PLAN DE VUELO Y VIAJE (6)


Barcelona, salida 09.30 am, aeropuerto de El Prat. Todos a las 8 de la mañana con una puntualidad extrema.

Quedamos en el propio aeropuerto en la puerta de la Terminal Internacional. No llevaba el móvil por el robo legal de los precios que imponían, en itinerancia, las compañías de telecomunicaciones españolas, permitido por los poderes ejecutivo y legislativo. Quizás allí me plantease adquirir uno si no salía caro.

Encontré, primero, a Marco y su familia con 6 maletas de 20 kg.; las que les correspondían más las dos mías; como no pensaba usar el derecho a dos maletas por pasajero las aprovechó él. Cargaban las pesadas maletas y me sumé al transporte de los fardos hasta el mostrador de facturación.

Mi mochila de 35 litros pesó poco más de 7 kg., de los cuales, uno era del pedazo transformador eléctrico que llevaba, por ignorar si el tipo de corriente eléctrica en el país serviría para la cámara fotográfica.

Marco envolvió sus maletas en un plástico más que protector; ante mi observación de tanto rollo envolvente me indicó su desconfianza en los funcionarios aduaneros de su país. Juana hizo lo mismo con su equipaje.

Cuando íbamos a embarcar vi a los funcionarios de aduanas filtrando el equipaje de mano; pasado mi turno, eché un vistazo al bidón que contenía todos los elementos rechazados: champús, frascos y envases todos relacionados con vacaciones y aseo personal. Eran las 9 y ya habían llenado una tercera parte de su volumen.

En Madrid la salida prevista era a las 12.15h con parada técnica en Quito, para llegar a Guayaquil a las 18.30h. Duración: 13h. 15′. Demasiado tiempo.

Al embarcar en Barajas tuvimos un incidente: los policías aduaneros no dejaban salir a una de las hijas de Marco, Enma, por una cuestión procedimental. No obstante la misma se resolvió en unos minutos.

El vuelo en sí hasta Quito no tuvo nada de particular salvo la lectura de un artículo, de divulgación científica de nanotecnología, en el periódico El País – ya saben, cortesía de las compañías de aviación para amenizar la travesía – que expandió la imaginación hacia nuevos límites.

Se trataba de la existencia de un “espejo mágico” que la luz de ciertos colores atravesaba gracias a los plasmones (fotones atraídos y atrapados por electrones libres). Con este descubrimiento reciente se podía controlar la luz, y moldearla, diseñar canales y “valles microscópicos” para que fluyese como el agua, sabiendo de su comportamiento caprichoso cuando se la confina en nanotubos de tamaño menor que el de su longitud de onda (su color): se escapa.

Con la fibra óptica se puede usar la luz para transmitir gran cantidad de información, pero en la escala nano se comporta de modo impredecible; de ahí la dificultad para desarrollar circuitos ópticos, más rápidos, que sustituyan a los actuales electrónicos.

Si ya era imaginativo ver la luz seguir una dirección bajo nuestras manos, como si una varita mágica tuviéramos, más llamativo aún era la teoría de la invisibilidad: siendo maleable se podría “curvar un haz de luz que se dirija a un observador de modo que esquive un objeto que encuentre en el camino, el observador no vería ese objeto, sino sólo el haz de luz”.(1)

Todo aquello sugería múltiples ideas fantásticas para un relato de ciencia-ficción en forma de cómic. De momento borrosas en el duermevela en el que iba descendiendo la mente. Me dormí viajando a lejanos planetas ocultos a la luz de las estrellas.

Los tebeos eran el otro leit-motiv para el viaje a Ecuador. Quería averiguar qué tipos de tebeos se vendían, cómo eran los que se editaban en el país: autores e industria nacional, etc.

Si ya era difícil obtener información sobre cuestiones más prosaicas, este tema se presentaba como un desafío a la curiosidad.

Conocía el cómic europeo, el de superhéroes estadounidense y también el independiente, el manga japonés, un poco el coreano manhwa y algo en China (libros ilustrados de El rey mono y alguna rareza), la historieta argentina, pero del resto de América no tenía ni idea. No digamos de Ecuador.

Tenía 3 fascículos de 7 en total que se publicaron, un regalo de hace años, de un personaje de la revolución mexicana, publicados en España por Ediciones Amaika: “Heraclio Bernal. El rayo de Sinaloa”, y del cual no supe encontrar más tebeos de esta historieta ni siquiera en el Mercat de Sant Antoni, un mercado dominical emblemático para los aficionados a la historieta en Barcelona; también conservaba dos o tres fanzines chilenos (Matucana): entrevistas y dibujos amateurs, y eso era el resto del fondo historietístico americano.

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Sin embargo había una revista cuyo personaje daba nombre a la misma: Condorito, que se distribuía en Ecuador. Richard, el hijo de Juana, me contó que lo leía de pequeño en los suplementos de algunos periódicos o comprando la revista, dejándola de leer en la adolescencia.

Me dijo que seguramente seguirían vendiéndola en Guayaquil, en algunos kioskos del centro, pero sin estar seguro de ello.

Bueno, tenía un punto de partida por donde empezar. A ver qué más descubría.

De momento el duermevela me llevaba hasta recónditos lugares interestelares y los mezclaba con la búsqueda de historietas perdidas en desconocidas ciudades americanas. Es la ventaja de soñar: puedes ser ubicuo.

El vuelo era contrarreloj; hay 7 horas de diferencia entre Madrid y Quito, o entre Barcelona y Guayaquil, y unas 11h. de duración. Tenía tiempo para soñar y dormir y viceversa.

Z Z Z Z Z Z Z Z Z Z Z Z      5h. de vuelo    Z Z Z Z Z Z Z Z      6h. más de vuelo  Z Z Z Z Z Z Z Z Z

(1)  http://elpais.com/diario/2007/05/02/futuro/1178056802_850215.html

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