GUAYAQUIL TIENE HISTORIAS QUE CONTAR (11 b)


La idea que a uno se le venía a la mente era que Guayaquil siempre había sido una ciudad de importancia para la Corona española, un astillero y, por tanto, bastante poblada. Saber que tenía tan pocos habitantes quería decir, quizás, que no la hacía atractiva para el ser humano. “Ni los Incas ni los Españoles crearon establecimientos durables en la Costa, a excepción de Guayaquil y Portoviejo”. 6

Tampoco es que Quito, la otra ciudad importante en época colonial, tuviese una gran población; en 1778 eran 25.000 habitantes, y 20.000 en 1840.7

Por otro lado, la dificultad de obtención de materiales sólidos como la piedra y el adobe, impulsaba la utilización de la madera, caña y bijao, muy combustibles, para construir las viviendas.

El Gran Incendio de 1896 acabó con cualquier intento posterior de preservar las edificaciones originales excepto en el Barrio de Las Peñas el cual sí se reconstruyó. A partir de entonces se utilizaría el cemento y el hierro.

Guayaquil, durante el siglo XIX, los censos indican para el gran puerto 16.139 habitantes en 1825, alrededor de 20.000 en 1842 y 15.367en 1858”. 8

Hacia 1900, época de la que datan los edificios conservados en el Parque Histórico de Guayaquil, la población “bordeaba los 100 mil habitantes”, los cuales seguían siendo pocos respecto al momento actual. 9

Así pues lo que veíamos eran las fachadas de estos edificios que sobrevivieron a los incendios pero sin observar las interioridades de los mismos; si bien tienen unas terrazas donde tomar una bebida o comer con estupendas vistas al río Daule. Antes de retomar la visita del antiguo Guayaquil observé unas vagonetas aparcadas que se desplazaban sobre rieles tiradas por mulas según me informaron. Eran los “carros urbanos” que transportaban a los ciudadanos. Estas vagonetas también tenían otros usos, según cuenta el viajero y explorador estadounidense Up de Graff que arribó, a finales de 1894, a la ciudad.

Hay en el puerto principal de Ecuador dos cosas destacadas que considero dignas de mención: el sistema de alcantarillado y el Almirante. El señor Dillard, el cónsul de Estados Unidos, me describió el primero, pues debido a la fiebre amarilla y la peste bubónica que allí reinan, no estaría en la ciudad el tiempo suficiente para verlo, y me presentó al segundo.

En vez de recoger la basura en alcantarillas, la arrojaban desde las ventanas más altas de las casas a los techos de los tranvías, que estaban rodeados de una tabla de un palmo de altura. Cuando el coche llegaba a las afueras, vaciaba la carga. Una grieta en uno de estos techos había de ser forzosamente un incidente grave”. 10

Tranvía 1900

Tranvía y edificación del año 1900

Fuimos directamente a la zona de “Tradiciones” sin ver los edificios de 1900. Entramos en el interior de una antigua hacienda cacaotera, quizá de principios del s. XIX; pudimos ver los dormitorios y los enseres de cocina utilizados así como otras estancias. La ayuda del guía fue imprescindible, ya que no hay folletos explicativos salvo unas pocas cartelas insuficientes a todas luces.

Cocina en una Hacienda cacaotera (PHG)

Cocina en una Hacienda cacaotera s. XVIII/XIX (PHG)

 

Como estábamos solos pudimos disfrutar con calma; además de ver a dos personas ataviadas al estilo de la época en aquella hacienda que interpretaban a sus dueños. Normalmente se hace con más público y hay más actores interviniendo. Para ello hay que ir en un fin de semana.

Una delicia que requiere atención pero el guía tiene un cometido y un tiempo estipulado; así que salimos de la villa por la puerta que utilizaba el servicio en aquellos tiempos, por encima de la cual colgaba del techo, boca abajo, una planta cuya función era alejar o limpiar los malos espíritus.

Si antes vimos la vida corriente de la clase oligárquica en una hacienda, ahora contemplábamos un poco la vida tradicional de los campesinos y sus costumbres. Por lo general es cuando unos danzantes exhiben bailes tradicionales y hay actuación de obras teatrales cuando hay público suficiente. Nosotros eramos cuatro.

Al preguntarle acerca de una lechuza de pecho amarillo anaranjado y un tucán negro, de pecho amarillo y pico marrón y verde, me respondió que eran animales considerados de mala y buena suerte respectivamente por los campesinos de las haciendas. Ah, la superstición. Ambos eran bonitos; lástima de verlos enjaulados en piezas poco grandes.

Ya terminando el recorrido por el Parque Histórico me fijé en unos bambúes que sostenían parte del ala de un edificio en reconstrucción y le pregunté al joven guía si aquellos armazones aguantarían, a lo que su contestación fue que se utiliza bastante como andamiaje, inclusive hoy día, debido a su resistencia 11 Golpeé el bambú con el puño y pensé que un golpe de martillo lo soportaría pero no salí convencido de su uso en la construcción.

Fin del trayecto; nos despedimos, y mientras esperábamos la cita con el familiar de Richard, decidí dar una vuelta rápida y fotografiar aquello que no pude durante la guía; al termino de la cual adquirí una pluma de aguila arpía en la caseta de souvenirs.

 

A las dos vino a buscarnos nuestro transporte; de regreso a la ciudad, comimos en un restaurante de carretera que me recordaba mucho a los existentes en España.

Antes de las cuatro de la tarde nos plantamos en el Malecón 2000 iniciando el recorrido por el punto central. Hay centros comerciales en el subterráneo pero el paseo, al aire libre, es más vistoso. Pasamos por la Torre Morisca o del Reloj de la que Félix Jr. nos hizo una breve resumen histórico, pero, quizá para mí, hubo un monumento que sí destacaba en el devenir histórico de Guayaquil: el Hemiciclo de la Rotonda. Dicha composición escultórica conmemora la entrevista que mantuvieron los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín el 26 y 27 de julio de 1822. No parece llamar la atención pero encierra una intrigante historia no del todo desvelada que supuso el futuro de Guayaquil en la República del Ecuador y, probablemente, la propia existencia de esta república.

El 9 de octubre de 1820 triunfó un complot político militar contra las tropas realistas españolas, asentadas en Guayaquil, declarándola provincia libre una junta revolucionaria. En aquel año, de movimientos independentistas de la actual América Hispana, Perú no era del todo independiente; las ciudades de Quito y Cuenca, pertenecientes a la Real Audiencia de Quito junto a Guayaquil, tampoco; el sur de Colombia seguía siendo realista; la lucha de poderes e intereses de la oligarquía criolla era mayúscula.

El puerto principal de la Real Audiencia de Quito había adquirido una suma importancia económica hacía pocas décadas: “ La provincia de Guayaquil es una de esas regiones marginales indianas que sólo a partir de mediados o finales del siglo XVIII, según los casos, llegan a ser realmente zonas en desarrollo.

[…] Guayaquil se encontraba en plena expansión en vísperas de la Independencia. [Si este puerto] era importante para Lima, era vital para Quito, cuya suerte en el futuro dependerá de la economía de Guayaquil más que de ninguna otra cosa”. 12 En otras palabras, “económicamente las tierras altas no tenían salida al mar”. 13

Tanto Bolívar como San Martín la querían para afianzar sus posiciones estratégicas: bien para formar la Gran Colombia bien para anexionarla al futuro del Perú tal como deseaba el general San Martín. Los dos libertadores necesitaban tropas y dinero para continuar las luchas contra los españoles y asegurar la estabilidad de las provincias independizadas. Hay que tener en cuenta que la provincia de Guayaquil era, en ese entonces, casi toda la costa actual ecuatoriana.

Mientras tanto los ciudadanos guayaquileños estaban divididos “entre quienes querían la independencia tanto respecto de Colombia como de España y los que pedían la unión con el Perú”. 14

Ante el temor de que San Martín llegará a Ecuador antes que él, Bolívar envió a su mejor general, Antonio José de Sucre, a Guayaquil para entrevistarse con la Junta revolucionaria y negociar un acuerdo de ayuda mutua, firmándose una alianza en mayo de 1821. Bien es verdad que San Martín tenía más tropas que Bolívar pero la situación peruana era un desaguisado político, de constantes cambios, donde al sur mandaban los realistas y el norte se dividía en facciones que miraban únicamente sus intereses locales: “Incapaz de libertarse a sí mismo, a Perú le desagradaba aceptar la liberación por parte de los otros. Esta perspectiva provocó un resentimiento mucho mayor que el despertado por la presencia española, y el nacionalismo peruano se expresó primeramente, no contra los españoles, sino contra los americanos”. 15

Un nacionalismo que no cejará, luego, en exigir y arrebatar territorios al Ecuador en los siglos XIX y XX.

El 24 de mayo es fiesta nacional en Ecuador; se celebra la victoria que proclamaría la independencia donde los ejércitos multiétnicos de Bolívar, al mando del general Sucre, vencieron a los militares realistas comandados por el general Aymerich, en la batalla del Pichincha, en 1822.

Con este as en la mano invitó Bolívar a San Martín a entrevistarse en Guayaquil con la idea de llevar sus ejércitos a libertar Perú.

Cuando San Martín, el libertador del sur, zarpó hacia Guayaquil el 14 de julio, ignoraba que Bolívar ya la había ocupado militarmente el 11 de julio. Desembarcó el 26 de julio y celebraron dos entrevistas. Con exactitud no se conoce lo discutido en el último encuentro personal entre ambos. Al parecer San Martín pidió la anexión de Guayaquil al Perú; tropas colombianas para derrotar a los españoles y la aceptación de una monarquía constitucional para los nuevos estados. Todo se redujo, al final, a conseguir el apoyo militar de Bolívar pero éste se negó en aras de la propia seguridad de Colombia. 16

San Martín se alejó de Guayaquil enfurecido pero no podía hacer nada en contra, toda vez que en Perú tampoco le aguardaba un futuro político halagüeño exiliándose, finalmente, a Europa.

Si algún lector desea una explicación completa de la entrevista, en todos sus pormenores y acontecimientos, la encontrará en un artículo del escritor Carlos Goedder. 17

La historia de la independencia de los países americanos colonizados por España es un continuo avance y retroceso de unos ejércitos y otros y luchas intestinas en ambos bandos. Si no se quiere uno perder en los líos políticos y militares de la época el libro de John Lynch, “Las revoluciones hispanoamericanas 1808 – 1826”, es una guía de excelente documentación, y muy bien narrada por cierto.

Félix Jr. no se empleó tan a fondo dando explicaciones quizá pensando que a un turista extranjero tampoco le iba a importar demasiado; además, teníamos prisa por llegar al conocido Barrio de Las Peñas, el cual se alzaba al final del Malecón 2000.

En nuestro apresurado paso pude ver un barco mitad pequeño galeón mitad paquebote, atracado en el puerto, que realizaba una travesía por el río Guayas. Era el llamado barco Henry Morgan. Me lo apunté mentalmente para otra ocasión: ver la ciudad de Guayaquil desde la distancia tenía que ser increíble.

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2 thoughts on “GUAYAQUIL TIENE HISTORIAS QUE CONTAR (11 b)

    • Ha, ha, ha. Thx. Just a novel that translates the past and the present of an american country; one poorest. In just five years has changed socially and economically by the government of Rafael Correa. The unique secret: honesty.
      Less than a week I will be in Equador to watch all these changes in situ by reflecting on this blog. Sure ,)

      Like

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