Guayaquil no es Ecuador (2)


Juana era ecuatoriana, de unos 44 años cuando la conocí, de la portuaria ciudad de Guayaquil, y la madre de Adriana. Vino a España buscando trabajo, allá por mayo del año 2000, junto a su prima Graciela; luego se unirían su marido Ramón, y sus cuñados Marco y Klever el mismo año; su hermana Rolaida Azucena llegaría al año siguiente. Todos eran de Guayaquil city.
Con los años algunos pudieron reunirse con parte de sus hijos tramitando la reunificación familiar.
Habían cuidado de mi abuela por una paga mensual sin contrato; cuando murió yo continué la amistad con ellos. Inolvidable el fin de año del 2000 con una cena ecuatoriana, probando por primera vez el caldo de bola; y una posterior borrachera camino de la celebración en algún sitio público en Barcelona. Reconozco que no fui el mejor de los cicerones aquella noche.
Cuando Juana me entregó la invitación para ir a la boda de su hija hacía ya un tiempo que conocía los planes de casamiento. “Ahorre usted. Ya le tengo dicho desde ahora”.
“Claro. Haces bien en advertirme Juana”, le respondí. “Claaaro, pues”, respondió imitándome con voz guayaquileña. Es decir, no se fiaba de mí, y quería asegurarse que estaría en la boda de su hija, y para eso, hacía falta un buen pellizco de dinero del cual yo carecía. Ya nos conocíamos desde hacía unos cuantos años.
De hecho, conocí a Adriana y su novio, Raúl, en el 2005, cuando vinieron de visita a pedir la mano a los padres de la novia, en un acto público, con casi todos los familiares que se encontraban en Barcelona trabajando.
Con los trámites de regularización encauzados tras largas colas madrugadoras y nocturnas e infinidad de papeles, ya podían permitirse ir a Ecuador algún año, para ver a la familia, sin temor a que los funcionarios de aduanas les impidieran la entrada a España al regreso.
Juana es una mujer organizadora, jovial y con un espíritu de aventurera que me atrajo desde que la conocí. Fue idea suya elegir España descartando los Estados Unidos por peligroso aunque, de siempre, ha sido el país al que emigraba la mayoría de sus conciudadanos en los años anteriores; si bien tampoco era una emigración a gran escala como ocurriría a partir del año 2000 y sucesivos.
Por lo mismo era también una mujer puñetera y constante con los recordatorios, pero no era la única.
– ¿Ya tienes el pasaporte?
– Hummm… Lo recojo esta tarde Marco.
– Tienes que ser pilas. La agencia de viajes espera mañana el documento para visarlo con los billetes de avión.
– Vale, vale. Paso por tu casa esta noche, nen.
A Marco le debo la mayor resaca de mi vida: 2 días y medio con un espantoso dolor de cabeza. 17 medianas de cerveza Estrella trasegadas non stop un domigo por la mañana, desde las 10 hasta las 3 de la tarde, platicando tranquilamente y lanzando algún que otro exabrupto. Hasta que nos invitaron a irnos del restaurante uruguayo donde estábamos tomando.
Marco provenía del sur del país,  de la provincia de Loja, pero adoptó la ciudadanía guayaca al casarse con Rolaida y adquirir, con el tiempo y a base de palos, el estatus de sabido.
Sabido es esperar que te engañen y adelantarte al engaño engañando a su vez. Ni que decir tiene que no hay compasión con los errores. Guayaquil es una ciudad donde la pobreza es vista como una oportunidad para aprovecharse. Tienes que ser sabido.
Lástima que el guayaco no perciba que esa imagen no ofrece confianza alguna; preguntes a quien preguntes, si alguien monta un negocio procura no pagar impuestos: “allí nadie paga impuestos”, como me dijo una sra. ambateña refiriéndose a Ecuador; cuando hay accidentes de circulación los conductores se dan, sistemáticamente, a la fuga, incluso los de autobuses urbanos y provinciales. Es corriente leer este tipo de noticias en los periódicos.
Sabido es una ley de vida a la que el actual presidente Rafael Correa tilda de “cultura de la trampa”, en su crítica de la sociedad latinoamericana y el irrespeto a las instituciones estatales, la democracia y sus leyes, “un inexplicable deseo de romper las reglas de juego formalmente establecidas, donde el que lo hace más y de mejor forma no es el más sirvengüenza, sino tan solo el más ‘sabido’, con lo cual se destruye toda capacidad de organización”. (1)
Quizá nadie les dió, a muchos, la posibilidad de elegir. No en vano concluye Correa que “lograr un adecuado cambio cultural en un país es probablemente la contribución más importante a la democracia”.
En el caso de Marco la amistad se forjó a fuego lento. “Hermano lindo. Si tu supieras…”. Yo apreciaba sus historias: relatos, algunos inverosímiles pero igual, de idas y venidas por el Ecuador buscándose la vida vendiendo todo aquello que fuera vendible.
También las aventuras en España, algunas risibles, para conseguir trabajo, y la dureza del mismo ahorrando cada peseta y euro para enviar a su familia y devolver el dinero prestado obtenido gracias al finiquito de Ramón cuando lo despidieron de Filanbanco.
Su descarnada infancia en Huaquillas, con un padre alcoholizado y con la correa suelta, preso de cualquier ira sin motivo, le obligaron a huir de su casa de bien chiquito. Sin embargo, no guardaba rencor a su viejo; al contrario, perdonaba su actitud y lo que más recordaba eran aquellos momentos en que él lo tenía moviendo la manivela de la radiola, mientras bebía y cantaba canciones rockoleras con los amigos. Le encantaban esos días. Diosito lindo.
Marco me recordaba los deberes alguna que otra vez; se encargó de planificar la compra de los billetes de avión y gestionar toda la documentación inherente.
Gracias a ambos me preocupé con tiempo suficiente para ahorrar.
– ¿Cuánto dinero se necesita para el mes y pico que vamos a estar?
Tras pensárselo un rato me dijo: “Échale unos 2.000$”.
– Tanto. Ya el vuelo ida vuelta son 1.100€. Pensaba que era más barato tú país.
– Bueno, quizá te llegue con 1.500$ si tu pretensión es viajar por Ecuador.
Exacto. Mi idea era recorrer el país. Quién sabe cuando volvería a tener una oportunidad semejante; en cambio, ellos preferían pasar el tiempo en Guayaquil y resolver diversas gestiones administrativas y familiares. Además, los costes del viaje y la boda harían difícil asumir otros gastos.
Mientras iba postergando la gestión administrativo-legal, en la idea de que obtendría los documentos en cuestión de horas, cavilaba, ante todo, sobre el modo de obtener financiación para el vuelo y el alojamiento, comida, hoteles, excursiones, etc. Necesitaba otro trabajo.
– ¿Por dónde anda? ¿Ya tiene la plata para el viaje?
– Hemmm… No del todo. Me falta para el billete de avión.
– ¿Ya está chiro?
– ¿…? ¿Qué significa chiro?
– ¿Cómo dicen ustedes? Cuando alguien no tiene plata con que pagar…
– Ah. Estar sin blanca.
Esta última expresión procede de una moneda acuñada en el s. XIV, de plata y cobre; las devaluaciones sufridas con el tiempo obligaron a acuñarlas con más cobre que plata perdiendo su valor y color original. En cuanto a “estar chiro”, es un modismo que procede del quichua (kichwa) Chiru que significa pobre. (2)
Finalmente conseguí otro curro  de 15 días y saqué el dinero justo para el vuelo; me quedaban pocos meses para ahorrar lo suficiente una vez que comprobé que no llegaría ni a los 1.500$.
Casi me pillo los dedos apurando el tiempo; a pesar de todo, sus reproches fueron siempre cariñosos. Ni un mal gesto, ni una mala palabra: “Corra, corra. Dese prisa. Ya se parece usted a los ecuatorianos”.

 
 
 
(1) “De Banana Republic a la No República”, Rafael Correa Delgado, Ed. Debate (ed. digital sept. 2011)
(2) http://frankytecnology.blogspot.com.es/2008/01/modismos-hbridos-con-elementos-quichuas.html
http://3tris3tigres.blogspot.com.es/2007/02/el-origen-de-la-expresion-estar-sin.html
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