PRIMER DÍA (10 c)


La casa de la 11

La casa de la 11

El tráfico vehicular empezaba a aumentar con la caída de la tarde. El crepúsculo nos pilló a todos algo cansados de jugar; parte de la familia regresaba de trabajar y ya no era posible continuar el partido sin molestar.

Un coche se paró donde estábamos; el conductor, sin salir del automóvil, nombró a Richard y se pusieron a hablar; era un ñaño, primo tercero, al que conocían familiarmente por El Negro. En Ecuador son habituales los apodos de Chino y Negro. Están exentos de cualquier connotación racista si el uso es informal y de cercanía entre amigos y familiares; sólo cuando se refiere, en genérico, a una comunidad sí conlleva desapego y distanciamiento.

Richard me llamó; hablando con El Negro se ofrecía a llevarnos al Parque Histórico de Guayaquil. De momento era la única referencia turística que tenía cuando pregunté a algunos qué turismo se podía practicar en la ciudad, y como vi que se mencionaba bastante tenía deseos de ir a verlo. Negociamos unos minutos y llegamos a un acuerdo: llevarnos y traernos por 8$ por persona al Parque Histórico. El chaval trabajaba de conductor profesional llevando niños a las escuelas con su coche; posiblemente fuera también un trabajador informal, por su cuenta y riesgo.

Mientras charlábamos los tres pasó por allí un vehículo policial tipo dos cabinas (un patrullero) y les pregunté qué clase de policía era, para identificarlos, a lo que me respondieron con sendas sonrisas: “Estos son los buitres”.

Los buitres o buitrones eran aquellos uniformados pertenecientes a la CTG (Comisión del Tránsito del Guayas – hoy ya no existe). Digamos que era la policía urbana de la ciudad; no era la policía nacional. Estaba extendida la fama de corruptela de sus integrantes; era habitual el cobro de un soborno para librarte de una sanción administrativa, con o sin razón. De ahí les provenía el nombre. En honor a ellos y sus peculiares métodos de cobranza el grupo musical Kanela compuso una canción titulada “La cumbia del vigilante”.

El usuario F0rajid0 colgó un vídeo en Youtube el 29 de marzo del 2007 con esta canción; luego se realizó otro clip musical más burlesco que colgaron los de Guayaquilcaliente en DailyMotion el 29 de noviembre del 2007. En internet es fácil de encontrar otras versiones. No se puede negar que la fama la tenían.

Para los que vean y escuchen uno de los dos vídeos decir que no vi ningún guardia con ese gorro en forma de bacín lo que les cuadraría mucho; que la “quina” era un billete de 5 sucres que, con la dolarización, significó 5 dólares. 7

Al preguntarles qué sucedía si no pagabas dijeron que entonces se llevaban el carro al cachón de la CTG (Depósito municipal de vehículos en Guayaquil), pero eso era peor. Las leyendas urbanas contaban que el coche desaparecía o le faltaban partes de la carrocería cuando ibas a recuperarlo. Nadie se la jugaba, mejor pagar la quina.

Quedamos en que vendría a recogernos hacia las 9 de la mañana e iríamos Richard, Cuqui, yo y Félix Jr.; y los cálculos del coste serían de 32$ a 40$.

He de advertir, sin embargo, que era y es mucho más barato ir al Parque Histórico de Guayaquil. “Un taxi desde la ciudad cuesta 3-4 US$; también se puede tomar el autobús Durán 4/30, de color rojo y blanco. Para volver a la ciudad, la mejor opción es subir a un autobús frente al gran centro comercial situado en la calle principal, a unos 200 m del parque”.8

Otra opción extendida es el alquiler de coche con chófer por 10$ todo el día. Esta opción es genial para los que tienen escaso tiempo o los que deseen ir de compras, cómodamente, por los grandes centros comerciales situados fuera del centro o visitar zonas turísticas alejadas de la ciudad. Es un precio razonable. En las guías de viaje informan de varias compañías; también hay autónomos con los que contactar.

En fin, pagué el pato por no disponer de una guía de viajes. Ser sabido no se aprende en un día; ni tampoco es exclusivo del ciudadano guayaco este comportamiento de aprovecharse elevando los precios al extraño. En los negocios, bancos y corporaciones eso está a la orden del día. Es lo que enseñan al mundo y lo que se aprende; no en vano Guayaquil es la capital económica de Ecuador.

Regresaron también Juana, Ramón y los demás; hubo una tertulia con el tema de la boda civil la cual duró poco más de media hora. Félix Jr., Richard y yo nos fuimos a cenar a un pequeño restaurante cercano a la casa. Lo atendía una señora serrana y pedimos un sencillo menú de llapingachos con salchicha frita y arroz al que se acompañaba de un jugo de morocho o un vaso de cola nacional. Nos sentamos en la terraza en unos taburetes de madera. Muchos locales de restauración, situados en los barrios o en sectores urbanos fuera del centro, adolecen de una infraestructura adecuada pero hay que reconocer que sirven unos menús dignos por el precio que cuestan. Éste fue de 1 dólar. Además, la competencia abunda por los alrededores. No hay manzana donde no existan, al menos, de dos a tres restaurantes de comida. Un café es difícil de encontrar, casi imposible, pero de comida, en Guayaquil, estás servido. Estés donde estés. De todos modos, aquellas personas con un metabolismo más alto o una constitución extra, ya sea por altura o anchura, se podrían quedar insatisfechas con la ración.

Es lo que le respondí a Félix Jr. cuando me preguntó qué me había parecido el menú. Estaba de acuerdo con él en el gusto del plato y la cantidad me pareció parca; su precio era genial y la atención correcta. Era difícil quejarse. En cualquier caso no soy la persona más indicada para opinar sobre cuestiones culinarias ni, me temo, lo sea alguna vez.

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