay algo más de 70 cooperativas de transporte busetero, pero algunos dueños alquilan sus vehículos a personas que no tienen carnet de conducir o lo tienen caducado o su permiso no es válido para manejar tales vehículos; por otro lado muchas no llevan póliza de seguro pese a la obligación legal de disponer de una. Sea la razón que sea el comportamiento final del conductor es el mismo.

Las busetas fomentan el caos con sus prisas por recoger pasajeros; incluso se adelantan para robar los que se puedan a otros que hace su mismo recorrido; el quid de esta competencia es que cuantos más recoges más ganas.

El precio de un pasaje era de 0,25 centavos; 0,12 si es tercera edad, estudiante o minusválidos; estos últimos pasajeros no suelen interesar y, por consiguiente, no se paran a menos que haya una parada bien visible. La primera característica de una buseta es no tener puerta trasera o tenerla cerrada y la delantera siempre abierta, y no es el calor el motivo. La segunda son los imponentes parachoques que atemorizan al más guapo, y la tercera característica es llevar la capota del motor normalmente levantada.

Son autobuses antiguos en su inmensa mayoría, de los años 60, 70 u 80, de origen alemán (Mercedes Benz), japonés (Toshiba; Izutsu) o coreano.

A medida que nos alejamos del caótico centro, más degradado se encuentra el piso urbano de las calles, las aceras, los mismos edificios, y el mobiliario urbano inexistente. Tampoco se ve árbol alguno. En todo caso ya no hay masas vehiculares ni humanas.

Ahora dejamos de lado la cevichería, restaurant-asadero “El rincón de Juanita” con sus platos típicos donde el comedor se expone directamente sin cristaleras; quien sí las tiene es el local comercial de enfrente, la Óptica Univisual, cuyos escaparates exhiben un póster, de tamaño humano, donde publicita “Cambie el color de sus ojos por $22”, con el rostro de una sensual chica joven de tez canela, como la mayoría de los habitantes de Guayaquil.

Por si el anuncio no fuese indicativo de una orientación social, en un poste telefónico plantado en la esquina de la óptica, la competencia ha colocado un pequeño cartel, típico folio de impresión a una tinta, tapando a otro del cual sólo se lee “Quieres ser GUAPO…”, con el mensaje “Cambia el color de tus ojos $ 20 Usa lentes de contacto”.

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