GUAYAQUIL TIENE HISTORIAS QUE CONTAR (11 c)


Al llegar a Las Peñas me avisaron contra los carteristas de la zona. En aquel punto habían chavales vagando por la zona, a la altura del IMAX y del MAAC (Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo; actualmente recibe el nombre de Centro Cultural Libertador Simón Bolívar) pero no daban apariencia de ladrones. En todo caso advertencia tomada en cuenta.

Toda la zona del barrio que vimos está bastante limpio y cuidado comparado con el resto de la ciudad; con sus casas de fachadas multicolores de tonos pastel invitan a descansar en cualquier terraza donde sirven frescos cócteles y birras; pero, a las cuatro de la tarde teníamos una tarea por delante: subir las 444 ó 456 escalinatas que componen la subida hasta un mirador situado en el cerro de Santa Ana. Infunde más miedo de lo que aparenta; en 15 breves minutos, y muchos tramos en sombra, se llega a la cima donde sopla una brisa en abanico que desahoga cualquier calor dado que, al atardecer, Guayaquil amasa la humedad del día. De hecho, sólo las terrazas con sombra tenían clientes que, por cierto, pagan a precio de lujo una cerveza, Coronitas a 7$ y nacional a 4$. 18 No apto para todos los bolsillos, pero si se quiere disfrutar de una vista magnífica del río y la ciudad, sentado y con una bebida helada, no hay otra; más que una invitación a disfrutar del momento es una provocación placentera; el único modo de resistirse es andar sin dinero; de modo que los pocos que veía sentados eran turistas gringos como yo en su mayoría. Guayaquil, por si no lo he dicho, es una ciudad cara, normalmente precios el doble de caros, en las zonas turísticas, que en el resto del país.

Asomamos, finalmente, a una plaza elíptica en cuyo extremo más alejado se divisaba la “Capilla de Santa Ana”; frente a ella el Faro (ambos monumentos construidos en 2002). Este mirador se eleva a 86 mts. sobre el nivel del mar, y el faro tiene otros 19 mts de altura.

Lo primero regodearse la vista desde esta venturosa cima; más allá de este cerro, en dirección oeste, se ve la otra colina de la ciudad: el cerro del Carmen todavía con espesura vegetal. El barrio de Las Peñas se sitúa en las laderas que dan al río Guayas; todo un vecindario de casas regenerado desde el año 2000 que, sin embargo, resulta insuficiente al contemplar las casas de techos oxidados que quedan detrás del río y frente a la ciudad, justo debajo de cuatro grandes nidos de antenas de telecomunicaciones; un entramado abigarrado de pequeñas casas de dos o tres pisos en calles estrechas. Me pregunto cuáles serán las condiciones de esos edificios y qué infraestructuras de agua y alcantarillado disponen. Parecen pertenecer todos a la clase obrera pero no estoy seguro y, tengo entendido, que antes del año 2000 era todo el cerro de Santa Ana también; de ahí la regeneración de la que tanto se habla en la urbe y de la que todos hablan parabienes, pero que no ha brillado en toda su extensión ni en su duración. Cómo será la situación en Las Peñas, actualmente, que un turista dice lo siguiente, en agosto de 2012, respecto de la subida por las escalinatas: “Solo puedes caminar por una calle central que lo recorre colina arriba y del que no te permiten salir policías armados [en realidad, seguridad privada] que están situados a lo largo del recorrido”. 19

Se intenta que, al menos, todas las casas tengan las fachadas pintadas de un color pastel para ameritar su presencia en este popular barrio el cual forma parte del origen fundacional de Guayaquil allá por 1534.

Guayaquil desde el Faro de Las Peñas

Guayaquil desde el Faro de Las Peñas

Guayaquil centro desde el Faro

Guayaquil centro desde el Faro

Desde arriba la perspectiva es ambivalente, entre esa parte de la ciudad descuidada y ennegrecida, por falta de mantenimiento y limpieza, y los cañones de los siglos XVII y XVIII expuestos a lo largo del recorrido, y en la misma plaza, recordando al paseante que Guayaquil las ha pasado putas a lo largo de su historia.

Tal como refleja un folleto de actividades obtenido en una oficina turística, los ataques piratas asolaron el emplazamiento original de la ciudad, alrededor del cerro de Santa Ana. Alcanzaba hasta la calle Loja (frente al actual IMAX), a unos 200 metros de los cerros, un antiguo estero o brazo de mar en el s. XVII. El resto era todo selva y manglar. Se documentan ataques desde 1587 hasta 1709, el más violento de todos ocurrió en 1687:

Los piratas franceses Grogniet, Picard y el corsario Hout entran en Guayaquil con 500 hombres. Sacaron a estudiantes de un colegio de señoritas llevándoselas como rehenes a la Isla Puná donde fueron sometidas a toda clase de excesos habiendo devuelto a algunas de ellas en estado de gravidez.

Esta historia dio origen al nombre de ‘piratillos’ dado a los descendientes de este acto de barbarie”. 21 Ese ataque, además, provocó un grave incendio inintencionado, en la Ciudad Antigua, que destruyó 150 casas.

Es un resumen descrito con palabras algo chocantes para una terrible maldad que aconteció, pero el lenguaje depende del lugar donde vives en buena medida.

Subimos al faro y la panorámica se engrandece: desde su fantástico balcón tienes el cielo a tus manos y la ciudad a tus pies. No hay en medio; sólo 360º para admirar y sentir la lejanía. Ver el Guayas en su ida hacia el mar, a unos 140 km.; imaginar a un habitante guayaquileño, de la época de las incursiones piratas, divisar un navío con la bandera de la calavera remontando el río, y sentir su escalofrío. Saber que no puedes huir y la única opción es luchar atrapado entre la selva y el hombre enemigo.

En el centro de la imagen IMAX Guayaquil donde empieza la calle Loja

En el centro de la imagen IMAX Guayaquil donde inicia la calle Loja (E > O). En 1687, desde ahí empezaba la selva (S y O)

Descendimos, y tal y como dice el turista antes mencionado, no nos salimos de las escaleras numeradas. En su momento lo achaqué a las prisas por volver a casa, pero lo cierto es que no fuimos por ninguna calle adyacente, incluso donde se sitúa la zona más artística del barrio al exhibirse pinturas al aire libre: la calle Numa Pompilio Llona.

Sin embargo hay quien pudo entrever algo, bajando por las escalinatas; en este caso fue el conocido antropólogo español Manuel Delgado, invitado a un Congreso de Antropología y Arqueología en Guayaquil en octubre del 2008: “Pude entrever, a mano derecha, por algunas oberturas, lo que aquel decorado de cartón piedra que era el conjunto monumentalizado ocultaba. Separándonos de ese núcleo central del cerro, en contra de lo recomendado por los vigilantes jurados de la zona, descubrimos que el “tradicional y entrañable” Barrio las Peñas lo constituía un laberinto de calles estrechas, casi todas sin pavimentar –algunas una cloaca al aire libre–, en torno a las cuales se alineaban casas pobres habitadas por pobres”. 20

En el descenso me preguntaba cómo sería el interior de alguna de las viviendas más acomodadas, todas situadas con vistas al río. Voilà.

Interior casa acomadada del barrio Las Peñas (Guayaquil)

Interior casa acomadada del barrio Las Peñas (Guayaquil) Cortesía de http://casasigloxxi.blogspot.com.es/

Tan solo ojeamos algunas tiendas de recuerdos y artesanía muy común para mi gusto salvo alguna agradable excepción. En nuestro descenso me fijé en algunos cuadros de fotografía en blanco y negro, colgados de las fachadas de numerosas casas que daban a las escalinatas; me acerco a observarlos mejor y una viejita nos habla a la distancia: “Así era esto antes; las casas derruidas y sucias y con mucha inseguridad. Qué cambio”. Sin duda. Las fotos atestiguaban la impresionante remodelación efectuada en el barrio.

Regresamos a casa en el coche del primo de Richard con quien habíamos acordamos una hora de recogida. Llegamos en un buen momento: se preparaban para ir a un centro comercial (quizá Policentro) por el sector de la Kennedy (zona pelucona), sede de oficinas de empresas y hoteles.

Aparcamos en un parqueadero subterráneo y, a la entrada, me fijé en un guardia de seguridad privado armado con una buena escopeta. Caray. Se habían dado casos de clientes asaltados después de comprar en uno de estos centros comerciales; de hecho, siguen habiendo atracos a la salida de las compras, sobre todo en épocas concretas como Navidades; plagios (secuestro por dinero) e incluso secuestro exprés (retener a la persona, en un coche o, también taxi, hasta sacarle todo lo que se pueda de sus tarjetas de crédito y soltarla, después, en otro barrio). En aquellos momentos me pareció todo exagerado, pero como no tenía datos de la ciudad respecto a atracos, homicidios, secuestros u otros delitos no sabía a qué atenerme. Se puede obtener información actualizada, semanalmente, y estadísticas en el sitio web http://www.icm.espol.edu.ec/delitos/ Por lo general, a este tipo de grandes comercios suele acudir la gente de dinero o clase media con mayor poder adquisitivo; los carros que vi en el parking así lo acreditaban. Lo cierto es que impresiona ver a alguien armado en un sitio público. En Europa no es habitual ver personas mostrando un arma de gran calibre, ni siquiera a la policía, si no es en una situación antiterrorista. Supongo que los turistas estadounidenses estarán acostumbrados y no les sorprenderá, pero hay más gringos europeos que americanos de visita por Ecuador, según mi percepción.

En el interior del centro comercial andamos por unos cuantos corredores centrales donde solía figurar un cartel del SRI (Servicio de Rentas Interno; Hacienda de Ecuador), en algunos tramos, con el distintivo: “Exija el ticket de facturación de compra”. Vaya, pensé, a lo que se ve los comercios no son transparentes ni legales con los consumidores. Sintomático que una institución estatal pida a los ciudadanos que reclamen sus derechos. ¡¿Cómo sería antes la situación?!

Accedimos al hipermercado “Mi Comisariato”; allí pude proveerme de la marca de champú que uso, al mismo precio, en dólares, que en Barcelona en euros: 3. Los artículos informáticos, en cambio, eran bastante más caros; desde un 30% a 50% más. Las cremas solares tenían un coste similar ($=€) e importadas de Chile como otros artículos de multinacionales alemanas. La mitad de los productos que ojeé también tenían su origen fuera de Ecuador. Me pregunté si el país fabricaba algo.

Folleto publicitario Mi Comisariato (mayo 2007)

Folleto publicitario Mi Comisariato (mayo 2007)

Tras la compra volvimos a casa; allí me duché. La ducha era peculiar: el agua caliente apenas se utiliza por el calor y uno se acostumbra, más o menos, a ducharse con agua fría; el método para que esté tibia es calentarla por medio de una resistencia que se coloca en la cabecera de la ducha con forma de alcachofa. Este sistema también se emplea en algunos hoteles y en otros países. Tengo constancia de ello, por ejemplo, en caros lodges de Costa Rica.

Ducha típica de algunas casas y hoteles de países Latinoamericanos

Ducha típica de algunas casas y hoteles en países Latinoamericanos

Electric_showerhead

Electric_showerhead

En este punto uno se preguntará qué es la clase media en Ecuador; qué la define. En casa de Juana puedo decir que había lavadora y frigorífico, enseres que en Europa, prácticamente, todo el mundo dispone si tiene casa propia, pero en el Ecuador no es así. La tele era de tubo, tenían una torre de pc y monitor de pantalla plana, pero insisto que no es así en todo el país; ni siquiera en las grandes ciudades como Quito o Guayaquil cuya clase media, que podía tener estos objetos, era reducida y cuyo nacimiento se sitúa en los años 70 con el boom petrolero. Hoy día ha habido un aumento considerable (hasta el 50%) 22 de esta clase que alcanza al 34% de la sociedad mientras el conjunto de Latinoamérica es del 30%. 23

Tras la cena salí a dar un paseo con Rolaida, sus hijas; una amiga llamada Aminta; su hermana Lola y Andrea, hija de su hermana María fallecida tiempo ha, que andaba por la veintena y estudiaba en la universidad. Nos dirigimos al malecón del Estero Salado, que quedaba cerca yendo por la 11 (Federico Goding). El Cabildo había construido un paseo enmaderado, y de diseño moderno, que bordeaba el estero desde el puente de la 17 hasta una bonita plaza cercana a un barrio del centro. En ciertos tramos se podía subir a unos miradores para contemplar este brazo de mar y, aunque la oscuridad impedía vislumbrar bien se percibían escombros, materiales de desecho y bolsas de basura flotando.

Toda la zona del malecón estaba bien iluminada; la existencia de guardias privados y policía nacional daban seguridad a esas horas de la noche. A medianoche se cerraba el acceso. Sólo al salir del paseo, para regresar a casa, las calles se tornaban oscuras del todo, a pocas cuadras de la 11 hasta llegar a Ayacucho la cual sí tiene sus farolas encendidas.

Guayaquil es una ciudad cara en algunos aspectos y sobrevive por la férrea defensa de sus ciudadanos que exigen continuamente mejoras al municipio que parchea con visible insuficiencia; y suele culpar al gobierno central de destinar pocos recursos a la urbe a pesar de generar más ingresos que la media del país. ¡Anda! ¿De qué me suena eso? El visitante puede hacerse una idea de este Guayaquil dual paseando por esta zona del malecón del Estero Salado que se sale un poco de las rutas turísticas. Merece la pena. Es una caminata de media hora con bancos para descansar y locales para comer en cualquiera de sus varias salidas. Hoy día, se ha habilitado, además, una “ciclovía” o carril bici. Excelente idea.

Malecón del Estero Salado (22.30h)

Malecón del Estero Salado (22.30h)

1. http://www.eltelegrafo.com.ec/index.php?option=com_zoo&task=item&item_id=16780&Itemid=2

http://expreso.ec/expreso/plantillas/nota_print.aspx?idArt=3719856&tipo=2

2. http://www.ballenitasi.org/2012/07/celebracion-del-dia-de-la-defensa-del.html

3. http://www.eldiario.com.ec/especiales-archivos/425-2010-08-08/

4. http://www.eluniverso.com/2010/02/26/1/1356/68-camaroneras-tierras-bajas-regula.html?p=1356A&m=2160

5. María Luisa Laviana Cuetos, “Guayaquil en el siglo XVIII: Recursos naturales y desarrollo económico”, CSIC (1987), p. 156.

6. Daniel Delaunay, Juan B. León V. y Michel Portais, “Transformación demográfica en el Ecuador”, publicación CEDIG (Centro Ecuatoriano de Investigación Geográfica), (1990), p. 5.

7. Ibídem, p. 7.

8. Ibídem, p. 14.

9. http://www.hoy.com.ec/suplemen/blanco52/negro1.htm

10. F. W. Up de Graff, “Cazadores de cabezas en el Amazonas”, Eds. B, (marzo 2000), p. 30.

11. http://www.elcomercio.com/construir/Bambu-vegetal-uso-multiple_0_551344934.html

12. María Luisa Laviana Cuetos, “Guayaquil en el siglo XVIII: Recursos naturales y desarrollo económico”, CSIC (1987), p. 366.

13. John Lynch, “Las revoluciones hispanoamericanas 1808-1826”, Ed. Ariel (7ª ed. 1998), p. 243.

14. Ibídem, p. 243.

15. Ibídem, p. 265.

16. Ibídem, p. 182 y 183. Lynch cita la interpretación de dicho encuentro, por parte del hispanista Gerhard Masur, como la más convincente.

17. http://www.eldiarioexterior.com/hace-190-anos-se-entrevistaron-41126.htm

18. http://www.losviajeros.com/Blogs.php?e=26411 (agosto 2012)

19. http://www.losviajeros.com/Blogs.php?e=26411

20. http://manueldelgadoruiz.blogspot.com/2012/07/las-dos-caras-de-guayaquil-fragmento-de.html

21. Guía Información & Entretenimiento. Dirección Municipal de Turismo. Abril de 2007. No hay firma.

22. http://www.telegrafo.com.ec/economia/item/la-clase-media-de-america-latina-crecio-un-50-en-siete-anos.html

23. http://www.telegrafo.com.ec/economia/item/53-millones-de-ecuatorianos-son-de-la-clase-media.html

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