Autarquía (5)


La logística del viaje pasaba inapelablemente por el contenido que hubiere en la mochila. Con una capacidad de 30 litros era imprescindible que el contenido ocupara el menor espacio posible; sin sobrepasar los 10 kgs., de límite máximo como equipaje de mano, que imponían las normas de la companía aérea Iberia.
En las últimas semanas de abril atosigué a todos los amigos conocidos preguntándoles cuestiones viajeras como ropa adecuada, medicinas, fotografía; cualquier detalle útil.
Desafortunadamente no compré una guía de viajes de Ecuador por no encontrar ninguna edición actual en las librerias del centro (Casa del Libro; FNAC, etc.); las que tenían era del 2005 o anteriores. Entendí que no es un país turístico para los barceloneses.
Ya sin tiempo material me dispuse a ordenar la mochila teniendo in mente que la quería ligera para caminar horas; con unos 5 kg. de peso consideré que la espalda no se resentiría.
Respecto a las medicinas, y tras consultar por internet también, me quedaron claro lo medicamentos a llevar:
Un desinfectante; un repelente de insectos tropicales (Relec); un amortiguador de las picaduras de mosquitos (After-Bite); un antidiarreico (Fortasec), analgésicos antiinflamatorios (Enantium) y un relajante muscular benzodiazepínico (Diazepan) en caso de contracturas y caídas.
También compré una cámara fotográfica digital de bolsillo siendo un quebradero de cabeza elegir la adecuada. Quedaban 3 días para irme y era cuasi lo más importante como lo atestiguan las más de 11.000 fotos que hice las cuales sirven, ahora, para documentarme. Algo más de 10 GB de datos en imágenes.
El gran problema que tendría en Ecuador sería dónde almacenar los archivos digitales de las fotos. En principio Adriana tenía un computador con espacio de sobras en el disco duro. La cuestión era cuando estuviese viajando solo por el país. El almacenamiento virtual no era una alternativa: ni idea del ancho de banda en Ecuador. La única opción razonable: tarjetas de memoria flash SD. Un formato estándar de facto entre los fabricantes y en muchos países. Supuse que en Ecuador no tendría problemas para localizar tiendas con estas tarjetas.
Por otro lado, la cámara fotográfica debía cumplir unos requisitos técnicos: aceptar formatos de tarjetas SDHC (contadas cámaras admitían este formato de capacidad superior, 4GB, en el 2007) y tener visor óptico para ahorrar bateria a la hora de fotografiar.
La idea era aprovechar la máxima en fotografía de que sólo 1 de cada 10 fotos es interesante. Cuántas más fotos hiciera más posibilidades. Compré una segunda batería para no quedarme colgado en ninguna ocasión.
Finalmente la elegida fue la Canon Ixus 70 de aspecto robusto idónea para resistir los golpes que preveía le iban a suceder.
Otro detalle a tener en cuenta eran los elementos de aseo personal: champúes, desodorantes, crema solar, etc. Ningún frasco ni envase podía superar los 100 ml. con la nueva y estricta reglamentación para viajar en vuelos comerciales. En Aena eran clarísimos: lo que supérase esa medida se rechazaría.
En total me había gastado casi 800€ en todo el equipamiento técnico, farmacológico y aseo personal. Tuve que tirar de tarjeta de crédito, pues el metálico lo reservaba para Ecuador. Me recomendaron un par de bancos con sucursales y cajeros en todo el país, para sacar dinero, pero no estaba seguro de si podría disponer de metálico en un momento de apuro. Como he dicho era bastante ignorante y consideraba al país en un atraso que, quizá, no le hacía justicia, pero, una vez allí, tendría que valerme por mí mismo con lo que tuviese a mano. No podía arriesgarme a quedarme tirado en ningún sitio.
Como me decía un amigo de la calle hace años: “Imagina la peor de todas las situaciones malas porque esa es la que ocurrirá”.
Intenté obtener un seguro médico siéndome imposible por la premura de tiempo. De todas maneras Ecuador no era Europa donde una Europe Assistance cubre estos países por un precio módico. Si cubría Ecuador era dudoso y, de hacerlo, el precio quizá sería astronómico. Actualmente (agosto 2012) Europe Assistance tiene cobertura en Ecuador y su seguro de viaje tiene unos precios que varían entre 78€, el básico, hasta 312€. Es recomendación absoluta tenerlo, porque los principales centros médicos están en Quito y Guayaquil y son privados; todo el mundo recomendaba ir allí en caso de accidente: amigos y alguna guía consultada.
Viajé, pues, sin seguro médico, con la esperanza de que no me pasaría nada.
También adquirí una linterna sujetable a la cabeza por una correa; un pequeño espejo por si tenía que mirar partes del cuerpo que no alcanzase mi vista (una picadura de un animal en el perineo por ejemplo); esta recomendación efectuada por una chica, igual que el antidiarreico. Están en todo; compré también una cuerda elástica para practicar algo de ejercicio.
En cuanto a la ropa la dejé para el último día sabiendo que no llevaría más que dos pantalones, y uno de ellos puesto; 7 camisetas, ropa interior para 7 días, un neceser y botas de media montaña que llevaría calzadas. En Guayaquil ya compraría ropa y calzado más cómodo si hiciera falta. Me habían hablado de Bahía, un enorme centro comercial con varios cientos de puestos al aire libre vendiendo casi de todo; además no faltarían tiendas por otras zonas de la ciudad.
A finales de marzo del 2007 acudí al centro de vacunaciones internacionales de Drassanes (Unitat de Malalties Tropicals i Salut Internacional) y me vacuné de hepatitis A y fiebre tifoidea; seguí las recomendaciones gubernamentales del sitio web de la Generalitat de Catalunya (www.gencat.cat) pese a que mis amigos no lo consideraron necesario y otros sitios web de sanidad tampoco.
¡35€ me costó vacunarme! Un viajero cosmopolita se sonreirá, seguro, pero el precio no es barato precisamente. Me olvidaba que viajar es caro.
El médico aconsejó no poner la de fiebre amarilla si mi permanencia, en la zona selvática, iba a ser inferior a un mes. Hablando con él, me enteré de que había estado en Ecuador, en viaje profesional, en una campaña solidaria de ayuda médica, por la zona del oriente ecuatoriano. Al preguntarle que echó en falta durante sus días allí, señaló el tener vehículo propio para poder detenerse donde le apeteciera y disfrutar de la vista el tiempo que quisiera. Viajar en autocares y buses colectivos no permitía ese placer.
Ahora puedo escribir, justificadamente, cuánta razón tenía. En un país con trece microclimas distintos, con decenas de parques naturales y monumentos y ciudades dignas de una visita; si uno deseaba recorre Ecuador a su aire, el transporte público y las carreteras no facilitaban un acceso fácil cuando no era directamente imposible. Una excelente opción para recorrer el país, el año de mi visita, era un coche 4×4, aunque no era, por fortuna, la única.
Tras ponerme las pilas había resuelto la mayoría de los problemas logísticos a falta de empaquetar la mochila.
Tenía el dinero justo para pasar un mes y una semana en Ecuador, 900€, al cambio 1189$ con el euro a 1,33$, dejando un remanente en mi cuenta corriente de 300€ y el uso de la tarjeta de crédito donde quedaban otros 400€ de saldo final. En caso de emergencia contaba con estos fondos.
Estaba convencido, tras alguna vana esperanza, de que esta vez sí me iría. Después de siete años por fin visitaría Ecuador.
No había ningún problema inmediato en perspectiva salvo que se estréllase el avión, y eso era un posibilidad ínfima que ni siquiera contemplaba.
Salida de Barcelona: 2 de mayo. Todo despejado.

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