AEROPUERTO DE QUITO (8)


Estaba aburrido ya del viaje en avión; como el resto de los pasajeros sólo tenía ganas de poner los pies en tierra. A la espera de aterrizar en el aeropuerto Mariscal Sucre, en Quito, me fijé en el panorama exterior.

Impresionantes murallones nubosos de alturas nunca vistas; el avión giraba en pos de ellas, inmensas en su quietud, y las rodeaba permitiendo a todos los pasajeros disfrutar de la visión al tiempo que el piloto maniobraba para iniciar el descenso.

Ignoro a qué altura estábamos, sin embargo, en su descenso giratorio, el avión adquiría una velocidad mayor o, al menos, esa era mi percepción, dado que mis oídos comenzaron a sufrir un doloroso pitido; y no era el único, Andrea padecía de la misma sensación dolorosa.

Habría aguantado si el descenso no se estuviera haciendo eterno, pero mi rostro era el de un mimo al que estuvieran pinchando con agujas de coser, y más que mimos eran muecas lo que expresaba. Mis amigos se preocuparon por nosotros dos y pidieron ayuda a una azafata de la compañía.

Tras plantear nuestra queja a una de ellas, nos indicó que hablaría con el comandante para aminorar la velocidad de descenso. Debió hacerlo, porque antes de 5 minutos notaba un descenso menos inclinado del avión y menor velocidad y, lo que es mejor, ya no sentía el pitido.

El rostro de Andrea, con la espalda relajada apoyada en el asiento, mostraba también esa mejoría inmediata. Estado de ánimo que observó la azafata en nosotros dos de un vistazo tal como hacen los médicos. Se aseguró preguntándonos, y le dimos las gracias por el cambio técnico de la maniobra de descenso tal como nos explicó.

Llegamos a Quito a las 15h. del mismo día 2 de mayo del 2007. Había una hora u hora y media hasta Guayaquil. Era una escala técnica para cambiar de avión. Saldríamos sobre las 16.30h. aproximadamente.

El aeropuerto Mariscal Sucre recibe todos los vuelos nacionales e internacionales que llegan a la capital; situado a 10 km. al norte del centro.

Paseando por el pequeño recinto del aeropuerto, destinado a los pasajeros en tránsito, asomé mi cabeza por unas ventanas que permitían observar el exterior y vi una avenida, en pendiente, con coches circulando, y edificios de pisos.

En un reportaje de la revista GEO, de agosto de 1989, el corresponsal de la agencia EFE, Manuel Cabrera, señalaba que “los nuevos barrios de la capital han dejado al aeropuerto dentro de la ciudad, consecuencia de la prosperidad de los años setenta, con el descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo y gas natural”.

Hoy día, las guías de viaje, y la propia web de turismo de la ciudad, la dividen en 3 sectores:

Quito Norte: bancos, comercios, oficinas y barrios residenciales; con el aeropuerto y los principales parques de la ciudad; donde se halla una de sus principales avenidas, la Avenida Amazonas, plagada de tiendas, centros comerciales, restaurantes, puestos callejeros y hoteles. Zona de turismo en general.

Quito colonial: el centro histórico más grande y antiguo de toda Sudamérica. Trazado ortogonal sencillo y empinadas cuestas. Se extiende desde el parque de la Alameda hasta el montículo de la Virgen del Panecillo.

Quito Sur: desde la Virgen del Panecillo hasta la propia carretera Panamericana. Residencia de las clases populares y las indígenas; también industrias y fábricas”. Zona insegura y sin interés turístico en principio. (1)

Mi primer pie en Ecuador, sirvió, pues, para echar un vistazo breve y recortado a su capital, aunque yo desease llegar a Guayaquil cuanto antes. La temperatura exterior se apercibía fría, por lo que veía afuera; pensaba que Ecuador era un país tropical. La temperatura media anual en Quito es de 15ºC., oscilando entre los 7ºC. nocturnos y los 25ºC diurnos de promedio, pero yo lo ignoraba en su día.

Entretanto anduve por la terminal viendo algunas tiendas de souvenirs y me fijé en una que vendía unas camisetas, de fondo monocolor, con estampados de montañas y volcanes del Ecuador, el nombre que correspondía a cada uno de ellos y su altura.

La propia Quito, ciudad alargada – eso recalcan todos – de unos 80 km. de largo por 5 de ancho, metida en un valle entre dos cordilleras, está flanqueada por dos volcanes: los Pichinchas, el Guagua (niño en quichua) Pichincha, en la cordillera oriental, de 4.794 mts., activo, a 10 km. al oeste de Quito, y el Rucu (viejo en kichwa) Pichincha, de 4.675 mts., en la cordillera occidental, situado al norte a 7,5 km.(4)

Recuerdo los nombres de alguno de ellos en las camisetas: Tungurahua, Chimborazo, Cotopaxi, Cayambe, etc. De hecho, la mayoría de esos volcanes y montañas se hallan en la denominada “avenida de los volcanes”, referencia inaugurada por el viajero alemán del s. XIX, Alexander von Humboldt, y sus alturas son un motivo de visita para escaladores, montañeros, senderistas.

Las prendas de vestir encabezaban con el nombre de Ecuador, seguido de la estampa, y, a continuación, el nombre del volcán y su altura.

Tungurahua: volcán activo, 5.016 mts.

Sangay: volcán activo, 5.230 mts.

Cotopaxi: volcán activo, 5.897 mts.

Cotacachi: volcán apagado, 4.939 mts.

Carihuairazo: volcán apagado, 5.020 mts.

Iliniza (en realidad, son dos, norte y sur): volcán apagado, 5.263 mts.

Altar (Cápac-Urcu): volcán apagado, 5.319 mts.

Antisana: volcán apagado, 5.704 mts.

Cayambe: volcán apagado, 5.790 mts.

Chimborazo (la cima de Ecuador): volcán apagado, 6.310 mts.

Hubiese comprado alguna pero en ninguna aparecía el distintivo “Made in Ecuador” ni en las etiquetas ni en el exterior.

Si adquiría algo tenía que ser fabricado en el país; esa era una idea que me impuse antes de viajar; quería que todo el dinero que traía se gastase en Ecuador, sobre todo en productos ecuatorianos; como una manera personal de contribuir a su desarrollo. No soy de hacer regalos, y ya avisé a todo el mundo que no los haría, pero si veía algo interesante, pequeño de transportar, razonable de precio y hecho en Ecuador no dudaría en adquirirlo.

 Con los nombres de tantos volcanes y montañas me quedó claro que la república ecuatoriana, además de ser mundialmente conocida por las Islas Galápagos, exhibía una imagen de estado montañoso de cumbres altas; una atracción irresistible para el extranjero aficionado al montañismo.

Manu, dice mi tía Juana que embarcamos. Ya te lo he dicho.

Y se fue, no sin que antes le mostrara una sonrisa aprobatoria.

(1) GUÍA TOTAL – ECUADOR E ISLAS GALÁPAGOS  (Pilar Ortega y Esther Burgos; Ed. Anaya (3ª ed. marzo 2005)

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